Compartimos a continuación las tres versiones que conocemos de "'Itaca" del poeta griego Cavafy.
Francisco Rivera, trad. (1978/1992). Cavafy: Cien poemas. Caracas. Monte Ăvila,
Miguel Castillo Didier, trad. (1981/1991). Poetas griegos del siglo XX. Caracas: Monte Ăvila.
Pedro BĂĄrcenas de la Peña. (1982/1991). C. P. Cavafis: PoesĂa completa. Madrid: Alianza.
Cuando emprendas el viaje hacia Itaca,
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los CĂclopes
o al fiero PoseidĂłn, nunca temas.
No encontrarĂĄs tales seres en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la emociĂłn que te toca el espĂritu y el cuepo.
Ni a los Lestrigones, ni a los CĂclopes,
ni al feroz PoseidĂłn has de encontrar,
si no los llevas dentro del corazĂłn,
si no los pone anti ti tu corazĂłn.
 Ruega que sea largo el camino.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que -ÂĄcon quĂ© placer, con qu/e alegrĂa!-
entres en puertos antes nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finas mercancĂas,
madreperla y coral, åmbar y ébano,
y voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para que aprendas y aprendas de los sabios.
 Siempre en la mente has de tener a Itaca.
Llegar allĂĄ es tu destino.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas ganado e el camino,
sin esperar que Itaca te dé riquezas.
 Itaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrĂas emprendido el camino.
No tiene otras cosas que darte ya.
 Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.
Sabio como te has vuelto, con tantas experiencias,
habrĂĄs comprendido lo que significan las Itacas.
Cuando hacia Itaca salgas en el viaje,
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los CĂclopes,
al irritado PoseidĂłn no temas,
tales cosas en tu ruta no hallarĂĄs
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una sublime
emociĂłn tu espĂritu y tu cuerpo te embarga.
A los Lestrigones y a los CĂclopes,
y al feroz PoseidĂłn no encontrarĂĄs,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
 Desea que el camino sea largo
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuĂĄnta dicha, con cuĂĄnta alegrĂa
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados Fenicios,
y adquiere las bellas mercancĂas,
åmbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
 Siempre en tu pensamiento ten a Itaca.
Llegar hasta allĂ es tu meta.
Pero no apures el viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya que ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Itaca.
 Itaca te dio la bella travesĂa.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
 Y si pobre la encuentras, Itaca no te ha engañado.
Sabio asĂ como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrås comprendido las Itacas qué es los que significan.
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cĂclopes,
ni al colérico Posidón,
seres tales jamĂĄs hallarĂĄs en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emociĂłn que toca tu espĂritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cĂclopes
ni al salvaje PosidĂłn encontrarĂĄs,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
 Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -ÂĄcon quĂ© placer y alegrĂa!-
a puertos antes nunca vistos.
 Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancĂas,
nåcar y coral, åmbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos mĂĄs abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
 Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada allĂ es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.
 Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrĂas emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
 Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
AsĂ, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderås ya qué significan las Itacas.