Carta virtual.
Debo ser la mayor estúpida del planeta por haber caído de nuevo contigo. En lo mismo. Lo mismo, lo mismo. Siempre lo mismo. Incluso las mismas mentiras, los mismos tratos, la misma "depresión" de siempre, tus mismos pretextos, las mismas tipas de siempre: feas, de preparatoria y básicas. Tú siempre harás esto y seras esto, así que, probablemente, lo similar siempre sí se atrae. Eso da igual. No estoy tan enfadada contigo por la acción sino por tu actitud, por tu falta de huevos para afrontar las cosas. Ni siquiera puedo tener la certeza de que me buscas por que siempre te dejo que regreses. Ni siquiera puedo tener la certeza de que fuiste un pendejo y ya. No tengo ninguna certeza porque tú no te agarras los huevos para admitirlo, para decirme la verdad si es que todo era una mentira: el «te quiero», el «estoy enamorado de ti», el «quiero que seas la única», el «quiero que seas la futura madre de mis hijos», el «vamos a vivir juntos» y todas esas cosas que dijiste esa noche y que yo decidí creer porque, por una vez, la tercera, las cosas iban a ser diferentes. O quizás querías gastarte ésta, nuestra última oportunidad. Pero de todo, ¿sabes? Lo que realmente me enfada es tu falta de ética, tu falta de lógica: el hecho de que seas un verdadero pendejo realmente me enferma. Voy a explicarte un poco cómo están las cosas aquí: tú jugaste conmigo (me mentiste, me engañaste, me hiciste a un lado y pusiste tus drogas antes) y tu deber, tu obligación, lo mínimo que puedes hacer es soportar que te diga todo esto, que te diga todo lo que te tengo que decir, que te diga mil y un veces que eres un pendejo porque te faltan los huevos para darme alguna otra explicación. Tú tienes que soportar esto. Porque, ¿sabes qué? Tú lo provocaste. Y ahora tienes que afrontar las consecuencias. Ahora. No en tres meses que, cínicamente, quieras volver una vez más. No quiero. No quiero saber de ti jamás.No quiero volver a saber de ti en mi vida. No quiero que vuelva otro maldito viernes en que abandone a todas mis amigas por hacer un tiempo para ti, para darte "tu lugar." Un viernes, como siempre, para arreglar las cosas por la tarde y que en la noche salgas con tus amigos y me vuelvas a ver la cara, que tú vengas por mí a mi casa con flores y quieras compensar tus errores y como me fallaste, hijo de la chingada. Donde tuve la mejor cita de mi vida y, sin embargo, ahora la siento tan falsa. Como todo de ti. ¿Ves por qué no puedo creerte? Tú usas las palabras altisonantes más dolorosas, tú me dices que estoy paranoica, que me tranquilice… ¿quién coño eres tú para decirme si estoy tranquila o si no? Tú provocaste todo esto, esta furia, todo este enojo y coraje que tengo dentro son única y exclusivamente gracias a ti y la impotencia que tengo de que no puedas ser un hombre y admitir las cosas, para cerrar esto y mandarnos de una vez por todas a la chingada, de donde al menos yo sé que volveré. Algún día. Algún día me cansaré de seguirlo arruinando todo. Y tan solo me va a dar una rabia inmensa al recordar que sigue existiendo gente como tú, gente que se lleve los sentimientos de los demás entre las piernas como si no significara nada. Por eso escribí esto. Porque si hay más hombres como tú, si toda mujer tiene a alguien como tú en su vida, quiero que no vuelva a buscarla. Quiero que ellas no tengan que pasar y mucho menos sufrir todo lo que yo pase y sufrí a tu lado. Y si lo hace, que al menos tenga los huevos para escucharla decirle todo esto que se merece a la cara y no en una carta viral.










