“Como los lirios venenosos de las ciĂ©nagas”Â
 No es muy normal ese amigx que se enamora de un pequeño ser maligno, perverso y jorobado (del alma)... como lo hizo Miss Amelia del primo Lymon.
 Pero el amor, dice Carson McCullers en La Balada del cafĂ© triste, aunque es una experiencia comĂşn a dos personas, no siempre se vive de la misma manera.Â
 «Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estĂmulo para el amor acumulado durante años en el corazĂłn del amante. No hay amante que no se dĂ© cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazĂłn del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. [...]Â
 Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estĂmulo para el amor. [...] El amado podrá ser un traidor, un imbĂ©cil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mĂnimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciĂ©nagas. Un hombre bueno puede despertar una pasiĂłn violenta y baja, y en algĂşn corazĂłn puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sĂłlo el amante quien determina la valĂa y la cualidad de todo amor.» Â
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