Era un conventillo y no una casa. HabĂa un italiano, dos viejas, y un negro y su mujer que se peleaban por la noche pero despuĂ©s tocaban la guitarra y cantaban. El negro tenĂa unos ojos colorados, como una boca mojada. Yo les tenĂa un poco de asco, preferĂa jugar en la calle.
CapĂtulo 15, Rayuela. Julio Cortázar.












