Día 365
Bien dicen que el tiempo vuela y que una vez perdido, nunca se encuentra. Y he podido confirmar esto con tu partida, porque sin pensarlo, hoy se cumple un año. Un año de no abrazarte, de no darte besos en la mejilla, de no reír contigo y sobre todo, de no verte.
Este año estuvo lleno de incertidumbre, miedo y tristeza. Y como en todo, el inicio fue la etapa más difícil, porque no lograba asimilar que ya no estabas. A veces, mi mente me hacía creer que cuando volviera a tu casa, estarías ahí esperándome. Involuntariamente, también esperaba tu llamada diaria para que me contaras cómo iba tu día. Pero todo eso que esperaba, jamás ocurría. Y conforme los días y las semanas pasaban, me hacía a la idea de que jamás volvería a verte (o bueno, al menos no en este mundo).
Conforme transcurría el tiempo y la vida seguía su ritmo, yo me frustraba con el universo porque sentía que no me permitía vivir mi duelo. Todo a mi alrededor seguía su curso y yo tenía que cumplir con mis roles de estudiante, hija, hermana, amiga, prima y etcétera. Y era tanta la desesperación que sentía, que en ocasiones, solía reclamarle a la vida porque no podía detenerse por un momento y dejarme respirar. Le rogaba que me diera tiempo para asimilar los sentimientos que me provocaba tu partida. Pero a veces la vida no es justa y uno debe seguir aunque nuestros instintos nos digan lo contrario.
Las personas suelen decir que ''el tiempo lo cura todo'' y eso es muy cierto. Las primeras semanas, mi vida consistía en llorar diariamente y sentir un vacío enorme en mi corazón. Seis meses después, seguía doliendo pero ya había más días buenos. Y ahora, también sigue doliendo tu ausencia pero puedo decir que la mayoría de mis días ya no están llenos de tristeza. Y creo que te sentirías muy feliz de saber esto y de conocer a las personas que han estado para mí en este complicado proceso. De verdad que estoy muy agradecida con Dios porque pone a personas maravillosas en mi camino y sin sus palabras de aliento y sin su compañía, hubiera sido más difícil atravesar esta situación.
Abuelita, sé que aún no estoy completamente bien pero ahí la llevo. Y sé que aunque me falta mucho camino que seguir, gracias a Dios no tengo que vivir este duelo solita. Sé también que habrá días donde tu recuerdo sea más tortuoso pero algún día me dejará de doler y me sentiré en paz, y sé que cuando llegué ese día podré decir que estoy bien. Podré decir que te extraño pero que ya no duele. Pero lo que nunca cambiará, es el amor que siento por ti, porque eso es algo que siempre permanecerá.
Te amo mi campamocha.













