Circunstancias desconocidas
Tenía la costumbre de pensar demasiado. Cuando las cosas se torcían era la única manera de averiguar que sentía exactamente. Debía saberlo para saber cómo actuar o, más bien dicho, saber cómo superarlo sin necesidad de cambiar nada. Los cambios la asustaban, más que el hecho de ser infeliz. La inseguridad que le daban circunstancias desconocidas la superaba, la anulaban y la bloqueaban.
Era sencillo escuchar a los demás dándole discursos sobre lo que debía hacer. Las cosas se ven tan distintas desde una perspectiva exterior. ¿Por qué no podía distanciarse? Que pregunta más estúpida. Los demás hablan pero no sienten las consecuencias de esas decisiones que recomiendan con tanta seguridad.
Los días pasaban, también las semanas, los meses, y nadie notaba nada. La gente no se para a considerar sí todo va realmente bien en la vida de los demás o no. Las complicaciones en las vidas ajenas de aquellos que nos rodean tan solo pueden llegar a ser un tema de conversación. Algo sobre lo que debatir. Arreglemos el mundo, tú mundo con una taza de café caliente. Arreglémoslo. Pero si pasadas estas dos horas sigues con la sensación de no haber solucionado nada, da media vuelta sobre tus propios pies, abre la puerta de casa, siéntate en el sofá y piensa por ti mismo que es lo que está pasando.
Alguna vez he escuchado, no recuerdo dónde, que nadie va a solucionar tus problemas por ti y aquí estoy. Redactando estas líneas como si fuesen a fusionarse y de repente empezaran a formar palabras que me dieran una respuesta de cómo actuar.
Pero, ¿Adivinas?, llevo cinco minutos mirando la pantalla y aún no ha sucedido nada.
Puede que quizá no deba hacer nada, puede que todo empiece a tomar forma solo. A veces ocurre ¿no? Ya no se ni que digo.