Dos almas en busca de un solo objetivo.
Ella, tan frágil, tan dulce, a veces le llegaba a confundir con una bella muñeca de porcelana. Los botones oro eran sus preferidos, siempre me dio curiosidad el porqué.
Él, resentido con su Dios, ¿Qué fue lo hizo esa deidad? Más bien ¿Qué no hizo? La lavanda le causa tranquilidad, pues en ella se esconde un recuerdo, un deseo, un pesar.
Ambos, encerrados en el mismo lugar, en el mismo infierno.
Son las caras opuestas de una misma moneda.
Ambos lograron escapar, de diferentes formas.
La libertad, fue su trofeo...
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Próximamente...















