Playing Everhood for the second time let's goooo
I wanna make fanart of all lil stills like this one!!!! And also of my favourite characters uwu!
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Reencuentros (@Wren)
@slxzer​ // Maeve
*SĂ© de sobra que estoy controlando al personaje de @slxzer​ en algunos momentos de este rol, pero que conste que todo está hablado con antelaciĂłn y cuento con su permiso para hacerlo (aunque sin Ă©l lo habrĂa hecho de todas formas (?))
La joven corrĂa a travĂ©s de la abarrotada calle, atropellando gente a su paso. Llevaba un pequeño puñado de hojas en la mano, las acababa de comprar. El problema es que si no las añadĂa rápidamente a la pociĂłn que estaba preparando, probablemente tendrĂa que empezar de nuevo. Además, no podĂa dejar la tienda cerrada mucho tiempo (el cartelito de “vuelvo en cinco minutos” tenĂa algo de cachĂ©, pero Maeve no podĂa permitirse perder dinero).
Apenas sin aliento, llegĂł. TodavĂa jadeaba un poco. De repente, una lechuza parda se le posĂł en el hombro, y la bruja soltĂł todas las hojas que llevaba en la mano. Pero no fue por el pájaro. Su amigo de la infancia, Wren Baker, estaba justo enfrente de ella. Sin saber muy bien por quĂ©, entrĂł directamente a la tienda, sin dirigirle palabra (y de paso, retirĂł el cartel que habĂa puesto el la puerta). DejĂł el ave sobre el mostrador, ululaba y le daba pequeños picotazos a la fĂ©mina. Algo molesta, Maeve le retirĂł la carta que llevaba, y la lechuza se fue volando junto a su dueño, que acababa de entrar a la tienda. Justo antes de poder decir nada, vislumbrĂł una persona a travĂ©s del escaparate. ReconocĂa de sobra al hombre que habĂa pasado por la tienda el dĂa anterior, y parecĂa algo enfadado. La peliazul suspirĂł. «¿Otra vez?» -PensĂł.
SĂşbitamente, el aspecto de la joven cambiĂł. La joven se hizo más esbelta, y su largo pelo azul profundo dejĂł lugar a un corto cabello anaranjado. Sus ojos marrones tornaron azules, y su cara se llenĂł de pequeñas pecas. Lo que antes fue la dueña de la tienda, ahora parecĂa ser una chica unos años más joven e indudablemente menos siniestra. Le dio la vuelta al collar que llevaba, llevando la serpiente dorada hacia su espalda, por lo que solo podĂa apreciar la cadena. Le hizo un pequeño gesto al castaño, indicándole que mantuviera silencio. SonriĂł malĂ©volamente.
El hombre entrĂł. Era alto, barbudo y castaño. SĂ, al verlo de cerca pudo confirmar que estaba enfadado.
—¿Está la dueña?—Preguntó, alzando innecesariamente la voz. No se fijó en Wren.
—N-no, salió hace un rato. ¿Ocurre algo?—Dijo la pelirroja con una extraña (y obviamente fingida) nota de timidez en su voz.
—Compré ayer mismo esto—depositó sobre el mostrador un pequeño botecito vació, cuya etiqueta rezaba “Felix Felicis”—, y no funcionó. ¡Exijo una devolución!—Exclamó, dando un leve puñetazo a la superficie de madera.
ParecĂa que la fĂ©mina estaba a punto de llorar.
—¿D-de veras? ¡Ya es la cuarta vez esta semana que viene alguien a quejarse por las pociones que preparĂ© yo! S-supongo que todos llevaban razĂłn, por supuesto que Lilith no se merecĂa estar en Ravenclaw—comentĂł a una velocidad impresionante, y algunas lágrimas cristalinas comenzaron a surcar su rostro—... Seguro que esta vez Maeve me despide, me dijo que no iba a permitir ni un solo error más... ÂżAhora quĂ© voy a hacer? No debĂ haber aceptado este trabajo, sabĂa de sobra que yo no valĂa para esto... Yo no valgo para nada...—Dijo con una desgarradora tristeza. Se limpiaba la cara con la manga de la tĂşnica continuamente, rĂos de lágrimas recorrĂan sus pálidas y pecosas mejillas.
El contrario parecĂa increĂblemente sorprendido por la reacciĂłn de “Lilith”. Su expresiĂłn cambiĂł drásticamente, ahora parecĂa estar algo preocupado.
—No pasa nada—no sabĂa muy bien quĂ© decir, y su tono inseguro lo reflejaba perfectamente—, seguro que todas las pociones que prepares a partir de ahora te saldrán mucho mejor—pero nada, la bruja seguĂa llorando desconsoladamente—. ÂżSabes? Creo que no estaba tan mal—mirĂł fugazmente la botellita de cristal que reposaba en el mostrador—, me llevarĂ© otra. ÂżVale? Estoy seguro de que esta será mucho mejor.—Dijo, agarrando un frasquito de una de las estanterĂas y dejando un par de monedas encima de la mesa.
A pesar de todo, la pelirroja seguĂa llorando. Algo incĂłmodo, el mago musitĂł algo que pareciĂł un “adiĂłs” (aunque sonĂł más como un “agsjgosos”) y saliĂł de la tienda, extremadamente incĂłmodo. En cuanto cruzĂł la puerta, el aspecto de Maeve volviĂł a la normalidad, y guardĂł las monedas en la caja registradora. AgarrĂł la carta, que todavĂa seguĂa ahĂ, y la lanzĂł hacia los pies de Wren.
—¿No crees que ya es un poco tarde para esto?