EL DESTINO SABE A POLLO
Cuando le preguntaba a los adultos a quĂ© podĂa saber algĂșn animal exĂłtico como armadillo, iguana, conejo o  cocodrilo, siempre le respondĂan lo mismo: que sabĂa a pollo. Su papĂĄ una vez le contĂł que habĂa probado iguana en algĂșn restaurante cuando era niño, ya que habĂa crecido en Acapulco. Ni las iguanas ni Acapulco existen, los dos se extinguieron hace mucho tiempo, ella habĂa tenido una iguana de niña tambiĂ©n, por muy poco tiempo, se la habĂan comido sus perros. Le decĂa Lizzy, era su apodo, su nombre completo era Elizabeth Taylor, ya que su padre le habĂa dicho que Richard Burton era un verdadero fanĂĄtico de las iguanas. La iguana olĂa muy feo, comĂa puros tomates, lo que escandalizaba mucho a su madre, ya que los tomates eran un alimento de lujo.  Le daba tomates porque se acordaba de las iguanas que alguna vez habĂa visto en Manzanillo sobre las rocas. Esas iguanas eran mil veces mĂĄs grandes, se tragaban los tomates como si fueran pedazos de pollo. Su abuela la habĂa llevado muchas veces, le daban un poco de miedo, parecĂa que podrĂan comerse algĂșn niño entero. Le recordaban mucho al dragĂłn de komodo, otra especie temible ya extinta. Su papĂĄ le habĂa enseñado fotos viejas de cuando existĂan. El Ășltimo de ellos habĂa sido cazado en Indonesia hace muchos años, un macho joven que fue comido por otro depredador, debido a la desesperaciĂłn de la fauna de aquella reserva al estar en un peligro constante por el hombre. Los dragones de komodo eran canĂbales, se comĂan los unos a los otros como si fueran pollo frito del KentuckyÂŽs Fried Chicken. La foto que le habĂa enseñado su papĂĄ de un dragĂłn de komodo, fue cuando hojeaba una revista de su mamĂĄ, la cual no habĂa podido sobrevivir a la radiactividad. El artĂculo hablaba con detalle acerca de cĂłmo uno de estos dragones habĂa atacado a la famosa actriz hollywoodense Sharon Stone y se habĂa comido su pie como si fuera un pedazo de suculento pollo rostizado.  Elizabeth Taylor no tenĂa nada que ver con estos temibles lagartos, era demasiado pequeña y aburrida como para atentar en contra de Sharon Stone.
âEn el departamento que usted comprarĂĄ habrĂĄ muchos muebles, la mayorĂa de no mĂĄs de 23 años, esbeltos, rubios y carnosos. Usted podrĂĄ disponer de ellos como sea, podrĂĄ penetrarlas o comĂ©rselas ÂĄSon realmente suculentas! La mayorĂa de nuestros clientes aseguran que saben a polloâ
Soñaba en cĂłmo sabrĂa el pollo, nunca lo habĂa probado, pero todos los mayores decĂan que esas galletitas sabĂan a pollo, es mĂĄs, las de color verdoso se asemejaban al pollo frito. A veces se imaginaba que se estaba comiendo un pedazo de suculenta iguana, en Acapulco, se imaginaba que esa textura frita era la piel de un enorme y jugoso lagarto playero.
SabĂa que iba a crecer y que no iba a volver a su padre. SabĂa que se la iban a llevar con las demĂĄs, sabĂa que iba a volverse como ellas, como se habĂa vuelto su propia madre,  de la cual casi no se acordaba. SĂłlo se acordaba de las esporĂĄdicas visitas que le habĂa hecho en el albergue, su piel y su aliento despedĂan un rocĂo verde casi imperceptible, pero que a ella siempre le habĂa parecido asqueroso. La carne de su propia madre le parecĂa detestable, con ese color a tizne de alga. Sus pezones casi del mismo color se transparentaban a travĂ©s de la delgada camiseta blanca, lo Ășnico que les dejaban usar a las mujeres despuĂ©s de la radiaciĂłn. Por mĂĄs que intentaba evocar imĂĄgenes mĂĄs agradables, sĂłlo podĂa pensar en algas de mar, las cuales sĂłlo conocĂa por las anĂ©cdotas de su padre.
VolviĂł a comerse otra de las galletas con la esperanza que el recuerdo del plancton materno desapareciera.
La sacĂł del paquete, eran muy difĂciles de sacar, aunque la envoltura tenĂa todas las advertencias y facilidades para poderse abrir, su papĂĄ bromeaba diciendo que eran galletas hechas de la clase media y que no tardarĂan en desaparecer.
La carne humana sabe a pollo.
âEste vĂdeo fue traĂdo a ustedes por una mujer roja y una amarilla. Las dos, con alto concentrado vegetal, presentando su mĂĄs novedoso proyecto: ÂĄEs verde, es el alimento milagroso con alto contenido calĂłrico hecho de plancton, producto de los ocĂ©anos del mundo!â
Su piel se hacĂa cada vez mĂĄs blanca, se le veĂan las venas verdes cada vez mĂĄs, y se olĂa el aliento cada cinco minutos, sabĂa que se la iban a llevar pronto, ya que la carne se le estaba haciendo como la de su mamĂĄ. Los amigos de su papĂĄ en las reuniones le decĂan que cada vez estaba mĂĄs bonita y a ella le aterraba pensar que podrĂa acabar como un burĂł o un secreter de esos de caoba que a los hombres tanto le gustaban. No podĂa dormir pensando en las asquerosas caras de esos señores, mirĂĄndola como si fuera una silla o una lĂĄmpara. En esas largas noches de insomnio, la atacaba un hambre insoportable. Intentaba pensar en cĂłmo veĂa a esas deliciosas y verdosas iguanas en Manzanillo, bajaba a la alacena e intentaba apaciguar el hambre con las galletas, su Ășnico alimento, pero era una tarea titĂĄnica. Al final se quedaba dormida, exhausta de tanto luchar contra su propio organismo.
âCuando el destino nos alcanceâ vaya tĂtulo tan vulgar para unas galletas escuchaba decir a los muebles que estaban en las lujosas casas de los amigos de su padre.
Intentaba no quedarse dormida durante el dĂa, le aterraba que llegara la noche acompañada de una hambruna intolerable. Pero casi siempre se quedaba dormida por toda la casa, encima de los sillones, de las mesas y sobre la sucia alfombra de color marrĂłn. EmpezĂł a ponerse mĂĄs gorda, mĂĄs suculenta, y los amigos de su padre no dejaban de admirarla.
Una noche que caminĂł hacia la alacena a hurtadillas como acostumbraba, como un ninja con sobrepeso, que avanza torpe y ruidoso, hacĂa ese ritual de silencio obligatorio, aunque su padre nunca estuviera en las noches, asĂ que nadie podrĂa haberla escuchado. Se encaramĂł en la segunda repisa para poder tomar las asquerosas galletas, casi suelta un alarido cuando se dio cuenta que su mano no habĂa encontrado nada. A su padre se le habrĂa olvidado reabastecer, ya que la mayorĂa de las veces llegaba directo a recuperar las horas de sueño perdidas.
Se tirĂł en el piso frĂo, sintiendo el sufrimiento de sus tripas, una tibia luz del exterior le iluminaba las muñecas. ObservĂł como la verdosidad habĂa desaparecido, sus venas eran casi imperceptibles, habĂa adquirido un saludable color amarillento, sus muñecas se veĂan deliciosas. Se acercĂł y se oliĂł las manos, nunca las habĂa olido tan de cerca, olĂan a arena, le recordaban a su abuela en la playa. Siempre se le habĂa antojado comerse a su propia abuela, tan gorda, tan saludable, tan llena de memorias y buena comidaâŠ
ÂĄĂAM! Le dio una primera mordida a su antebrazo, dios que bien sabĂa, no podĂa creer lo delicioso que estaba. Tierno y jugoso. SiguiĂł mordiendo tranquilamente, disfrutando el banquete que los Ășltimos meses, las verdes galletas se habĂan encargado de alimentar ÂĄĂAM, ĂAM! BajĂł hacia su panza y encontrĂł la gloria, tenĂa una consistencia suave y blanca, no sentĂa ningĂșn dolor, su espectro de sufrimiento era superado ventajosamente por el inalcanzable placer que estaba sintiendo en ese momento. âAsĂ de deliciosa debĂa de saber la iguana que mi papĂĄ se comiĂł en Acapulcoâ pensaba embriagada en su propio Ă©xtasis culinario. Al final de algunas horas en las cuales ya habĂa terminado con su torso y con la seguridad de que su padre no llegarĂa hasta la mañana siguiente, se abalanzĂł a sus gordas rodillas y llegĂł a un clĂmax cuasi sexual, ninguna parte de su cuerpo sabĂa igual que esos pliegues grasosos. SiguiĂł comiendo vorazmente y miles de memorias pasaban rĂĄpidamente, al fin, podĂa recordar, empezĂł a recordar a su madre, en cĂłmo odiaba la alfombra y en cĂłmo la abrazaba cuando aĂșn no tenĂa la piel verde. EmpezĂł a sentirse mĂĄs dĂ©bil por la cuantiosa pĂ©rdida de sangre y los balazos de placer se iban extinguiendo poco a poco, sus espinillas no eran tan deliciosas, aunque la parte trasera de sus chamorros fue una sorpresa, era una piel mĂĄs dura de lo que se hubiera esperado. LlegĂł a los pies y era como chupar alitas de pollo barbecue al mĂĄs puro estilo americano el American way of life los mĂĄs viejos decĂan, ella nunca supo a quĂ© se referĂan ni dĂłnde era ese paradisĂaco lugar en donde se podĂan chupar los huesos de pollo hasta hartarse.
AmĂ©rica entonces debĂa de saber a pollo tambiĂ©n.
SĂ a eso, a pollo.
ââCuando el destino nos alcanceâ Vaya tĂtulo tan vulgar para un videoâ.
 Texto de Paloma Contreras para la pieza de Alejandro Palomino en Obstante.
                       âSOYLENTâ
Biquini Wax
29 de octubre 2016
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