Descent es un juego de mesa por el que siento un cariño absolutamente irracional. Mi mujer y yo le hemos dedicado innumerables horas, sobre todo en el modo campaña de Camino a la leyenda. Por eso, me resulta muy difícil describir la emoción que sentí ayer cuando, después de tanto sin salir de su caja, empecé a construir una nueva mazmorra para volver a jugar con ella y nuestro hijo de cinco años.















