la frustración universal, llamada sentimiento de falta de sentido, es comprensible tan solo en el contexto y bajo el horizonte de un modelo teórico motivacional según el cual el ser humano es un ser en busca de sentido, que quiere encontrar sentido en su existencia —y en cada situación concreta—. (…) La autotrascendencia de la existencia humana se basa en el hecho fundamental de que esta siempre se dirige más allá de sí misma hacia algo que no vuelve a ser ella misma, hacia algo o alguien, hacia una causa a la que servir, o hacia una persona a la que amar. Y tan solo en la medida en que el ser humano se trasciende de este modo, llega a autorrealizarse (…) la existencia humana está trastornada en la medida en que se centra en sí misma, en algo que está en sí misma, pegada a sí misma (…) el ser humano, si realmente quiere ser un ser humano, debe poder ignorarse.
Viktor Frankl, ¿Neurotización de la humanidad o rehumanización de la psicoterapia?

















