Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality✓ Free Actions
Free to watch • No registration required • HD streaming
@Medicengabriella: ¡Patria hay! ¡Patria hay! La harina pan se acabooooooooooooooooooo. ¿Dónde está la crema dental? Ah, pues ya. #Aeropuerto #thebitchisback
Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality✓ Free Actions
Free to watch • No registration required • HD streaming
Cierro los ojos, cuento mis pecados y lo asumo. Me estoy desangrando.
Participantes: Naara & Ina
Locación: Uff... Washington en general.
Marco de tiempo: Viernes por la tarde.
Comentarios: Nada, no se que poner.
Viajar, aquella palabra que solía encender una chispa en mi también lograba un efecto completamente opuesto, temor. Estadísticamente las rutas por tierra eran mas peligrosas que aquellas por aire pero aún así podía imaginarme mil situaciones de escape estando sobre cuatro ruedas que volando por las nubes. El aroma que me rodea lo puedo reconocer a la perfección, Washington, es un alivio estar de regreso y esta vez en compañía de mi madre. Su apariencia luce tan natural que es casi un milagro que las grandes ojeras bajo sus ojos azules desaparezcan y me sonríe, por primer vez siento que ese rayo de luz que me llega es honesto. Pienso en Grecia y mi semana allí, pienso en lo que se dijo y lo que nos callamos y siento que el tiempo en mis manos se vuelve eterno en este instante. He soñado tantas veces y ahora me niego a creer que esta situación no es real, me pellizco y gruño ante el ardor pero mi mundo alrededor no cambia entonces ¿no estoy soñando? Se la respuesta a mi pregunta pero no la respondo, mentalmente la ignoro así como cualquier otra que cuestione la situación. Una mirada curiosa recae sobre mi y creo que esta preocupada pero no estoy segura y es en ese momento en el que me doy cuenta que no la conozco demasiado, ella no me lo ha permitido pero ¿me alcanzaría el tiempo para conocerla un poco más? ¿Podría disfrutar de sus abrazos? ¿Acaso este pequeño sabor en mis labios es la muestra de eternidad? ¿El tiempo se detendrá? Quiero detenerlo y la emoción recorre mi cuerpo como si me estuviese bañando en chispas de energía y siento que nadie podría comprenderme en este momento. Al menos sin conocer gran parte de mi historia.
Soy la chica huérfana que siempre ha tenido una madre, ha vivido con ella y compartido comidas pero en realidad no existía una mamá, ni una hija. Eran dos desconocidas que construyeron sus caminos de manera paralela ¿y saben cual es el problema de las líneas paralelas? Nunca se cruzan, al menos que sean coincidentes. Llamar su atención no funcionó, me volví la niña que robaba por diversión y pecó. Pecado, la horrible palabra que ella tanto repudiaba fue lo único que cautivó su atención una vez pero todo se desvaneció. Entre la oscuridad y la interminable penumbra la volví a perder ¿tenía que volver a equivocarme para recibir unas palabras de afecto? Siempre intentando llamar la atención Naara, siempre reía cuando tenía que llorar y lloraba cuando tenía que reír. Una niña peculiar, solían definirme como la adorable sonrisa que únicamente guardaba maldad en su interior, pero eso ni siquiera logró una mirada de desprecio de su parte porque la indiferencia mataba y ahora, cuando mi mundo se derrumbaba entre el pánico y la culpa ella apareció sin ser llamada. Dispuesta a salvarme, dispuesta a cambiar el pasado y reconstruir un futuro solo para las dos.
Cuando mi mirada se encontró con la de ella en el pequeño porche, estaba entusiasmada y a la vez nerviosa. “La charla” prometía demasiado y podría terminar en un golpe más de decepción pero sin embargo yo era capaz de leer sus movimientos también y estaba nerviosa. Sus primeras palabras escaparon entrecortadas, tuve que esforzarme por entender lo que intentaba decirme y no se si al final escuché lo que en realidad estaba diciendo o lo que quería escuchar pero mi respuesta fue un abrazo. Un abrazo que se correspondió con la misma intensidad, y una lágrima en su mejilla quebró mi corazón porque esta vez era un sentimiento de emoción. No lloraba la pérdida de papá como solía hacerlo, lloraba un reencuentro y quizás había encontrado aquel pedazo de si misma que perdió hace tanto tiempo, o quizás nunca lo había perdido, simplemente se había negado a verlo. ¿Comenté cuales fueron sus palabras? Creo que es importante citarlas porque desde ese día las he citado una y otra vez en mi mente, hasta llegué escribirlas en mi diario en su lugar correspondiente, la penúltima pagina y es gracioso que solo me reste una. Lo tomé como una señal para volver a comenzar, desde ese día las cosas comenzaron a cambiar y como una mariposa era tiempo de evolucionar y en vez de pasar pagina debía cerrar el libro y comenzar uno nuevo. Aún así, no he tenido tiempo de adquirir uno nuevo ni de completar esa última pagina restante porque aunque contenido tengo de sobra, siento que el final debe ser especial. Pero volvamos a lo importante, la penúltima pagina:
"Sé que las marcas en tus mejillas son señal de que has estado llorando, sé que aunque ahora intentes borrar el rastro con tus palmas la cicatriz esta allí y tus ojos se llenarán de lágrimas que no soltarás por orgullo mientras tus labios comienzan a desfigurarse en un mohín. Sé tantas cosas de ti que probablemente ni siquiera sepas que las sabía, se que preferías jugar con la muñeca de cabellos oscuros porque te recordaba a mi. Sé que tu plato favorito era el desayuno a lo americano, huevos revueltos y también que amabas las trenzas principalmente si era yo quien las hacía. He estado tanto tiempo aterrada observando tus pasos en silencio, aterrada de lo mucho que te parecías a tu padre que jamás tuve el valor de ser madre. De dar atención, educación pero sobre todo cariño y aunque puedes odiarme, solo te pido una cosa, no tengo derecho de hacerlo y aún así me atrevo. No cuestiones mi amor, no cuestiones el amor de nadie ni el tuyo propio. No te culpes porque vales demasiado, te has equivocado y has manchado tus manos de sangre pero Naara ¿alguna vez te has preguntado que hubiese pasado si tu no estabas allí? Salvaste una vida y no mereces recordar ese momento como una criminal, quiero ayudarte ¿puedes perdonarme? ¿Estas dispuesta a enfrentar las cosas con valor y luchar para seguir adelante conmigo? Hija, me voy a Washington contigo si es necesario" - Ina Tsergas, La Charla.
Ahora la vuelvo a mirar como la miré aquel día y me sorprendo porque temía, temía que aquellas palabras fueran arrastradas por el viento, olvidadas pero sin embargo las grabó y no fue solo con su voz, también fueron sus acciones. Caminatas juntas, un helado compartido y una comida en compañía. No faltaron los abrazos ni las risas hasta podría decir lo mucho que sobraron las palabras en esos días, se decían de más como si necesitarán escapar tarde o temprano porque mañana sería demasiado tarde y quiero creer que por un segundo juntas construimos nuestro pequeño infinito. ¿A dónde íbamos a ir? Nos restaba unas horas antes de partir a conocer nuestro nuevo hogar, la casa que habíamos elegido y decorado a kilómetros de distancia pero así era la tecnología. Eficaz y sencilla y así eramos nosotras también, tan clásicas y similares al mismo tiempo. —¿Sabes un lugar al que nunca fuimos?— mi pregunta rebotó contra el mismo ambiente, mi mirada brillaba y ni siquiera esperó una respuesta de su parte porque sabía que yo hablaría antes —La juguetería, ya no soy una niña pero tienes que regalarme mi primer oso de peluche— pestañeé cual niña pequeña que acababa de pedir el regalo más esperado, y de cierta manera así era. Quería por primera vez verme rodeada en un sitio infantil con ella de la mano, reírnos de las Barbies y los juguetes que van evolucionando de acuerdo a la edad. Pensar “Ey, no sé porque pero cada uno de ellos te vendrían muy bien. Te imaginó jugando hasta con los que dicen para menores de tres años” y las carcajadas hasta que nos obligarán a callar. Mi sueño era tan simple pero en mi interior, perfecto.
Me sorprendo con la tranquilidad de Washington y no se cuando pero me doy cuenta lo mucho que extrañe estar de pie aquí, observando las calles, coches y hasta las personas que caminan despreocupadas. Cada rostro concentrado solo en lo que a ellos les interesa y nos hacemos invisibles, y desaparecemos para el mundo como ellos desaparecen para nosotros, pienso en tantas cosas como que quizás debería avisarle a alguien que ya estoy aquí pero siento que no esta bien. Algo en mi pecho se aprieta y aún no estoy aquí, aún no llegue a donde todos me esperan porque mi camino es más largo y complicado que esta simple calle, que aquel largo vuelo de ida y vuelta. El paisaje cambia, ya no hay un constante susurro a mi alrededor ahora se ha bañado por llantos y risas, caprichos y berrinches de los más pequeños ¿puedo unirme a ellos? Algunas vagas actuaciones e imitaciones pasan por mi mente cuando veo algo que me causa ternura, un pequeño cachorrito de felpa o aquel conejito de bufanda a rayas. ¿Podría hacerle un regalo? A ella y a cualquier persona que me importe porque en el fondo se que eso es lo que haría, terminaría comprando la tienda y enviando sobres con absurdas cartas porque nunca fui demasiado buena escribiendo y por eso aprovecho a decirle lo mucho que la quiero cada vez que puedo con mi voz, si algún día me la quitarán probablemente perdería lo más importante que tengo y es mi capacidad para expresarme. Mis pensamientos se van por calles oscuras pero al final vuelvo cuando su grito desgarra mi oído, siento que me han arrastrado de mis sueños y ahora me encuentro dentro de una pesadilla.
El cañón de un arma se vacía, otro es recargado y mi corazón comenzó a apretarse porque no puedo reaccionar, me ahogo y siento que comenzaré a ver sangre en cualquier momento. Esta escena se vuelve familiar, reacciono y sé que aún no he superado mi pánico, mis manos repletas de sangre ajena pero su grito esta ahí presente. En el fondo de una escena fantasiosa, la realidad golpea una y otra vez impaciente para entrar y no voy a responder ¿por qué mi cuerpo se ha paralizado? Me mentalizo, me intento tranquilizar y se que esta escena la he visto antes. El arma siendo apuntada a alguien inocente y mi cuerpo intentando cambiar el destino final de aquella trágica historia, es mi secreto, he protegido tanto tiempo lo que sucedió hace años atrás que no he tenido ni siquiera el valor de enfrentarme a mi propio basado. Suspiro, mi respiración desacelera y busco lo primero que mis manos encuentran porque es mi madre, no salvaré mi vida para entregar la de ella. Porque mi vida fue bañada de errores y pésimas decisiones, esta no sería una más. Era hora de enfrentar mis demonios, de enfrentarme a mi misma y me alegro que aquello que mis dedos abrazan es lo suficientemente pesado como arrojarlo contra aquel desquiciado. El impacto en su brazo lo obliga a soltar el arma, siento el metal chocar contra el suelo y no puedo pensar solo me aviento contra mi madre, protegiendo, apartando al mismo tiempo. La mirada ajena, maligna se posa en la mía y puedo leer mi destino en sus ojos porque cuando escucho la sirena circular en el exterior ya es demasiado tarde. El sonido de un disparo es lo único que soy capaz de captar, algo arde y quema sobre mi vientre pero no siento nada más. Mis manos se aferran a el sintiendo humedad, sangre, y las palabras esta vez no quieren salir porque no me quedan fuerzas. Mi cuerpo se debilita y cae, lo siento golpear contra el pecho de mi madre quien me retiene mientras los gritos ajenos se comienzan a desvanecer. Veo lagrimas en sus ojos, y le sonrío —No llores— las palabras escapan de mi, entre cortadas y apagadas. A veces la vida es así, un faro de luz con un destino demasiado marcado para quienes se desvían demasiado de su propio camino. Todos alguna vez en la vida tenemos un precio que pagar por lo que hemos cometido, y quizás para muchos sea injusto este castigo sin dar una segunda oportunidad ¿Acaso yo la di? No. —Esta bien— mis palabras cada vez se pierden más, la intensidad se desvanece y puedo ver la historia de mi vida correr en mis pensamientos. No hay nada que lamentar, nada que cambiar porque cada momento fue perfecto a su manera y porque al final todos pudimos aprender un poco más. Quizás no nací para ser querida, eso solía decir y probablemente me equivoque pero si nací para querer. Nadie podía cambiar aquello, porque aún cuando mi respiración comenzaba a volverse más escasa los sentimientos no se marchaban y se que sentí una lágrima fría bajar por mi mejilla, no era de dolor, era por ellos ¿cómo estarían mañana? Mi muerte los haría sentir más vivos ¿era aquí en donde moría? ¿La última pagina de mi diario la llenaría con una muerte heroica o idiota? —Promete que vivirás por mi, y no llorarás— el tragar saliva era una nueva misión que jamás me había dificultado tanto—no quiero eso, vales más que dos perdidas innecesarias— me mantengo a la expectativa, no se si mis palabras en realidad han salido en voz alta o las he pensado pero espero que sea capaz de comprenderme. No quiero sentirme culpable, no otra vez cuando la culpa finalmente me ha abandonado porque de una extraña manera puedo sentirme libre. A pesar que conocía a la perfección que es lo que venía después, hubo un instante, un extremo frío que no se comparaba a nada. Una leve luz que parpadeaba mientras los minutos continuaban fluyendo, nadie más pudo ver lo que yo vi al abandonarlo todo, no puedo llevar deseos y guardarlos en mi corazón porque aún entre la realidad y lo ideal me encuentro encadenada como victima en un sacrificio. Mentira, miedo, tristeza, dolor es mucha negatividad que ya no logro sentir. Porque en aquel lugar donde vi estrellas, ya no las puedo ver y la oscuridad me abraza una vez más. El mundo se apaga y mis sentidos también y me doy cuenta que el mañana es un preciado premio que no todos podemos obtener.