I've been like... slightly ArgUK-rotted for the past day or two lowkey
sigh the oc x canon train NEVER stops i swear
dont ask what argentina is saying btw its too long to type out there

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Context and I'm so funny with this:
Feeling kinda urkarg right now
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"Look who reached the finals" Arthur teases "I'm impressed you got so far after your terrible first game."
"That's in the past now Pirata! The road of victory is in my reach now" Martin gives him a toothy grin "In fact, I will be watching you closely, would love to have you in the final and repeat the feeling of glorious day"
"You mean the day you cheated your way out" Arthur huffs.
"Keep telling you that if it helps you sleep at night"
"I can't wait to see you lose you damn brat"
Martin leans closer to the british "Work hard on your match with France cariño. I will frame your defeated face in my wall, right next to Brazil's"
Este es mi regalo del santo secreto Latin Hetalia para TheHana17
Pareja: UkArg/ArgUk/ArthurxMartin/InglaterraxArgentina
—Tienes que cuidarte a ti mismo Río de la plata —advirtió con severidad el rubio inglés— no puedes confiar en nadie más que en ti mismo cuando estás en el mar. Una vez que te das la vuelta todos te odian y te atacaran.
Martín oía fascinado las historias que Arthur le relataba mientras bebían vino que el inglés guardaba en sus bodegas sentados en el suelo. Al principio él podía parecer algo serio, algo que nunca podrías alcanzar aun si lo intentabas pero cuando bebía se ponía más agradable y accesible, era así como él rioplatense podía sacarle sus viejas historias.
Martin bebió un poco del vino ofrecido e hizo una mueca, era muy amargo pero no quería rechazar la buena voluntad de su compañero y hacer que se fuera.
—¿Todos ellos? Francia me cayó bien la última vez que estuvo acá. Me regaló muchas cosas.
Martín se encogió de hombros y Arthur solto una risa seca antes de negar frunciendo un poco el ceño mientras hacía una mueca.
—That Frog...he's the worst than the others, don't trust him.
Arthur se levantó del suelo sacudiéndose la ropa y le hizo una seña a Martin con la cabeza
—vamos, levántate de ahí. Prometi enseñarte como manejar el timón para volver a puerto, ¿No es así?
Martin se levantó emocionado sacudiendo el polvo de su ropa antes de apurarse e ir tras él, siguiéndolo hasta el timón.
—¿Frog? Eso no es como...¿sapo? ¿rana?. —inquirió curioso— ¿Está bien que lo llames así? Pense que eran amigos
—Me and him? Ja! —se burló con gracia, como si hubiese sido una buena broma— ni en un millón de años, ademas, el me ha llamado por peores nombres
Martin decidió no volver a tocar el tema, temiendo cometer un error. Por un momento se había olvidado que él estaba en guerra con Francia, además de que estaba aun algo sensible porque sus 13 colonias se habían independizado de él. En su lugar volvió a insistir con las aventuras de ultramar del inglés, dejándose llevar por las historias y como Arthur gentilmente le corregía la posición de sus manos en el timón al manejarlo para volver a puerto.
Ingenuamente, Martin pensó que si fuera así para siempre todo estaría bien porque le encantaba su compañía y anhelaba cada día volver a verlo para pasar aunque sea unos minutos con él, pero de un momento a otro, sin que se percatara, se volvieron enemigos.
Las tropas inglesas invadieron Buenos Aires en un parpadeo, siendo dejados desprotegidos por un Virrey ausente y un ejército mal armado no les quedó otra opción más que rendirse. Aun así, no todo estaba perdido. Sebastián y su gente desde Montevideo le ayudaron a recuperar lo que era suyo en cuestión de pocos meses pero en todo ese tiempo nunca pudo ver a Arthur para preguntarle qué estaba pasando y porqué hacía todo esto.
Un año pasó y el clima era tenso, Liniers inició una organización de milicias urbanas para defender la ciudad ante la posibilidad de nuevos ataques y el aun no podía obtener respuestas ni de Arthur ni de Antonio, ambos lo habían dejado a su suerte, sin respuestas desesperandolo aún más. No sabia porque Arthur hacia lo que hacía y no sabia porque Antonio no les brindaba ayuda si se suponía que ellos eran importantes para él.
Cualquier cosa, se dijo Martin, cualquier noticia de alguno de ellos necesitaba para estar en paz. Saber dónde estaban para intentar hablar con ellos, pero la siguiente noticia que obtuvo de uno de ellos no fue buena.
Por medio de Sebastian, se enteró que ahora las tropas inglesas habían invadido Montevideo y que seguramente planeaban seguir hasta Buenos Aires otra vez. La voz se corrió rápidamente y enviaron tropas a Montevideo mientras se preparan para contraatacar, Martin no quiere creerlo, tal vez Arthur está siendo presionado por los reyes y no desea hacer todo esto. Es un deseo infantil e ingenuo que aún prevalece en su interior pero se extingue en el momento que se enfrenta cara a cara con Arthur en las calles bonaerenses, ambos con sus armas en mano.
—Arthur...por favor
La voz de Martin que por un momento pretendio ser firme tembló, y Arthur alzó su arma apuntándole. Al rioplatense se le hizo un nudo en el estómago al ver que el inglés no retrocederia, le dolió ver la mano que sostenía el gatillo quemada por, seguramente, el agua hirviendo que los vecinos arrojaban desde los balcones.
—i will not back down, you know it well
En ese momento donde ninguno apartaba la mirada del otro se sentía eterno, a pesar de los gritos y ruidos de disparos a su alrededor parecían estar solos ellos dos en ese callejón.
Con ambos apuntando sus armas el uno al otro, Martin entendió que ni él daría un paso atrás ni Arthur lo haría. El orgullo por defender su nación era tan grande como su terquedad. Al final, fue el inglés quien bajó su arma primero.
—I won't shoot you but don't get in my way
Arthur avanzó, pasando a su lado para seguir su camino pero se detuvo un momento para decirle algo por última vez.
—I told you not to trust anyone, including me —el inglés soltó un suspiró y siguió su camino— long live to the king, Rio de la Plata.
Apretó el arma en sus manos al oír como los pasos de Arthur se hacían cada vez más lejanos. Los casacas rojas nunca llegaron a la Plaza Mayor para tomar la ciudad, los patricios los esperaban en Santo Domingo y esa sería su perdición. Ellos ganarían, era todo lo que importaba en esos momentos, ya no importaba Arthur ni Antonio. Ellos lo habían dejado solo, y él estaba mejor así

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