Son las 22:55h del miércoles 30 de enero del 2013 y algo dentro de mí ha llamado a mi cabeza, “tok, tok…¿estás ahí?"...me pregunta.
Es como la llamada del alter ego que todos tenemos y que casi nunca escuchamos, la llamada de tu voz interior reclamando algo de atención y paciencia para que de una vez por todas te des cuenta como eres, que quieres, que buscas, que deseas, que anhelas o que has de hacer para, poco a poco, ir completándote como ser. No sólo de carne y hueso sino también de sentimientos, de energía y de luz.
Pues bien, hoy he tomado la decisión de empezar a hacer algo más de caso a esa voz que me transmite un mensaje de libertad y que tenía algo olvidada. Esa libertad que uno siente cuando se encuentra a si mismo cara a cara y se conoce mejor. Esa libertad que proporciona el no depender del resto de cosas que hay a tu alrededor para ser tú mismo.
Porque, ¿no es acaso la libertad lo que nos hace ir por delante y poder desarrollarnos, como somos realmente, de una manera más natural? En estos momentos de crisis, muchas personas se ven obligadas a actuar o ser de una forma distinta a como serían si dispusieran de los medios necesarios para poder ser libres. Y esto me lleva a creer que nos hemos materializado tanto, que sino se dispone de esto, aquello y lo otro no encontramos libertad. Una libertad ficticia que oculta la libertad real, aquella que te permite ser tal y como eres en cualquier momento y circunstancia personal en la que te encuentres.
Parte de la libertad que he logrado sentir ha sido gracias a la relativización de lo que sucede, a no darle a todo un valor absoluto. No todo es 0 ó 1, sino que también tenemos el 0,1 el 0,2 así hasta el 1 y entre ellos también tenemos el 0,01 y otras combinaciones posibles hasta llegar a una serie infinita de posibilidades que nos abren un abanico de oportunidades para conseguir la felicidad.
Esta relativización la debo gracias a la muerte de mi padre, uno de los momentos más duros sino el que más en esta vida que llevo transcurrida. Ese momento me transportó a un pozo oscuro, sin cuerda donde agarrarme para subir ni agua donde flotar y ascender. Esa experiencia me mostró la apatía, la desgana, el “la vida es una mierda” y así hasta poder rellenar una lista completa de pensamientos negativos que te hunden como ser y te apagan como a una llama sin oxígeno.
Pero en esos momentos es cuando hemos de abrir todos nuestros sentidos y sentimientos para observar las cosas bellas que suceden a nuestro alrededor. Desde la niña con cara de inocencia e ilusión, al rayo de Sol que aparece entre las nubes o las burbujas surgidas del llover en primavera. Ahí te das cuenta de que la vida es maravillosa y que todo lo que sucede es porque ha de suceder, que no es algo contra tuyo sino que las cosas pasan porque somos seres vivos imperfectos, que interactúan, que padecen enfermedades, unos buenos, otros malos y que de una u otra manera todos tenemos un principio y un fin. Y que de lo que nos hemos de preocupar es que entre esos dos momentos, todo aquello que somos y que forma parte de nuestra existencia, directa o indirectamente, ha de estar en armonía.
Una armonía que te traiga paz, porque no hay libertad sin paz. La libertad se consigue con esa paz interior que te permite ver con claridad que eres y que es lo que buscas realmente.
En la existencia del ser humano hemos tenido y tendremos muchos tipos de revoluciones: industrial, tecnológica, etc.
Pues ahora hemos de encaminarnos hacia la revolución de la libertad como seres que se conocen y aceptan tal y como son. Posiblemente sea de las cosas más complicadas que hay, ya que vivimos en sociedad y esto lleva implícito el pertenecer a un grupo, el ser reconocido de mayor o menor manera y todas esas cosas que todos sabemos. Pero ahí viene la clave de esta revolución, yo estoy aquí y soy así porque lo siento como parte de mí, porque sino soy yo y actúo por “moda” seré feliz mientras dure la moda pero luego tendré que adaptarme a la siguiente y a la siguiente…NO!!!!
Esto nunca nos dejará completarnos como personas. No estoy diciendo que no haya cosas que crea que son lo que quiero ser y que luego no me aporten aquello que esperaba, sino que no he de dejarme arrastrar. He de ir marcando mi propio camino con alternativas abiertas para ir encontrando poco a poco a mi alter ego, ese yo oculto y muchas veces desconocido que es el que hará que te sientas libre y seas feliz.