“Andé descalza demasiado tiempo, dolorida y con heridas por el largo camino recorrido. Andé sobre brasas y mis pies se calcinaron, pero nunca caí. Andé sobre clavos y mis pies se destrozaron, pero sólo paré para arrancarme las mentiras de cuajo. Y por mucho dolieran, seguí caminando. Andé. … Andé muchísimo más. Sobre espinas, sobre piedras, sobre alcohol. Andé sobre injusticias, sobre llantos y sobre decepciones. Andé demasiado. Pero un día mis pies se hicieron más duros, más resistentes (y también más míos) y los callos me protegían. Un día aprendí que con mis pies podía apagar las brasas y lanzar lejos los clavos. Aprendí que podía danzar, que podía volar. Pero también descubrí como se anda cuando sabes dónde vas.”
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