Déjame enseñarte a querer bonito, déjame quitarte esa armadura adherida a tus pieles,
liberarte.
Permíteme devolverte la seguridad
de que alguien puede amarte,
así, toda rota, con tus miedos,
con esa lágrima resbalando en tu mejilla.
En este mundo
donde todos usan máscaras,
yo también me estoy muriendo de miedo,
pero no puedo amarte
con reservas,
calculando, vigilando,
como el jardinero que no duerme
por temor a que alguien robe sus flores más bellas.
Vamos a rescatar esa forma de amor
de los viejos poetas,
déjame hacer de tu sonrisa
el verso más dulce,
para que nunca se borre
para que siempre lo lean.
No te prometo el mejor de los poemas
pero sí decírtelo al oído…
cada noche que estés cerca.
ZàIL













