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more Vijay/Paint? and you can draw Adelmo with my sona? 🙏🏼🫶🏼
HERE~
MMMM~ I LOVE THEM ~ 😭❤️💅🔥
OFC~ HERE NOW ~
MEHEHEHEHH~ Art requires sacrifice~😭🤌❤️
Paint, Veshalka and Adelmo belongs to @veshalllka 🤍✨🩵
Vijay belongs to me 💜😈💜
Adelmo, Lissabelle and their adopted youngest brother Bee
Adelmo and Lissabelle are true clowns (as in their own race made by my good buddy @felisfever-doodlydoos ) while Bee is an amalgamation of multiple monsters made by humans in a weird experiment.
They all see each other as familie and love the others dearly Carefull, they bite
illusration based on the novel « The Name of the Rose »
Adelmo painting test, I'm still figuring out how to do things with blending, but this was me messing with his character design and such. I'm trying to also draw braids again and its haaaaard. But eventually I'll get a more satisfying shape to them.
He's a recycle of an older character that im repurposing for a romance story.

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#AdelMo
I always love a story with a happy ending. Adele is currently playing huge sell-out concerts in Australia as part of her world tour. Also currently in Australia is Sesame Street star Elmo and he’s been on TV and social media saying he’s a huge fan of Adele and he’d love to meet her and sing a duet of Rolling in the Deep. (more…)
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Incontrare un Adelmo al nostro primo giorno di Campo al Fico
LA REUNIÓN
El brillo lustroso del piso centelleaba al compás de la luz que emergía por la puerta de la entrada; María daba lentos pasos mientras pasaba el trapeador con fuerza para eliminar cualquier rastro de suciedad. Eran las doce de la tarde y ya estaba casi todo listo para la comitiva.
La comida, que consistía en diferentes platillos típicos de Ixtlán del Río, estaba dispuesta en grandes bandejas azules y lanzaba repentinas invitaciones a todo aquel que pasaba cerca para ser degustada apresuradamente; nadie se atrevía a observar las bandejas pues ninguno de los presentes tenía autorización de tocar ésos manjares por muy exquisitos y apetitosos que éstos lucieran.
María de tan solo catorce años de edad, se había levantado desde muy temprano para iniciar con los preparativos. A pesar de ser la hija menor de los señores de la casa era la más educada, con un alma buena y caritativa. Estaba contenta con su trabajo: la casa lucía impecable, tan diáfana que sorprendió a su madre cuando salió de bañarse. Todo estaba perfecto y armonizaba con la ocasión. “No cabe duda que ya está lista para casorio” pensó la señora.
- Voy a estar en el cuarto arreglándome, por si alguien llega.
La joven asintió mientras acomodaba los comedores; se disponía a bañarse cuando unos golpes secos se escucharon en la entrada. Alguien llamaba a la puerta, al parecer el primero de tantos amigos que acudía al convite.
Presurosa caminó y abrió al visitante sin vacilaciones. En la puerta se encontraban quince hombres que aguardaban cortésmente.
- Deja la puerta abierta. – Dijo doña Dolores, que se encontraba vistiéndose en uno de los cuartos de la entrada de la casa.
Entraron y se internaron en la inmensa casona de madera. No fueron los únicos pues, como por arte de magia los otros invitados fueron apareciendo uno a uno. Llegaban de diferentes lugares tanto lejanos como del pueblo, la familia era muy querida por la sociedad y este momento no fue la excepción. Nadie se arremolinó, pese a congregarse un gran número de personas. Es conocido por todos, que en situaciones de éste tipo, la prudencia y el decoro siempre son acatados como normas dictatoriales.
- Me ha sorprendido mucho la cantidad de personas que están aquí. Yo pensaba que solo estaríamos nosotros. – Comentaba Elisa, orgullosa porque finalmente podía presumir su último vestido. Una adquisición que su padre le había conseguido en uno de tantos viajes que éste realizaba. Se sentía hermosa y decidida: Ese día encontraría un buen prospecto.
- ¿Vas a ayudarme?- Le dijo María muy contrariada pues pensaba que en una ocasión como esa, su hermana debía mostrar un poco de respeto y sosiego.
Elisa movió la cara de un lado a otro en señal de negativa, atender invitados no estaba en sus planes, no le interesaba ni mínimamente caminar entre hombres y mujeres como si se tratara de una criada común.
El resto de la tarde, se reunieron aproximadamente unas doscientas personas, todas ellas habían acudido solícitas a la convocatoria de la familia. Como buenos seguidores de la prudencia y las buenas costumbres, cada nuevo invitado se acercaba a la cabeza de familia para comentar algo reconfortante; se arrimaban con cautela y esmerada formalidad a las mujeres. Las veían recelosos, sin importar que la madre se encontrara entre ellas.
- ¿Cuándo llega don Porfirio?- Preguntaban los asistentes a medida que se acercaban. Era el único que podía convivir con ellos por su condición de jefe de familia. Las mujeres nunca tenían nada interesante que aportar en sus pláticas cultas.
- Ya no tarda. Seguro se cansó su caballo y tuvo que venirse a pie.- Dijo Dolores con preocupación, tratando de calmarse a sí misma. Los nervios la traicionaban, necesitaba a su esposo.
En eso estaban cuando Francisco entró como fantasma por la puerta del corral, nadie se percató de su presencia hasta que se acercó sigilosamente a su madre. El joven tenía la cara pálida de los muertos, sin color en las mejillas. No le importó que doña Dolores se encontrara platicando con don Eusebio. A pesar de todas las enseñanzas de sociedad, se quedó parado en medio de los dos, escuchando con interés una conversación que no le estaba permitida.
- ¿Dime Francisco?- Le dijo su madre con unos ojos inyectados en sangre que lo miraban severamente.
Su hijo, haciendo caso omiso del timbre de voz que había empleado su progenitora, aquel que le obligaba a dejar hablar a los mayores, no se inmutó.
- Nada, sólo quería saludar a don Eusebio.
- Salúdalo y retírate.
- No te preocupes Dolores, por mí no hay problema. ¿Cómo estas Pancho?
El compadre Eusebio, presumiendo con gala su afamada educación, había conseguido que una falta como esa no tuviera importancia. El resto de los convidados, con la compañía de un buen vino, discutía apasionadamente del elevado valor de las tierras del pueblo y otros temas políticos.
- Dígame don Fulgencio ¿Que tan cierto es que en las siguientes elecciones, será usted uno de los contendientes? Preguntó el más lambiscón de la mesa, claramente con ánimo de buscar un buen hueso.
- Todavía no sabemos Renato, todavía no sabemos.
En otra de las mesas se discutía si la hija de doña Jovita, la presidenta municipal, estaba o no embarazada. Algunos corroboraron los rumores tan lamentables, pero otros lo negaban irritadamente pues afirmaban que todo era una estrategia política – Doña Jovita había cometido el error de manifestar de manera abierta sus deseos de contender en la siguiente campaña-. Pero nadie habló del tema transcendental, aquel del que todos querían enterarse pero no tenían el valor de curiosear. Se veían unos a otros tratando de descubrir si su compañero del lado conocía los pormenores de lo acontecido, pero ninguno admitía nada.
Para el resto de los asistentes, que solo se habían reunido para comer o por verdadera devoción hacia la familia, el tiempo transcurría vertiginosamente. Eso comprobaba que la reunión estaba en su máximo apogeo; platicaban de forma acalorada y ya las confesiones sinceras comenzaban a abrirse paso entre la embriaguez y la congoja. Todos estaban tan enfrascados en sus propios temas familiares o de trabajo, que no se percataron de la presencia que entró a toda prisa de la calle. Hasta que…
- ¡Acabo de verlo! ¡Era el! – Gritaba excitada. Ataviada con el vestido blanco de flores lilas en el pecho custodiaba una rosa negra entre las manos; el cabello alborotado como telaraña, se movía con el viento; los pies descalzos, tenían pequeños cortes, propios de aquel que corre sin zapatos por el monte. Toda ella era una aparición.
Doña Gumersinda, al observar la escena, creyó que era un fantasma y se desmayó.
- Pero ¿de qué hablas muchacha? ¿A quién viste?- Preguntó su madre, doña Dolores rompiendo el silencio.
- ¡A Adelmo! ¡Era el! – Gritó con voz hastiada.
Invitados y familiares comenzaron a perder la compostura. Unos volteaban al rincón como para comprobar la veracidad de tales afirmaciones, a todas luces sin juicio. Cinco de los presentes, volcaron sin voluntad sus bebidas calientes y azucaradas en el piso. Otros – los que la conocían- se limitaron solo a observar a la portavoz con curiosidad.
- ¡Tranquila! Adelmo está aquí con nosotros.- Dijo María.
- ¡Que era el! ¡Lo juro! ¡Que me lleve el diablo si no es así!
- No digas eso. Ven, hermana, vamos a cambiarte. A peinarte y ponerte unos buenos zapatos.- Su voz cantarina trataba de darle un poco de serenidad a la desdichada.
- ¡No quiero! Adelmo me dijo que el culpable no amanecería otro día. Tengo miedo, estaba mal, se veía muy enojado. ¡Tú no lo viste! ¡Tú no lo viste!
Los comensales ya indiscutiblemente asustados, murmuraban que era mejor irse pero, otros más incautos, trataban de convencerlos para acompañar a las mujeres y protegerlas de tan oscuro presagio. Sabían, por las hablillas quién perecería; conocían las circunstancias de oídas, pero como bien dice el dicho “Cuando el río suena…”
Un par de botas negras de piel de caimán, bien provistas de espuelas y llenas de lodo; aparecieron en la puerta. Era don Porfirio que llegaba tarde.
- ¿Qué sucede aquí? - Preguntó con voz ronca y enérgica, acallando a la muchedumbre presa del pánico que se extendía velozmente.
- Nada papá, Cande que parece que se volvió loca. Dice que vio a Adelmo. Pero solo son figuraciones suyas.
- María, déjame hablar con tu hermana.- Se volvió a los invitados y exclamó.- ¡Buenas tardes a todos, son bien recibidos en esta su casa!, permítanme un momento por favor. No se preocupen todo debe tener una explicación, mi hija tiene una imaginación bastante grande ¿verdad hija? – dijo mientras giraba la cabeza hacia su retoño que movía la cabeza lentamente en señal de asentimiento.
- ¿Lo ven? Aquí no pasa nada –Dijo doña Dolores.
Don Porfirio se quitó el sombrero y se lo dio a María; tomó de la mano a Candelaria y se perdieron entre el hormiguero de personas con dirección al patio. Nadie se percató que Dolores salió por la puerta de entrada.
- ¡Mamaaaaaaa! ¡Mamaaaaaaa!.- Se escuchó de repente una voz lastimera, endemoniada, fantasmal e iracunda.
Todos voltearon a la puerta de entrada, lugar de dónde provenía ese grito infernal.
- ¡Mamaaaaaaa!
La desesperación de aquel quejido hizo que la piel de los que se encontraban reunidos, se erizara; al notar que no se encontraba entre los presentes la señora de la casa, se levantaron con ansiedad y buscaron a don Porfirio en cada uno de los cuartos de la casa. Lo encontraron dándole una tunda a su hija Cande, desnuda.
Nadie cuestionó al respetable señor sobre la manera de corregir a sus hijos. La multitud aguardó pacientemente en el corral, convencidos de que si se encontraban juntos no les sucedería nada. Cuando salió, caminaron hacia la puerta abandonando a Adelmo en la habitación del banquete. Salieron en tropel, no había nada, todo estaba oscuro. Bruscamente todos se pasmaron. Uno se acercó diligentemente para ver de cerca lo que apenas se apreciaba en la oscuridad: Abrazada del roble del lote baldío de enfrente, completamente quemada, estaba doña Dolores, muerta. La separaron cuidadosamente pues la piel se le desprendía a jirones, la envolvieron en una manta blanca y la acomodaron justo al lado de su pequeño ángel justiciero, su Adelmo.