Podredumbre
Miseria y desesperanza, cruel enfermedad que agobias, mientras los años pasan, inútiles, lentos y dolorosos, como aquel día que marcó un antes y un después.
Fiel compañera que nunca me abandona, me susurras en la noche, impidiéndome descansar. Cuando me siento sola a tomar un café, estás sentada frente a mí, observándome fijamente en silencio, esperando que me convierta en mis miedos.
La vida sigue, nunca se detiene, y las personas continúan su ciclo. Sin embargo, el mundo, desgraciadamente, es real. Todo se consume, y yo me consumo con él, como los cadáveres en descomposición, como un muerto en vida: con la capacidad de respirar, pero lleno de ideas, pensamientos, problemas.
Soy una herida abierta, profunda, que tarda en coagular y, cuando lo hace, deja una cicatriz permanente, otra marca de la decadencia de mi cuerpo. Los gusanos que devoran la carne son los pensamientos que corroen mi existencia una y otra vez.
Me iré como quien se va. Cuando terminen su festín, seré solo una masa sanguinolenta de lo que alguna vez fui.
La tierra reclama la carne.
Autor: La polilla en el cadáver









