Más acacito...
Dejas tus relieves y la infancia que sembraste en ellos; lo que quedas en secuencias imposibles de citar desde las piedras que lanzaste al río. Lo que dueles, yo lo empaco. No quiero hacerte largo el cuento, viejo. Ya está todo perseguido y atrapado (o casi). Si te olvidas el saludo, búscanos la exégesis del siempre que comimos en tu mesa o, si fuera necesario, algún soplo anecdótico que podamos abrazarte… Anda, sé bueno, no te olvides… Dame las angustias que tú no estás para ir cargando… Ya sabes lo que dicen los que saben, aunque no valga de nada. Arréglate el bigote que no vamos a la tienda donde tú te haces esquina… No te abstengas de mirarnos; no nos quedan escondites para lo que no te hemos contado. ¿Para qué voy a llamarte? No me guardes palmaditas en la espalda que ya pesa demasiado… No quiero más dulces ni bebidas. Mejor, aprieta el paso… Nosotros, donde quieras, te esperamos…











