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Un pequeño niño miraba la puerta de su casa con insistencia, mientras arrastraba con él un conejito de peluche, el cual llevaba agarrado de su pequeña e infantil mano. Una mujer de largos cabellos turquesas, muy ocupada haciendo el almuerzo, solo lo observaba de soslayo, hasta que por fin pudo dejar la cocina y se acercó a él preocupada.
- Ichi… ¿no quieres abrir el regalo que te dejo papá?- preguntó ella con una sonrisa, el pequeño negó con la cabeza, mientras abrazaba su conejo de peluche con fuerza.
- Mamoru nii-chan dijo que vendría, quiero que esté aquí antes de abrirlo.
La mujer dejó escapar un suspiro, acarició la cabeza de su pequeño con suavidad, moviendo aquellas cortas hebras turquesas.
- Muy bien, pero ya comeremos.
- ¡eh! ¿es hora de comer?- sorprendido de que hubiera pasado tanto tiempo.
- Así es.- la mujer se alejó.- Serviré la comida, te llamaré cuando esté listo.-
El pequeño miró la entrada de su casa con preocupación, triste. Mamoru no venía, era su cumpleaños,
Mamoru se lo había prometido.
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- Entiendo,...no ha llegado, pensé que el torneo había terminado.- era la madre de Ichi hablando por teléfono, mientras el más pequeño miraba ilusionado desde la entrada de la habitación.- Si, no te preocupes y perdona por molestarte. Adiós.- la mujer dejó escapar un suspiro, volteo a ver su pequeño y único hijo, con esos grandes ojos ilusionados.
- Ichi, escucha.- declaró la mujer con una sonrisa, se acercó a él y se acuclilló para hablarle con suavidad.- Ya eres un niño grande ¿verdad?- el pequeño sonrió y asintió.- Mamoru también lo és, y tiene responsabilidades ¿si?
- ¿?- el menor no entendió.
- A Mamoru le gusta tanto el fútbol y es tan buen jugador, que está en un torneo de fútbol, un torneo muy importante, a nivel internacional ¿no estas feliz por él?
- Si estoy muy feliz por Mamoru nii-chan.- casi grita emocionado.
- Por eso Mamoru no vendrá hoy.
- ¿eh?
- Mamoru está en el torneo.
- Pero cuando termine su partido, puede venir… él lo prometió.- le rompió el corazón a la mujer el tener que romper las ilusiones de su pequeño.
- No es tan fácil Ichi, él está muy, muy lejos, tiene que tomar un avión y tu sabes que eso demora.
- Pero el lo prometió…- replicó a punto de llorar.
- ¿eh? No llores. Mamoru seguro llamará y te felicitará por tu cumpleaños.- le dijo ella rápidamente para evitar un desastre.
Sin embargo, Mamoru no llamo, no apareció ese día, no hubo ninguna señal de él. Al día siguiente, Ichirouta lloró casi todo el día porque Mamoru había roto su promesa.
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Dos días después Endo apareció en su ciudad, había regresado e incluso su equipo había ganado el torneo, quería darle la noticia a Ichirouta cuanto antes.
- ah, Mamoru-kun, regresaste.- había sido el recibimiento de la madre de Ichirouta.- Escuché que ganaste el torneo, felicidades.
- Muchas gracias, no hubiera podido lograrlo sin todo el equipo.
- Si, Someoka-kun hizo un buen trabajo, su madre estaba muy orgullosa, me la encontré cuando fui de compras.
Vaya que las noticias circulaban rápido.
- ¿Donde esta Ichi-kun?
- ah… él… debe estar en su habitación.- Mamoru al escuchar la respuesta, camino hacia dicho lugar.- ah, espera… Mam…
Pero Endo no escuchó subió casi a brincos de la felicidad de encontrarse con Ichirouta.
- ¡Ichi-kun he vuelto!- anunció su llegada desdorbando alegría, una vez estaba arriba.- ¡Sabes que, ganamos el torneo internacional! ¿no es asombroso?- pero no recibió respuesta, el pequeño estaba sentado en su cama más interesado en un libro que apenas sabía leer que en Mamoru.- ¿Qué pasa? ¿No estas feliz?- pregunto Endo, se acercó hasta él.- Tú también podrás jugar en 10 años más, si te lo propones Ichi-kun, podrás desafiar al mundo, así que sigamos entrenan…
Pero no pudo seguir hablando, porque el menor le había lanzado una almohada aprovechando que ya estaba cerca.
- ¿Qué pasa?
- ¡Vete! ¡Eres muy malo!- le gritó apunto de llorar, estaba apunto de lanzarle el libro (de cubierta dura), pero su madre llegó para detenerlo.
- Muy bien, tranquilo, tranquilo.- exclamó ella, abrazándolo y quitándole el libro.- Lo siento Mamoru-kun, Ichi solo está molesto, ya se le va a pasar.
- ¡Dile que se vaya! ¡Lo odio! ¡Lo odio!- gritó el menor abrazando a su madre, no quiso voltear ni siquiera a verlo.
- ¡Ichirouta…!- llamó su madre a modo de regaño.- Lo siento Mamoru, no sé de donde aprendió esa palabra.- se disculpó su madre.
Mamoru nunca pensó que esa simple palabra le causaría tal trauma y shock, quizás eran más crueles porque las pronunciaba él.
Luego de un rato Mamoru salió de la habitación, junto con la madre del menor, allí le explicó que había pasado.
- No te culpo por haberlo olvidado, Mamoru-kun.- le mencionó.- Estabas muy ocupado, y el torneo era muy importante para tí, para tu equipo, y sobre todo para tu futuro, tu rol como capitán era importante. Ichi solo es un niño, ya comprenderá cuando crezca.- le intentó calmar, pero Endo estaba preocupado, no le gustaba haberse olvidado de la promesa.- Hablaré con él y haré que te pida disculpas.
- N-no tiene que hacer eso, seguro me… odiará… más.- le costó decir esas palabras. Al final se tuvo que ir, y él que había venido a celebrar y jugar con Ichi.
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Un par de días después, era Ichirouta quien se presentaba en la casa de Mamoru. Sus padres viajarían por trabajo, así que estaría unos días en la casa de la familia Endo, a regañadientes del menor.
- Ichi-kun… juguemos.- le dijo Mamoru feliz, intentando conseguir su perdón.- Tengo un balón de fútbol nuevo, vamos a jugar ¿si?
Pero el menor no le contesto, estaba sentado en un rincón de la habitación, junto a su peluche de conejo, abrazándolo con fuerza
- Vamos, lamento haber roto la promesa, prometo que no volveré hacerlo.- le dijo Endo, ya no sabía cuántas veces se había disculpado, estaba desesperado porque lo perdonará.- ¿Qué tal si te compro un dulce o un peluche nuevo?- le intentó sobornar, pero el más pequeño no le hizo caso.
Su madre rió al ver la escena.
- No te rías mamá.- le pidió Endo avergonzado.
- No te había visto tan angustiado desde ese día que no podías dominar una de las técnicas de tu abuelo.- había sido su comentario, era gracioso y también cierto. Se alejó hacia la cocina, riéndose de la desgracia de su hijo.
El portero pensó un poco, sentado en el suelo frente a él, hasta que finalmente se le ocurrió una idea. Fue hasta su habitación a buscar algo y luego volvió, el pequeño Kazemaru no se había movido de allí.
- Tengo un pequeño regalo para tí, Ichi-kun.- pero Kazemaru no se movió.- Mira como brilla…- Endo sabía que a los pequeños como Ichi le llamaban la atención los colores brillantes, Ichirouta no era la excepción, tenía recién 4 años. El menor observó de reojo pero volvió a apartar la mirada, tratando de ignorar su curiosidad.- ¿no lo quieres, Ichi-kun?
Al final cedió, pero aún estaba desconfiado. El menor, observó que en la palma de la mano de su “hermano mayor”, tenía un par de adornos brillantes. Eran redondos, pero agujereados, estaban pintados de un color color dorado.
- Me los regaló una chica hace unos años, aún no entiendo porque.- decía confundido Endo.- Pero se parecen mucho a lo que usa mi mamá y mi papá en sus manos. Según mi mamá solo lo usan las personas que se quieren mucho.
Ichirouta le miro confundido, pero parecía ser importante, incluso él recordó que su madre usaba algo similar, su padre también, aunque eran un tanto diferentes.
- Volvamos a ser amigos, Ichi-kun.- le dijo Endo.- Para siempre ¿si? Y prometo no olvidar nuestras promesas, siempre estaremos juntos.- luego alzó uno de los anillos y se lo puso al menor, aunque este era mucho más grande que su pequeño y delgado dedo índice.
- Bu-bueno, lo puedes usar cuando crezcas, pero será nuestra promesa.
- ¿De verdad?- preguntó inocente.- ¿Para siempre?- Endo asintió y le sonrió con seguridad. Ichirouta se abrazó repentinamente de su cintura, sorprendiendo al portero.
- ¡Lo siento, Mamoru nii-chan!- se disculpó el más pequeño, Endo le devolvió el abrazo también. Ahora Endo estaba más tranquilo.
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- tía, tía.- la madre de Ichirouta estaba haciendo un poco de limpieza en la cocina, cuando el menor llegó muy feliz.
- ¿Qué ocurre?- preguntó la mujer con ternura.
- Con Mamoru nii-chan hicimos una promesa.
- ¿de verdad? Entonces ya hicieron las paces, me alegro mucho.- el pequeño asintió alegre y luego sacó algo de su bolsillo.
- Me dio esto.- y le mostró aquel anillo de juguete, que estaba adornado por pintura brillante.
- ¿eh? ¿y eso por qué?- preguntó sin entender aquel regalo.
- Hicimos una promesa de estar juntos siempre.- contestó alegremente.
- … ah…- dejo escapar Atsuko, que como madre que era encontró eso demasiado extraño.- ¡Endo Mamoru!- llamó a su hijo, asustando al menor de paso por aquel grito repentino.
- ¿Qué ocurre mamá? - el mencionado no tardó en aparecer ignorante de lo que había ocasionado.
- ¿Qué es esto?- preguntó al borde del pánico, quitándole el anillo de a Ichirouta.- ¡¿Qué clase de promesas le estás haciendo hacer a un niño de su edad?!
- ¿eh? Solo una promesa…
- Esa promesa se puede malinterpretar, esto.- le indicó el anillo de juguete.- Solo lo hace la gente que está por casarse.
- ¿eh? ¿en serio?
- ¡No puedo creer que preguntes eso!
Ichirouta miraba la escena sin comprender.
- ¿Qué es “casarse” nii-chan?- pregunto Ichirouta, dejando tanto a Mamoru como a su madre en silencio, ninguno quería responder.
- Na-nada que necesites saber por ahora cariño, ya lo sabrás en su momento.- contestó rápidamente Atsuko.- Ahora devuélveme tu anillo Endo, los tiraré a la basura.
- ¿ah? ¡No! ¡Es mi anillo!- Ichirouta se alarmó, no quería que se lo quitarán. Se acercó a la mujer para recuperarlo, pero claro que no alcazaba.
- Cariño, te daré otro juguete, el que quieras, pero no esto.- le dijo Atsuko, no quería tener problemas con la madre de Ichirouta cuando volviera. Mamoru no dijo nada, él no quería tener problemas con su propia madre.
- hmmm… ¡N-no, yo quiero mi promesa con nii-chan!- grito Ichirouta y comenzó a llorar.
- ¿eh? No… no llores, anda, este juguete está muy feo…- intentó convencerlo Atsuko.- Te compraré uno más lindo ¿si…? - pero no dejo de llorar, a pesar de todo lo que le decía Atsuko, incluso el mismo Mamoru intento convencerlo, pero no daba resultado.
Al final Atsuko se rindió.- Está bien, toma… pero que tu madre no lo sepa.- le devolvió el anillo. Ichirouta con los ojos llorosos lo tomó y se fue corriendo a saber a qué lugar de la casa.- Ahora creo que se enojó conmigo.- comentó la mujer cruzándose de brazos, Mamoru entonces intentó huir.
- Un momento jovencito, tu de aquí no saldrás sin haber hablado antes.- exclamó su madre amenazadoramente.
A pesar de que Atsuko le pidió a Mamoru que no mencionara la escena, la madre de Ichirouta se enteró de igual manera, porque el pequeño Ichirouta fue lo primero que le dijo apenas volvió por él. Atsuko tuvo que disculparse y hacer que Mamoru también se disculpará. Pero la madre de Kazemaru solo rió.
- Es solo un niño, cuando crezca lo olvidará.- había sido su comentario, parecía entretenida y no le parecía un problema tan grave.- Seguro será una anécdota muy bochornosa para ellos en unos años más.
Mamoru se sonrojo por eso, ahora que los pensaba, la situación ya era bochornosa para él. Ichirouta por otro lado, no entendía nada de lo que hablaban los adultos, solo estaba feliz porque había hecho las paces con su hermano mayor.
Actualmente-------
El sonido de un teléfono sonaba una y otra vez, en la oscuridad de aquella juvenil habitación, bastante ordenada. En la cama, un chico dormía o eso pretendía, porque el sonido de su teléfono seguía tocando y no le dejaba conciliar el sueño. Sacó su brazo de debajo de las mantas para tomar su teléfono y contestar.
- Diga…- respondió aún adormilado.
- Ichi-kun… disculpa ¿te desperté?
- ¡!- Kazemaru se despertó en un segundo al reconocer esa voz, enseguida se incorporó y lanzó las mantas a un lado.- Ma-mamoru…¿? - llamó incrédulo, miró su reloj, que le indicaba que recien era medianoche.- N-no te preocupes, recién había entrado a la cama.- mintió, del otro lado de la línea Endo dejó escapar una pequeña risa.
- Feliz cumpleaños, Ichirouta.- fue lo que escucho del otro lado, sorprendiendo a Kazemaru. Sus mejillas se colorearon un poco, pero sonrió.
- Sabes que podrías decirmelo en la mañana.
- Lo sé, pero quería ser el primero en saludarte.- como siempre Endo quería ser el primero en todo para Kazemaru, parecía un niño caprichoso en vez del adulto que se supone que debía ser. Eso le hacía cierta gracia al menor.
- Gracias, Mamoru.- fueron las suaves palabras de Ichirouta.
- De nada… no he olvidado la promesa.- aquello último lo dijo en voz baja.
- ¿Qué? ¿promesa?- Kazemaru se preguntó si había escuchado bien, Endo había hablado tan bajo que no estaba seguro de haberlo entendido.
- ¡Por la mañana iré a tu casa, te llevaré un obsequio!- le dijo Endo, Kazemaru estaba a punto de decirle que no era necesario, pero su hermano mayor no le dejó hablar.- Ten buenas noches, Ichi-kun.
- E-esper-
Pero Mamoru cortó la llamada, Kazemaru dejó escapar un suspiro y miro su teléfono con una sonrisa. Dejando su teléfono a un lado, volvió a la cama feliz, preguntándose qué clase de regalo le traería, aunque el solo pasar su cumpleaños con Mamoru ya lo hacía feliz.
Por otro lado, en un apartamento relativamente cerca del hogar de Kazemaru, Endo miraba su teléfono con seriedad, para luego dejar escapar un suspiro.
- Bueno, no importa que no lo recuerde, tengo bastante tiempo para hacerle recordar.- comentó sonriente, después de todo Endo seguía siendo muy positivo.
Fic: Love!
Fin del especial por el Cumpleaños de Kazemaru! <3
Se me hizo raro hacer a Kazemaru tan ¿caprichoso? Pero bueno era un pequeño.
Se que el anillo de casados no va en ese dedo, pero en ese tiempo Endou no tenía idea de ese tipo de detalles, por culpa del futbol y que su madre nunca le explico bien xD.
Cuando nombre lo del avión, recordé a los gameplays de Rangu XDDD
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