durazno
una tarde, me comí dos pedazos de durazno para la once y terminé soñando que estaba en medio de una poronga.
de repente se abría paso la aguja transorbitaria, como flecha de un arco, por aquel canal escondido entre la sien y el ojo y ni hablar del recorrido de saliva tomando rehén la comisura de mi bata. Cada pulsación escrita por un mazo que ya a los pocos segundos de la mañana, me había despertado.
fue tan extraordinaria la precisión de tortura y emoción que hasta hoy en día— no he sido capaz de llamarlo y despedirlo de mi memoria, como uno hace una pesadilla.
el sueño fue tan vívido que ya para el día siguiente me terminé comiendo una manzana. Así en resumen, terminé cerrando el hocico y me fui a trabajar porque de algo tenía que comer el otro día.











