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Notas: advertencia -- homofobia moderada, menciones de religión relacionadas al tema. .
Las noticias sobre Katie la habían dejado inquieta, necesitaba saber qué estaba pasando o cómo estaba, necesitaba poder verla y saber con certeza que estaba bien. La necesitaba. Al estar distraída viendo por la ventana, no se dio cuenta que su mamá había entrado al cuarto y la estaba observando, se sorprendió un poco al darse vuelta y encontrarla ahí. Había estado actuando muy raro últimamente, Alice no estaba acostumbrada a eso, mientras siempre evitaban ciertos temas, su madre era bastante comunicativa, por así decirlo, que estuviera callada y pensativa no podía ser nada bueno.
--¿Qué pasa?-- preguntó, sin pensarlo.
Su madre la vio y soltó un suspiró, se sentó al borde su cama pero Alice se quedó junto a la ventana. Un sentimiento de inseguridad se asentó en su estómago, tragó fuerte.
--Alice, quiero que seas honesta conmigo.
La rubia la vio, dudosa, tratando de descifrar a donde iba todo aquello. No pudo adivinarlo a simple vista, sólo sabía que su madre no estaba muy feliz con eso. Asintió.
--Tu amiga, Katie, ¿es tu amiga?-- preguntó, alzando una ceja con una expresión de afligida.
Alice frunció el ceño, sintiendo una especie de rabia y tristeza. --Sí, es mi amiga. ¿Por qué?-- dijo, en un tono cortante.
--Porque no parecen amigas, por eso.-- respondió su madre entre dientes, y era quizás la primera vez que le hablaba así.
Alice sonrió con sorna. --¿Oh sí? ¿Entonces que somos según tú?
La señora se cruzó de brazos. --¿Novias?-- preguntó, haciendo una mueca. Eso le partió el corazón, su ojos se llenaron de lágrimas.
--No.-- dijo, su voz quebrándose. --No lo somos.-- respondió. Cerró los ojos. Era hora, estaba cansada, ya no podía seguir con esa farsa. --Pero la amo.-- replicó, luego de un momento.
Pudo sentir como el aire cambiaba en la habitación, la mirada de su madre pasó de sorprendida y... oh. Ahí estaba. La mirada que siempre había temido en los ojos de su madre. De decepción pura. Lágrimas cayeron de sus ojos.
--Alice, sabes que... eso es un pecado. Amar a otra mujer.-- dijo su madre, tratando de mantener la calma. Alice negó con la cabeza y rió, casi sarcástica.
--Bien, si amarla es un pecado entonces me iré al infierno.-- respondió, a lo que su madre abrió los ojos sorprendida. --Pero no creo que Dios me castigue por querer ser feliz.-- dijo, manteniendo los ojos en su madre.
--Alice Hart, no puedes. Estás confundida, confundes el amor con la amistad, querida.-- dijo su madre, pero Alice bufó. --Sólo es una chica, lo superaremos ¿sí?
Eso fue el colmo.
--No, hay nada que superar. ¡Esta soy yo! ¡Quizás no soy todo lo que quieres pero es lo único que tengo! Es todo lo que soy.-- replicó.
--¿Por qué nos haces esto? ¿A mí, a tu padre?-- dijo su madre, levantándose de la cama.
--¿Qué les hago? ¿Qué es tan difícil de aceptar? Me enamoré de una mujer, no es nada del otro mundo, y algo tan puro no puede ser un pecado. Nunca esperé que lo aceptases enseguida pero...-- suspiró. --Ya no puedo, ya no puedo fingir, estoy cansada de fingir.-- Pasó una mano por su cabello, y volvió la mirada hacia su madre. Estaba ahí, pero ahora la sentía más lejos que nunca, más lejos que cuando estaba en Kansas. Extrañamente, no se arrepentía de decirle. Esperaba hacerlo, siempre imaginó que así sería, pero de hecho, se sentía aliviada. Era como si se hubiera quitado un peso de encima.
Su madre dejó salir un suspiró, cerrando los ojos, unas cuantas lágrimas cayeron de sus ojos y Alice apretó la mandíbula, tratando de no llorar más. --Eso es mi culpa, debí haberte enseñado mejor. Yo pensé que sabías mejor que esto, Alice.-- soltó al aire. Pasó una mano por su cara, y hubo un silencio que Alice se negó a llenar porque ya estaba demasiado herida. Todo estaba dicho, ¿no? Y Alice sabía lo que venía a continuación, siempre lo supo. --Nos iremos en el siguiente vuelo.-- dijo su madre. --Creo que... que no hace falta decirte que estás por tu cuenta hasta que decidas abandonar este estilo de vida.-- le dijo en un tono más duro.
Alice bajó la mirada y vio hacia la ventana. Oyó a su madre levantarse de la cama, y caminar hacia la puerta gracias a sus tacones. --¿Mamá?-- dijo, volteando para verla en el marco de la puerta. Le dolió ver esperanza dibujada en su rostro porque no debería ser así, simplemente no debería. --No es tu culpa. No soy un error, ni tuyo, ni el de mi padre, ni el de ninguno.-- dijo, viéndola. --El único error que cometerás conmigo será cuando salgas de la habitación.-- dijo.
Hubo un silencio que dijo más que lo que cualquier palabra podría decir. Dos segundos después su madre salió por la puerta.