Deslizó sus dedos por entre sus rojizas hebras, comenzando a perder la paciencia con el noruego a su lado. Sabía que ella podía ser aun más obstinada que él, pero sus excusas simplemente eran ridículas, tan infantiles que era lógico que la prefecta se moleste—. Estás exagerando, no te va a hechizar en el medio de la fiesta solo por ir a hablarle —intentó nuevamente hacerlo razonar, pero el muchacho seguía en su drama personal, obligándose Lily a dejarlo solo por unos minutos. Aguardaba la esperanza de que fuera la chica quién se terminara acercando. Precisamente contemplaba con disimulo a esta última, cuando sintió como chocaban contra su hombro, volteándose a ofrecer una disculpa—. Lo sient... Peter —dibujó una sonrisa, reconociendo al león. No pudo evitar pensar que el traje de gala le sentaba muy bien—. Me alegra verte, ¿te molesta si te acompaño? —no era porque deseaba alejarse del noruego, a ella le agradaba encontrarse con el menudo merodeador, sobre todo desde que había comenzando a hablar más con él. Por un instante pensó que estaba interrumpiendo, descansando su mirada por el salón, esperando hallar a alguien con la vista sobre el cobrizo.