Ya casi amanecía, se pasó las manos por la cara con frustración, el efecto de la droga se desvanecía lento, estaba herido, muy lejos de casa, mareado y exhausto. No recordaba exactamente que había pasado por la noche, pero al revisar sus bolsillos no estaban ni su billetera, ni su teléfono móvil, quería llorar.
Observó a su al rededor y solo pudo divisar a una persona a lo lejos, así que fue rápido hacia esta y se acercó sin saber si debía sonreír o no, no estaba acostumbrado a pedir ayuda de ese modo a los demás, pero no le quedaba de otra. Al menos no se veía como un mendigo, y no sabía si eso era bueno o malo.
- ... Lo siento por molestar pero... Si tienes teléfono ¿podrías dejarme hacer una llamada? O-O si tienes dinero... - Sus mejillas enrojecieron por la vergüenza, odiaba tener que hacer ese tipo de cosas, sobre todo cuando sabía que apestaba a alcohol. - Es decir, si no puedes está bien, realmente lo siento, me robaron mis cosas y... y eso.