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“you took a polaroid of us” || luke hemmings and selena gomez manip
The worst thing is to love each other, but never work out.
8:14pm you try over and over, but it never works out and it never will (via drinkt0forget)
If this is my last night with you, hold me like I’m more than just a friend, give me a memory I can use, take me by the hand while we do what lovers do, it matters how it ends… Cause what if I never love again?
Adele, All I ask.
Thank God For Girls//Weezer

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jetblxckblake :
Una vez más se encontraba en aquella situación. El coraje y la impotencia adueñándose de cada centímetro de su anatomía, mientras que frente a sus azules se presentaba la imagen de una persona que él mismo se había encargado de herir, romper en mil pedazos y, aún entre aquella vulnerabilidad, alejarla de su vida como si nunca hubiese significado absolutamente nada para el irlandés. No era así, al menos no dentro de ese corazón que el rubio se negaba a escuchar, al cual suplantó por un agujero negro que solo ocultaba la realidad del mayor, siendo el órgano vital el cual estaba envuelto entre aquel papel azabache, creyendo ser el culpable, temeroso a salir de su escondite y continuar hiriendo a las personas que alguna vez llegaron a ser importantes para él, entre ellas: Sophia. Un paso, dos como máximo, hubiesen sido todo el riesgo que Blake habría tenido que atravesar para enamorarse de ella. Probablemente en algún punto lo estuvo, o quizá en el interior nunca dejó de estarlo, pero su cerebro siempre fue más astuto que el corazón, el temor más ágil que los sentimientos y su oscuridad más dominante que él. Argumentos vinieron hacia Blake como un relámpago cuya luz proyectó una serie de imágenes y recuerdos, entre éstos, palabras articuladas claramente dentro de su cabeza, la incapacidad de admitir un sentimiento con bastante peso por la irracional y patética lucha entre el amor y la lógica: no se destruye a las personas que amas. Lo sabía, y aquello era lo único a lo que se mantuvo aferrado cada vez que la memoria de la morena cruzase su cabeza, cada noche que la ausencia de besos y caricias enamoradas pudiese afectarle, porque la única barrera que alguna vez lo detuvo de ir tras ella y conseguir un final feliz no fue el egocentrismo, la arrogancia, el resto de mujeres, el miedo, ni mucho menos ella, pero sí él mismo. ¿Sabes cuánto quise que Gracie fuera tuya? La sacudida más fuerte y dañina de la cual su caja torácica alguna vez hubiese sido víctima, porque en el fondo, aquella cuestión planteada se familiarizaba con los sentimientos encontrados que se revoloteaban e impactaban en el interior del masculino, con esa pizca de esperanza de que las cosas hubiesen sido de esa manera, porque aún habiéndola perdido de por sí hace un año, no fue hasta ese momento en el que de verdad se estaba deteriorando todo aquello que alguna vez pudieron llegar a construir. Las paredes a su alrededor caían y banderas blancas se alzaban desde la tierra; sin embargo, él solo podía ver tempestad. No fue necesario escuchar el nombre del londinense, ni relevante para aquellas alturas, porque sabía de la relación entre la castaña y aquel tercero, pero la rabia de imaginarlo teniendo a su disponibilidad una familia por la que él lo hubiese dado todo y, aún así, desperdiciándola, solo empeoró la situación. La seguridad en aquellas orbes café acerca de la paternidad pudieron eliminar cualquier duda restante en él, creando al mismo tiempo muchas otras sensaciones poco beneficiosas para su persona, pero sabiendo, a la vez, que no podría estar cerca de la mujer que poco le faltó para querer, criando entre brazos un hijo que no era de él. “Sin embargo, no es así. “ Su tono era calmado, porque de alterarse un poco más, daría salida al huracán con el que se vería obligado a vivir desde aquel momento. “Tienes una hija, ella tiene un padre y ese no soy yo.” Resumió con pesar, más allá de querer reiterar la situación, tratando de darse a entender a sí mismo aquella idea, esa trágica, pero merecida perdida. “Creo que eso resuelve el crucigrama, Sophia.”
Lo miró. No, mejor dicho, lo observó como si no lo hubiera hecho ya trescientas veces en el pasado. Sus castaños recorrieron aquel rostro como si fuera digno de llamar desconocido, captó su porte y altura, perfecto para emitir miedo a cualquiera que se acercara a su perímetro con malas intenciones; acaparó la zona de sus ojos, esos cerúleos que escondían más sentimientos de los que alguna vez habló el rubio en voz alta; se centró en su nariz y labios, una de las zonas que más besó en tiempos de caricias, y por fin llegó a su cuello, lugar del cual todavía podía percibir aroma y sentir el pulso de la yugular bajo sus propios labios al ser aquella la zona favorita de Sophia para morder. No podía mirarlo sin recibir toques de electricidad hasta la punta de sus dedos, cada recuerdo juntos se avivaba dentro de ella como una flama gracias a la gasolina, llegando al punto de incendiarla abrumadoramente con nostalgia cuando hubo un tiempo que el sentimiento fue amor. ¿Cómo habían llegado a esto? Uno pensaría que tantos meses separados los haría recapacitar, madurar lo suficiente como para ser capaces de abarcar una conversación meramente adulta y sin reproches. No obstante, había tanto que decir, poco tiempo entre sus manos y ningún tipo de título vigente para que las palabrerías del otro fueran válidas. El pensamiento de la posible paternidad del irlandés fue constante, seguido se veía atacada con escenarios imaginarios de los tres siendo una familia disfuncional, sin embargo, feliz. De esas familias que están rotas y aun así siguen sonriendo porque se tienen el uno al otro, de aquellas que ninguno de ellos tuvo. La habitación se enfrío, los ronquidos de algunos invitados resonaban en las paredes del piso de arriba como si tuvieran una bocina conectada a los pulmones, las olas muriendo en la orilla de la playa mezclándose con los sonidos vagos de la noche que los abrazaba en aquella playa, los balbuceos de su hija siendo un recordatorio para la morena que no podía romperse frente a ella y escapar de la situación como en realidad quería hacer. Tienes una hija, ella tiene un padre y ese no soy yo. La voz del más alto retumbó en su interior, los recuerdos flameantes siendo apagados por la tristeza inmediata, porque si iban a hablar de padres, mejor dejaban el nombre del inglés fuera de su plática. Caleb no era más que un por ciento de Gracie, hablando genéticamente, porque el rubio parecía haber corrido más rápido que delincuente a plena persecución. “Gracie tiene un padre y una madre, ambos soy yo.” Terminó por agregar, antes de sentirse pequeña e insignificante de nuevo. El silencio reinó de nuevo entre ellos, la habitación seguía fría, los ronquidos aún se escuchaban, el mar aún besaba la orilla siendo observado por los animales que vivían cerca y su hija seguía ahí, inocente, con mejillas regordetas y gruesos cabellos rubios en rizos. La tomó en sus brazos, la niña acurrucándose adormilada en la cuenca de su cuello, donde todavía podía sentir las huellas de los labios del irlandés después de tantos encuentros físicos. “Me habría gustado que fueras parte de la vida de Gracie, no importaba tu título en ésta.”
jetblxckblake :
No te equivocas. Tres simples palabras que provocaron una liberación de dióxido de carbono en sus pulmones casi increíble, pues estaba de más admitir que el irlandés no estaba del todo preparado para establecer una relación, ni mucho menos formar una familia, por lo que los hijos a esa edad, considerando la vida llevada por el masculino, no serían exactamente lo que cualquier persona con una capacidad mental alta, media, o inclusive baja, recomendaría. En otras palabras, nadie con un cerebro en estado funcional. Sin embargo y a pesar de esa enorme lista de razones que deberían darle una inmunidad obligatoria en dicho tema, Blake sería incapaz de darle la espalda a este tipo de situación si ese fuese el caso, si los anticonceptivos llegasen a fallar después de tanto, si la vida misma quisiera hacerlo cargar con grandes responsabilidades de una vez por todas, porque si de algo estaba seguro, era que cuando el momento llegase y fuese su turno de engendrar, jamás cometería el mismo error que cometieron sus padres, o mejor dicho, él sí sería un padre. “¿Y lo hiciste?” Cuestionó alzando ambas cejas, considerando aquello un argumento que sólo afectaría del lado opuesto al cual era dirigido, pues el dar o dejar de dar la noticia no era decisión de nadie más que de ella. “Digo, pude haber estado encerrado en mi propia burbuja por años, décadas, pero continuamos viviendo en el mismo maldito lugar así que no te serviría de nada tratar de culparme por haberte guardado el secreto.” Pero nuevamente, no resultaba ser la obligación de nadie el revelar las noticias mientras la paternidad de aquella bebé fuese ajena al irlandés, o bien, aquello era lo que hace segundos había sido aclarado. No obstante, la actitud por parte de la fémina y lo mucho que se negaba abrirse por completo a él resultaban dar cierta intriga, como si en el fondo aquello no fuese todo, si algo estuviese siendo oculto, pero claro que quería creer que estaba equivocado. Fue entonces cuando se vio chocando con una barrera de réplicas que alcanzaron su posición sin previo aviso, siendo una enorme sorpresa e indignación las que de pronto conquistaban el interior del mayor. “A ver, primero que nada, cálmate, porque lo que hice no fue más que reclamar el derecho de la duda, hacer esa pregunta que incluso tú en mi lugar hubieses tenido. Las fechas coinciden, la niña tiene mis ojos y tú pareces querer revelar de todo menos la jodida verdad, pero claro que tienes la libertad de meterte con quien quieras y no me queda más que creer en tu palabra.” Disparó de golpe, siendo él quien ahora se encontraba más que alterado. “Segundo, claro que no es lo que espero, ¿Por qué habría de querer una hija en este momento? Quizá en algún punto ese pudo ser un plan de ambos a largo plazo, pero te adelantaste, desapareciste y después de tanto tiempo lo único que haces es reclamarme, maldita sea.” Tomó una fuerte bocanada de aire e hizo lo posible por bajar el tono de voz que se estaba yendo de sus manos y no por la bola de idiotas que estuviesen durmiendo arriba, pero por no asustar a la niña que se encontraba apenas a unos pasos de él y si no fuese por las distracciones a su alrededor, incluso ella habría comenzado a desahogar gritos de temor ante la gravedad de la situación. Hizo una pausa y respiró profundo, logrando de esta manera, mantener el control de sus arrebatos durante el último punto. “Y finalmente, puedes asumir lo que quieras acerca del porqué me alejé todo este tiempo, culparme de lo primero que se te venga a la cabeza y no pienso prestarme a dar explicaciones, pero por ningún motivo cuestiones mis intenciones o capacidad como padre, porque sé que es probablemente uno de los pocos lados que nunca has conocido de mí y te juro, Sophia, que si esa niña hubiese sido mi hija jamás te habría dado la espalda ni a ti, ni a ella y ten por seguro que nada les hubiera faltado. Sin embargo, no es el caso, así que, si ya terminaste con tus estúpidas suposiciones, con permiso, no pienso perder más mi tiempo aquí.”
No le quedaba más que escuchar porque si ella tuvo la osadía de explotar como lo hizo, creía que el irlandés también era poseedor de dicho derecho. Sentía las lágrimas amenazando sus avellanados, las gotas acumulándose en su campo de visión sin tener una razón justa para dar libertad de rodar por sus coloradas mejillas pues no estaba triste y tampoco enojada, eran lágrimas de impotencia, incertidumbre, un llanto lleno de todas aquellas cosas acumuladas en el interior de la morena y que ahora parecía el peor momento para dejarlas caer. “Yo no me adelanté, no desaparecí. Me alejé, que fue diferente, me alejé de ti porque lo pediste, porque era lo mejor para ambos y sin embargo seguimos aquí, atrapados en un maldito crucigrama donde creemos tener respuesta pero jamás las palabras correctas para terminarlo.” La voz se le cortaba, y con gotas sabor a sal volteó a ver a la niña con quien compartía sonrisa y alguno que otro aspecto. Se veía apacible sobre su asiento, el pulpo de felpa siendo su entretenimiento mientras su madre argumentaba por cosas del pasado con una persona que, para la nena, era completamente desconocida. Las palabras de Blake eran como un soundtrack para la imagen de Gracie a medio arrullar, como una daga que se adentraba más a la herida en su pecho, una herida que el irlandés dejó con el paso de los años y que, Sophia tuvo la creencia, se cerraría con solo unos meses alejada de él. “¿Sabes cuánto quise que Gracie fuera tuya?” Musitó cuando el rubio se vio casi alejado. “Deseaba que tuviera tus ojos. Que hubiera sido un error todo lo de Caleb y que sus hoyuelos fueran gracias a ti. Que la sangre que llena sus mejillas fuera combinada con la tuya pero no es así Blake. Amaría verte en papel de padre, pero ambos sabemos que eso no sucederá pronto y, probablemente, que no sucederá cerca mío ni de Grace.”
jetblxckblake :
“Y sooooooolo voy a beber para embriagarme y tal vez olvidar, cómo yo te amé y de cómo te pude besar, y de cómo pude abrazarte…” Cantaba el irlandés a la orilla de la piscina, con más de doce tragos encima, incapaz de preocuparse por quién estuviese observando su espectáculo.
La niña en sus brazos comenzó a reír, Sophia no sabía si era porque estaba en la etapa donde todo le daba risa o porque había reconocido al rubio quien le había hecho reír con su peluche favorito. Su instinto, que ahora estaba más alerta que nunca, la llevó a que tomara el brazo del irlandés para alejarlo de la piscina. “Si te caes va a ser imposible sacarte.”
Sophia estaba tendida en una cómoda silla a tan solo unos pasos de la fiesta, su sonrisa permanecía intacta desde que hizo aparición en el lugar pero había cierta tristeza en las facciones de la inglesa. No podía creer que dejaban ese lugar e irían a otro, sería otra etapa y nuevas memorias que agregar al álbum. Dejó de divagas por sus pensamientos cuando alguien comenzó a acercarse a donde estaba ella con Gracie en su regazo. “Hola tú.”

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snapchat | everyone
a-zxnith :
rechicken: I wuz jus playin rechicken: of course yo is a nigga rechicken: niggers are niggers!! rechicken: unless u wanna be a snoflake
sxphia: niggers are niggers! JAJJAJAJAJJAJAJAJAJA sxphia: y si quiero ser una snoflake? :c
&.everyone
oliviawaldxrf :
queenolivia: Parece que todos osaron porque no hay nadie aquí :( queenolivia: ¿Tú estás fuera también? queenolivia: Todo está bien…o intenta estarlo.
sxphia: Bueno, ¿cómo sabes que no hay nadie? sxphia: Que yo sepa no hay ninguna fiesta en la que pudieran estar :c sxphia: Si, estamos con mi mamá un rato antes de que vuelva a Londres sxphia: ¿Quieres hablar de eso?
snapchat | everyone
a-zxnith :
rechicken: swaaaaaaaaag rechicken: me is yoh nigga mama rechicken: Dis feelin’ is da best rechicken: is you white? cuz me is not talking to you
sxphia: Llevo 5 minutos riéndome de esto sxphia: ¿Qué jerga es esa, Pollo? JAJAJAJAJAJA sxphia: Ya, pero no sé si cuento como blanca o nigga, tu dime
&.everyone
oliviawaldxrf :
queenolivia: ¿Por qué el campamento está tan vacío? queenolivia: ¿Acaso me dejaron y se fueron todos? queenolivia: Me siento sola y 911 dice no puede hacer nada al respecto :(
sxphia: Por favor, nadie osaría dejarte sxphia: ¿Qué tienes, Liv? sxphia: ¿Te sientes bien?
jetblxckblake :
Todo sucedió en el lapso que decidiste cortar a todos de tu vida, de la nada. Aquellas simples palabras causaron un revuelco en el interior del irlandés, a sabiendas que, a pesar de todo, no podía juzgarla por considerar los acontecimientos de cierta manera cuando, de por sí, él nunca se dispuso a involucrarla en sus problemas personales, ni mucho menos prestarse a dar explicaciones acerca del por qué había sacado a ciertas personas de su radar, de su día a día, su zona de confort; aunque claramente, aquellos que tuvieron la intención y el propósito de permanecer en su vida, de una u otra forma, lo lograron. ¿El resto? Estaría en graves condiciones psicológicas si esperaban un ruego por parte del rubio, fuese quien fuese. Por otro lado, las fechas inexactas brindadas por la morena aumentaban la intriga en el masculino, por más que no tratase de un chico que realmente anotase la fecha de sus acostones -o tan siquiera los nombres- sabía que la línea capaz de dividir un antes y un después en la relación de aquel par se ubicaba en las celebraciones de año nuevo, lo que dejaba los últimos meses como una posibilidad en cuestión. Relamió sus labios y permaneció de pie en el mismo punto, considerando la distancia marcada por la fémina una reacción inesperada, pero comprensible. Pasó la diestra por su nuca y suspiró, girando momentáneamente hacia la pequeña y, una vez más, hacia su ex amorío. “No te culpo, tuve mis razones para alejarme y sería estúpido que me buscaras para compartir esta noticia después de todo lo que…” Todo lo que tú y yo tuvimos, aunque en el instante se sintió incapaz de concluir la oración. “El punto es que…no era tu obligación decirlo, ni la mía saberlo.” Pero la duda continuaba ahí, más presente que nunca, bombeando en el interior de la cabeza del irlandés. Pasó la mano por su barbilla y tras una lucha con la curiosidad, la misma inquietud conquistó sus acciones, obligándolo a elevar la mirada y fijar clara y directamente sus esferas azules sobre otras más oscuras, en busca de nada más y nada menos que la verdad. “¿O me equivoco, Sophia?” Inquirió de pronto, tensando la mandíbula y cruzándose de brazos, avanzando otro par de pasos sin importar lo ocurrido en el previo intento. “¿Existe alguna razón por la que yo debía saber acerca de este bebé?” Soltó finalmente, empleando un tono autoritario que le hacía justicia a una mirada inquisitiva clavada en la contraria, evitando a toda costa la versión clara y concisa de la cuestión planteada: ¿Era él el padre de esa criatura?
No era tu obligación decirlo, ni la mía saberlo. ¡Pues claro que no, pedazo de imbécil! Él solo se había privado de las cosas que merecía, o no, recibir por parte de ella. Y sin embargo, ¡Dios, sin embargo! Seguía completamente dispuesta a contarle todo acerca de ese pequeño bodoque que la hacía llorar y reír al mismo tiempo con tan corta edad, que tanta felicidad le daba y al mismo tiempo tantos dolores de cabeza. No era su obligación contarlo, así como no era su obligación comer sano, dormir a sus horas, estudiar, etc. Nadie había escrito un libro sobre las obligaciones que tenía y cuáles no, pero hacía ya un buen rato que Sophia decidía cuáles obligaciones seguir y cuáles ignorar. Y no –repitió en su mente, turbulenta como un río después de una tormenta tropical –no era obligación de Blake saberlo, porque, como se dijo, él solito había pedido los derechos con la colombiana, hasta de los más mínimos detalles, de los cuáles el irlandés seguro ni recordaría la mitad. Estaba plasmada ahí, con un biberón hirviendo en la mano, una niña sin dormir en el portabebés y un rubio de casi dos metros mirándola fijamente como si fuese a encontrar las respuestas a todas las preguntas del mundo justo en sus pupilas. “No, no te equivocas.” Contestó con voz fría, como si todo el calor que estaba guardándose en su interior no lograra encontrar manera de colarse por sus cuerdas vocales. “No sé, creí que para tener seis años conociéndonos, habría sido casi obvio que te diría las nuevas ¿o no?” Soltó de golpe, cruzando los brazos como el único escudo que tenía ahora entre sus cuerpos, ya que la distancia había sido eliminada casi por completo. Comprendía a que venían todas esas preguntas, pero se puso a pensar en las palabras anteriormente empleadas por el irlandés: No era su obligación decirlo, ni la suya saberlo. “¿A dónde quieres llegar con esas insinuaciones? ¿Esperas que llegue a la confesión de que Gracie es tuya? ¿Para qué, Blake? ¿Para que puedas fingir que ninguna de las dos existe, como llevas haciendo desde hace meses conmigo?”

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jetblxckblake :
Estaba de más resaltar el hecho de que Blake jamás había sido un hombre derecho, con metas en la vida ni mucho menos una responsabilidad de la que pudiese presumir en cuanto su poca capacidad de llevar una situación seria por su propia cuenta fuese puesta a prueba. Por ende, nadie se imaginaría al irlandés formando una familia o cuidando de manera adecuada a un bebé en un futuro, ni lejano, ni mucho menos cercano. Sin embargo, aquella última teoría continuaba siendo errónea, pues por más irreal que pudiese verse, Blake estaría dispuesto a ser el mejor padre algún día, dedicando una total entrega a aquel pequeño ser que, si bien le iría, traería al mundo en el momento adecuado, cuando en verdad estuviese preparado para ello. Su relación con los niños nunca fue exactamente mala, pues era con ellos con quien se permitía sacar aquel niño interior que tan solo sus mejores amigos sabían que mantenía presente incluso a esta edad. Aquel hecho, sumado con lo encantado que se vio de primer instante con aquella criatura, fueron los factores que lo llevaron a realizar tal espectáculo a altas horas de la madrugada, cuando su único motivo de desvelo era la necesidad de un poco de agua. Claro, aquel hecho fue totalmente olvidado luego de que una sorpresa aún mayor a tener menores de edad en su propia fiesta lo golpeó tal saco de boxeo en manos de un profesional. Su mente comenzó a idear miles de teorías, posibilidades, unas más cercanas a la realidad, aunque éstas eran las que menos se dignaba a creer. No obstante, su mente dejó de divagar al momento en que la verdad fue revelada y, en ese instante, juraría que la casa entera sufrió una fuerte sacudida, o al menos así se sintió desde la caja torácica del muchacho, un fuerte movimiento que por segundos le impidió entrada al oxígeno, haciendo corto circuito en su cabeza y provocando que varias partes pronto dejasen de funcionar en su anatomía. Sus labios entreabiertos y la ausencia de palabras delataban la gran demora que tras aquel fuerte golpe tomaba su cerebro en conectar a la realidad y fluir hasta su boca para una digna reacción. Sin embargo, nada, más que incredulidad. Dejó el peluche en manos de la pequeña y se colocó de pie, aunque esto no lo hizo moverse de su sitio, manteniendo una distancia pronunciada entre ambos. Volteó hacia la niña y, nuevamente, a quién decía ser la madre de ella, misma mujer con quien compartía una larga historia cargada de sentimientos de los cuales siempre huyó y a pesar de ello, no podía dejar de sentirse afectado ante la gravedad de la noticia que ahora caía sobre sus manos. “¿C-cómo? ¿C-cuándo sucedió esto?” Soltó finalmente, avanzando un par de pasos hacia ella. “Sophia, si esto es una broma, quiero que sepas que no es para nada gracioso.” Advirtió, claro, tratando de retrasar el proceso que lo llevaría a caer en la duda más fuerte y poderosa, esa que hablaba de la paternidad.
Se daba una idea de las cosas que podían estar rondando los pensamientos ajenos, ya que las mismas dejaron huella en los propios. ¿Acaso Gracie era producto de uno de los tantos encuentros que tuvieron? ¿Blake era la razón por la cual esa criatura existiera? La respuesta era negativa, Sophia estaba, al menos un 90%, segura de que esa bebé no era gracias al irlandés en cuestión. Pero ¿si lo fuera? Eso sería un giro de 360° para su vida, la de Grace y, notoriamente, la de Blake. Para la buena suerte del rubio, esas eran solo especulaciones de la inglesa, aunque los ojos de la niña la sacaran un poco de su seguridad casi a diario. ¿Podía moverse y alimentar al bebé o debía quedarse de pie por si debía escapar? No porque estuviera en peligro, sabía que el chico no era ese tipo de persona no importase cuanto alcohol tuviera en su sangre, sino por el miedo psicológico que la confrontación le daba. Sus miradas se entrelazaron, como las miles de veces pasadas, todas con distinto significado. No supo si la sacudida la habían sentido todos los presentes o solo ella internamente, pudo jurar que todo su cuerpo se tambaleó por unos buenos segundos. Sin darse cuenta, cuando él dio unos pasos hacía ella, dio un paso hacia atrás. “No es una broma.” Declaró completamente seria, estable, aunque por dentro sintiese como el estómago le daba vuelcos bruscos. “Pasó en diciembre y ella nació en agosto. Es- básicamente, todo sucedió en el lapso que decidiste cortar a todos de tu vida, de la nada. ¿Cómo esperabas que te dijera, si ni siquiera me mirabas?” Y por primera vez, la voz se le escuchó débil. Por primera vez tenía pena de contar cosas sobre su propia hija, tenía miedo de la reacción de alguien, tenía miedo de todo. Tenía miedo de que Blake se alejara totalmente –y hablando de todas las maneras en las que una persona se puede alejar de otra – de ella, porque si no pudo con un par de meses, menos sabría que hacer con toda una vida.
jetblxckblake :
Inmediatamente se inclinó tras el objeto que recientemente había aumentado las probabilidades de ese accidente que incluso logró evitar en el peor de sus estados hace unas cuantas horas. Tras una suposición bastante atrevida, la sorpresa al realizar de lo que en realidad trataba fue mayor de lo que esperaba. “Pero, ¿Qué verga?” Cuestionó con el ceño fruncido, repasando mentalmente la lista de invitados en busca de quién podría ser el marica que traería consigo un peluche para dormir. Sin embargo, el proceso se vio interrumpido en cuanto el balbuceo proveniente de una suave y dulce voz resonó por la sala, acompañado de un sonido bastante parecido a un par de maracas. El irlandés inspeccionó a su alrededor, hasta que finalmente sus esferas se posaron en un portabebés con una pequeña criatura observándolo fijamente. De pronto, la situación se volvió incluso más confusa, aunque al menos había hallado a la propietaria de aquel peluche en forma de pulpo. Ahora, simplemente faltaba hallar a la mamá. Se aproximó un tanto inseguro de si aquello trataba de una alucinación a causa de tanto alcohol o si las cosas se habían descontrolado tanto en la casa que bebés ya habían sido procreados a lo largo de la fiesta. Analizó por unos segundos a la infante, tardando apenas unos instantes en verse encantado por ella, colocándose inmediatamente de cuclillas y de esta forma poder admirarla más de cerca. “Hey” Murmuró suavemente, dibujando una sonrisa ladina sobre sus comisuras. “Supongo que esto es tuyo, ¿Eh?” Inquirió acercando el juguete a la pequeña, sacudiéndolo para que éste hiciera un poco de sonido. La bebé comenzó a reír y el rubio, de la misma manera, se vio contagiado por aquella alegría que emanaba la criatura. “¿Quieres al señor pulpo? No lo tendrás, ahora es mío.” Comenzó a jugar, como si tratase de un pequeño niño que no compartiría sus pertenencias. Abrazó al peluche, ocasionando que la niña soltara una carcajada aún más sonora y duradera ante las diferentes muecas que comenzaba a realizar el mayor, mismas que se vieron interrumpidas en cuestión de segundos en cuanto una tercera se incluyó a la escena. Giró rápidamente para averiguar de quién trataba, resaltando la curiosidad acerca de la progenitura de su nueva acompañante. Fue entonces cuando sus azules chocaron con otros más oscuros, permitiendo que el mundo entero se viniera abajo a la vez que sus labios se entreabrían y más allá de la vergüenza de lo patético que podría haberse visto hace unos momentos, se encontraba la incredulidad, esa realidad que se negaba a creer sin siquiera averiguar al respecto. “Y-yo…¿Qué demonios sucede aquí, Sophia?” Articuló aquel nombre por segunda vez en la noche. No obstante, nada más salió, siendo aquello suficiente para hacerle saber que requería una explicación y las suposiciones en falso no serían lo suyo, no en ese caso.
Le habría gustado presenciar más de aquella escena, pero como todo lo bueno en la vida, éste duró pocos segundos. Eran contadas las veces en que Blake se permitía ser adorable y Sophia lograba presenciarlo, no obstante, no creyó que llegaría el día donde encontraría a Blake Parker haciendo caras graciosas a su hija mientras movía un pulpo de peluche para hacerla reír. Cuando sus ojos chocaron con los ajenos pudo sentir como la boca del estómago se le llenaba de mariposas por segunda vez en el día, ¿cuáles eran las probabilidades de que saliera corriendo a buen tiempo y evitar las explicaciones? Su pequeña mano apretujó la botella en un intento inútil de que el objeto le regresara la habilidad de respirar, la cual había perdido cuando su nombre quedó flotando en el aire junto a la interrogante. “Y-Yo..” ¿Y cómo le explicaba eso? ¿Cómo explicar que en aquel tiempo donde no se hablaron ni para pedir la hora, ella estuvo llevando un tipo de relación, la cual llevó a la bebita quien miraba al –para ella – extraño con grandes ojos cerúleos? En algún momento de su vida, la mayor se vio a si misma con un bebé de brillantes ojos azules, rizos rubios y nariz pequeña adornando su carita, con ese mismo chico jugando y haciendo caras graciosas a su lado. Sin embargo, esto no era a lo que se refería con esa fantasía lejana porque así no debían ser las cosas, no debían estar en esa situación y, probablemente, si las fantasías de Sophia se hubieran cumplido, Gracie no estaría sonriendo al desconocido en estos momentos. “E-Ella es mi h-hija, Gracie.” Había dicho aquella frase en voz alta más veces de las que podía contar y, en definitiva, ésta era la más difícil. Era extraño, quería tomar a la bebé en sus brazos y salir corriendo de ese momento porque no estaba lista para enfrentar a Blake. No lo estuvo hacía unas horas en la orilla del mar, no lo estuvo hacía unos meses cuando nadaban cómodamente en una piscina, ¿Qué le hacía creer que lo estaba ahora, a mitad de la madrugada? Logró humedecer sus labios con un roce ligero de su lengua, de pronto la boca la tuvo tan seca como el cartón y el corazón le palpitaba como loco.