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BiografĂa de Emily Dickinson
Emily Elizabeth Dickinson naciĂł en Amherst, Massachusetts, el 10 de diciembre de 1830, el mismo año que Eugène Delacroix pintĂł La Libertad guiando al pueblo. VenĂa de una familia arraigadamente religiosa y adinerada. Su padre, Edward Dickinson, egresado de Yale, era un ambicioso abogado que siguiendo con el legado familiar llegĂł a desempeñarse como miembro del Senado, Ă©l era una persona de trato muy frĂo. Con respecto a su madre, no se sabe lo suficiente sobre ella más allá de los poemas que su hija le dedicĂł tras su muerte. Ella no era cercana a ninguno de los dos, de hecho, en una de sus cartas Emily dice ¨ ÂżMe podrĂas explicar que es una familia? Nunca tuve madre. Supongo que una madre es alguien a quien acudes cuando tienes problemas. No aprendĂ a leer la hora del reloj hasta que cumplĂ quince años. Mi padre pensĂł que me lo habĂa enseñado, pero yo no lo entendĂ, y tuve miedo de decirlo, o de preguntar a otra persona, por si Ă©l se enteraba o me reñĂa¨ No estaba del todo sola en el mundo, tenĂa dos hermanos, Austin y Lavinia.
La educaciĂłn de Emily Dickinson se dio por un conjunto de buenas circunstancias, en primer lugar el extracto econĂłmico en el que se encontraba su familia. Y en segundo, que la Academia de Amherst que hasta 1938 solo habĂa sido para varones, decidiĂł abrir sus puertas a la inscripciĂłn a niñas y un par de años más tarde Emily empezĂł a asistir a clases. AllĂ aprendiĂł literatura, religiĂłn, historia, geologĂa, biologĂa y matemáticas. Nunca se destacĂł especialmente con los nĂşmeros, años más tarde harĂa tratos con Susan Gilbert sobre realizar su tarea de Literatura a cambio de que le hiciera la de aritmĂ©tica y geometrĂa. Fueron en estos años donde se empezĂł a nutrir su amor por lectura, leĂa a Shakespeare, las hermanas Bronte, Keats, Browning a la par que coqueteaba con la creaciĂłn de sus primeros poemas.
Años más tarde, en 1948, Emily abandonĂł su hogar para ir al Seminario para Señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke donde recibiĂł mayor formaciĂłn religiosa y complementĂł su educaciĂłn superior. Ella no se sentĂa cĂłmoda allĂ, no le gustaba la ferviente imposiciĂłn que querĂan hacerle con respecto a su fe, sus padres tambiĂ©n deseaban que volviese y hay otras fuentes que indican que tambiĂ©n habĂa enfermado, sea cual sea el caso terminĂł dejando el lugar.
En el verano de 1950, ocurriĂł uno de los sucesos más importantes en su vida, conociĂł a Susan Gilbert, la cercanĂa entre ellas fue inmediata, producto de intereses e ideales comunes. Intercambiaban libros, confidencias, sueños y besos. En muy poco tiempo se volvieron una pieza indispensable en la vida de la otra. “Somos los Ăşnicos poetas”, le dijo Emily a Susan, "y todos los demás son prosa”. Pero lastimosamente, en medio de la construcciĂłn de su vĂnculo, Susan se tuvo que trasladarse diez meses a Baltimore para ser profesora en una escuela. No obstante, continuaban con su intercambio epistolar.
``Susie, Âżvolverás a casa el prĂłximo sábado, volverás a ser mĂa y me besarás como solĂas hacerlo?… Tengo tantas esperanzas por ti, y siento tantas ansias por ti, siento que no puedo esperar, siento que ahora debo hacerlo. Te tengo, que la expectativa de volver a ver tu rostro me hace sentir calor y fiebre, y mi corazĂłn late tan rápido, me voy a dormir por la noche, y lo primero que sĂ© es que estoy allĂ sentado, completamente despierto, y abrazando Mis manos se aprietan con fuerza y pienso en el prĂłximo sábado… Vaya, Susie, me parece como si mi Amante ausente regresara a casa tan pronto… y mi corazĂłn debe estar muy ocupado, preparándose para recibirlo``
Tras su regreso, el enamoramiento de Emily por Sue como adoraba llamarla, ya estaban más que confirmado, pero para su mala fortuna no era la Ăşnica Dickinson que tenĂa sentimientos románticos por Gilbert, tambiĂ©n los tenĂa Austin.
Ese mismo otoño, Sue y Austin anunciaron su compromiso. Emily le escribiĂł una carta a su hermano que decĂa “Querido Austin, soy aguda, pero tĂş lo eres bastante más, tengo algo de zorro, ¡pero tĂş eres más sabueso! Supongo que aun asĂ somos buenos amigos, y supongo que los dos queremos a Sue lo mejor que podemos” Luego de la boda se mudaron a Evergreens, la casa construida para los reciĂ©n casados, al otro lado del cĂ©sped de Homestead, la casa donde vivĂa el poetisa enamorada de su mejor amiga y actual cuñada.
Pronto se formó un corredor desprovisto de césped entre Homestead y Evergreens cuando Emily y Susan atravesaban el césped diariamente para verse o para presionar en la mano de la otra una carta despegada del pecho de un vestido. Un “pequeño camino lo suficientemente ancho para dos que aman”, lo llamó Dickinson. Durante el siguiente cuarto de siglo, 276 poemas conocidos viajaron entre sus hogares, algunos a pie y a mano, pero muchos por correo.
Ahora me siento mejor, Sylvette (no habrá ninguna igual) y te bendigo desde el fondo de los fondos de mi casa y de mi raza (de la que me siento desunida, sin embargo los oigo allá lejos cantarme sus ensalmos). Dije ensalmos y el barco se detuvo. Silvina, chĂ©rie, escribĂ mucho: si no lo hacĂ©s vos ÂżquiĂ©n lo hará, entonces? Te lo reitero, lo sĂ©; volverĂ© a decirlo, ahora y siempre. AlgĂşn dĂa me contarás un cuento con caballos de calesita? “Yo he sufrido tanto.
ÂżMe lo contarás algĂşn dĂa?” Gracias (estoy muy bien)
y un abrazo matemático de A.
Oh Sylvette, si estuvieras. Claro es que te besarĂa una mano y llorarĂa, pero sos mi paraĂso perdido. Vuelto a encontrar y perdido. Al carajo los greco-romanos. Yo adoro tu cara. Y tus piernas y, surtout, tus manos que llevan a la casa del recuerdo-sueños, urdida en un más allá del pasado verdadero.
-Carta de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo
Silvina, curame, no hagas que tenga que morir ya.

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Ma très chère:
TristĂsimo dĂa en que te telefoneĂ© para no escuchar sino voces espĂşreas, indignas, originarias de criaturas que los hacedores de golems hacĂan frente a los espejos (cf. von Arnim).
Pero vos, mi amor, no me desmemories. Vos sabés cuánto y sobre todo sufro. Acaso las dos sepamos que te estoy buscando. Sea como fuere, aquà hay un bosque musical para dos niñas fieles: S. y A.
-Carta de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo
Silvina, Sylvie, Sylvette, te llamĂ© y nadie contestĂł. Por eso te escribo. Es algo muy simple (“c'est aussi simple comme une phrase musicale”) y que puede formularse más o menos asĂ: la habitaciĂłn se balancea y oscila como un barco. Cuando te llegue esta cartita ya no se moverá más mi cuarto, gracias a vos y un poco gracias a mĂ, porque te escribo en vez de quedarme “inmoble” (lo descubrĂ ayer). En suma, quisiera, al final de todo, poder decir como el Poeta:
“on n'a pas été des lâches
on a fait ce qu'on a pu”.
-Carta de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo
Señores de ahĂ arriba: para Silvina exigimos todas las alegrĂas suaves e intensas, y que escriba muchĂsimo, y que sea como es si bien la aceptamos de todos modos si llegara a cambiar.
Otro sĂ: deseamos para ella todo el bien
-Carta de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo
Quien siente mucho, se jode y no encuentra palabras y entonces no habla y es ésa su condena. Me apresuro a emitir mil gracias por las flores que recibà gracias a vos el sábado 29/11/69 a las 7 u 8 del crepúsculo, son tuyos o no los dibujos o incisiones o mascarillas...
Un abrazo breve
para que admires qué
pronto conseguĂ un
gravador de papeles
como el tuyo.
-Carta de Alejandra a Silvina Ocampo
DesapariciĂłn de Agatha Christie
Se habĂa esfumado el viernes 3 de diciembre de 1926 a las 21.45 de la noche. Todos la buscaban. Solo habĂa dejado escrita una nota a su secretaria, donde le decĂa que salĂa a dar una vuelta en auto por la zona de Yorkshire.
Al dĂa siguiente, su vehĂculo, un Morris Cowley gris, apareciĂł destrozado. Estaba chocado de frente, sin frenos, al pie de un barranco en la zona de una cantera de tiza en Newland’s Corner, en el condado de Surrey. El lugar quedaba muy cerca de un lago y a cien kilĂłmetros de donde ella vivĂa. Dentro del auto, la policĂa hallĂł su abrigo de piel, una valija pequeña con algo de ropa, restos de sangre y una licencia de conducir vencida.
No solo la rastreaban más de mil policĂas y unos quince mil voluntarios, tambiĂ©n sobrevolaban la zona con aviones y, temiendo un suicidio, dragaban los lagos y los rĂos. El ministro del interior inglĂ©s, William Joynson-Hicks, se involucrĂł en su bĂşsqueda. La presiĂłn del pĂşblico era enorme. Incluso, algunos medios de comunicaciĂłn salieron a ofrecer una recompensa a quien aportara datos.
El cĂ©lebre autor y mĂ©dico británico creador del personaje Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle, amigo de Agatha, llegĂł a darle a una mĂ©dium un guante de la escritora para que intentara adivinar quĂ© habĂa pasado con ella.
Luego de once dĂas de desesperaciĂłn, el martes 14 de diciembre de 1926, Agatha reapareciĂł en escena. Estaba en el hotel Harrogate Hydro (hoy llamado Old Swan Hotel), en un exclusivo balneario de Yorkshire. Se habĂa registrado como Teresa Neele y habĂa escrito en la ficha que provenĂa de Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Misterio, en parte, resuelto.
Ahora, lo que más intrigaba a todos eran los motivos para semejante huida. Agatha guardĂł silencio. No les dijo quĂ© hacĂa allĂ, ni cĂłmo habĂa llegado, ni pareciĂł reconocer a su marido que se hizo presente en el lugar. Fue enviada directamente a un centro psiquiátrico.
Lo cierto es que todo aquel incidente habĂa arrancado en la mañana de la noche en la que desapareciĂł, aquel viernes 3. PrometĂa ser un dĂa feliz porque saldrĂa a la luz El asesinato de Roger Ackroyd, su sexta novela de misterio. Pero, durante el desayuno, recibiĂł una noticia que la dejĂł shockeada. Su marido Archie Christie, quien ya era un consolidado banquero, le pidiĂł el divorcio. Estaba enamorado de otra mujer y querĂa pasar el fin de semana con ella y unos amigos.
Esa mujer tenĂa diez años menos que Agatha y era una amiga de la pareja: Nancy Neele. No fue casual que fuera el mismo nombre con el que se registrĂł Agatha en el hotel mientras estuvo desaparecida. Nancy habĂa sido secretaria de un amigo y solĂa jugar al golf con Archie. Agatha la apreciaba.
Agatha nunca lo aclaró. Del accidente solo dijo: “Fui estúpida, estúpida... porque amaba profundamente la vida”.

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Soy tan amable que mi trato te hace sentir por encima de mĂ, estás tan acostumbrado a pedirme favores que ya no podes verme como igual ÂżPor quĂ© lo serĂa si siempre estoy sirviendote? Tan acostumbrado a mi ayuda que ya no te genera gratitud, sino lo que das por sentado o hasta te genera resentimiento cuando supera mis capacidades. Deshumanizada ya no soy más que un instrumento para tu comfort.
"No se debe permitir que las restricciones externas segreguen la mente o el alma"
Charlotte Hawkins Brown
«¡El suyo es el primer libro de esta especie con un final feliz! No todos nosotras nos suicidamos y a muchas nos va muy bien»
Fragmento de una carta enviada por una fan a Patricia Highsmith
Existen noches como Ă©sta en la que la ansiedad respira a mi lado, y escucho el tic-tac del reloj más deprisa. Despierto en la madrugada y al verme al espejo no soy capaz de reconocerme, me aterra aceptar que ya casi tengo 19. Me asusta crecer porque implica que todos los sueños con los que me consolaba de niña podrĂan volverse cenizas, y lidiar con el hecho de que no he hecho más que mentirme a mi misma.
Inside the beautiful Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

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Shyama Golden (Sri Lankan-American, 1983) - Intertwined (2020)
La madurez para mĂ edad no borrĂł el hecho de que yo era una niña, y me quitaste todo rastro de inocencia. Podes pretender, lavarte las manos y tratar de actuar como si fueras una vĂctima de tus propias acciones. No eras otra persona, tu alma estaba al descubierto en su más inmensa oscuridad. No fui una excepciĂłn, probablemente ni siquiera una primera vez, pero espero que el sentimiento que te dejĂł despuĂ©s haya sido tan amargo como para ser la Ăşltima. Tu amabilidad solo es un disfraz ante toda tu perversiĂłn, te importa tu imagen pero tendrás que vivir para siempre con que estás podrido por dentro.