Pese a que la castaña no le daba mayor importancia, Rose recordaba lo enfadada que se ponía cuando veía a la mayor regañar a ésta por errores tontos con las cuerdas o cuando apagaban las hogueras “Ya pero, no sé, sé que mi hermana puede llegar a ser muy hija de puta. Como dejarte sin champú o tirarte la ropa al río” y aunque eso no se lo hizo a ella, si a una compañera del año pasado que se pasó de listilla y encima ella lo rememoraba con orgullo. Viró sus cuencas, agradeciendo no haber sacado ese carácter “No sé, quizás te pudo su moreno, sus dientes bien juntos, que no guardaba entradas…” calibró cada una de las opciones del posible atractivo del muchacho. Enrojeció por la afirmación de que le daba asco el miembro varonil. A la cuestión, puso cara de perderse “No… la verdad” asintió conforme le iba contando. Al menos, tuvo su final feliz y se alegraba de que le hubiera ido bien las cosas con otra chica que le entendiera “Vaya, eso es magnífico. Seguro que es un padre muy cariñoso, al menos así era con los nenes más peques” rememoró cortamente. Al terminarse la botella, asintió, riendo entre dientes “Es que… ha sido increíble que por fin haya probado la cerveza ¿estaría mal pedir otra?” cuestionó para sí, sabiendo que de momento estaba poniéndose contentilla “¡Sí!” gritó quizás demasiado rápido, para luego rezaguar su cara del resto de clientes, tomando la botella con la mayor naturalidad posible. Después del trago y de la pregunta que le lanzó, Rose suspiró “He tenido algunos. Pero no llegamos más que a tercera base… Salvo con Kevin. Perdí mi virginidad en el baile de fin de curso pero no fue tan bonito como lo planteé” aceptó a sincerarse con las castaña, mirándola con un sentimiento agridulce “Además, él después me ignoró y sólo sé que se fue hacer medicina a Boston y ahí… se acaba mi vida romántica”
Ser la persona junto a la que Rose había probado su primera cerveza la hacía sentir especial y, aunque el acto en si no era precisamente lega, no podía dejar de llenarse de orgullo. - No se diga más. - rió por su subida de tono y, con un par de golpecitos en la mesa con el culo de su botella, atrajo la atención del camarero para luego alzar dos dedos demandando otra ronda. - ¿Qué quieres decir con tercera base? ¿roces con la ropa puesta? - indagó sin terminar de tener muy claros los términos. Ella no relacionaba esos nombres con actos y mucho menos con los que ocurrían en relaciones heterosexuales donde el fin último era la penetración. - No, ¿en serio? - puso gesto triste. - Que fuese en el baile de fin de curso ya lo pintaba bonito. - al menos para la mayoría de adolescentes americanas. Pero si Rose expresaba que no lo fue tanto, tampoco iba a romantizar el asunto. - O sea, que era un gilipollas integral. - resumió a su manera al tiempo que les acercaban dos botellines más a la mesa. - Si quieres, cuando vuelva a la ciudad, le hago una visita especial de tu parte. - bromeó tratando de quitar hierro al asunto. Menuda casualidad que estuviera en Boston (lugar donde ella había nacido y residía). - De todas maneras, lo de perder la virginidad durante esa época está muy sobrevalorado. Y la mayoría de las chicas lo vivimos como algo feo que no nos atrevemos a reconocer. - suspiró negando. - Yo creo que, si no fue del todo positivo, no debes verlo como tu primera vez sino como un experimento más que te ayuda a coger experiencia. Y ya, cuando llegue ese momento mágico del que todo el mundo presume, no te pillará a ciegas. - sonrió rememorando el propio. - Porque nadie dijo nunca que el mejor tuviera que ser el primero.