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“ Me impresiona que siquiera te escuchen entre tanta emoción ”. La verdad es que Lyra no ha intentado acercarse a nadie que no tenga un numerito sobre su cabeza; detrás de la aparente indiferencia se esconde cierto temor a exponerse a una situación tan... distinta. “ Supongo ”, coincide, asintiendo con suavidad mientras observa la esfera con los ojos entornados y especial detenimiento. “ Debe ser algo bueno, si no... ¿por qué tanta felicidad? ” Puede jurar que jamás en su vida ha visto a tantas personas sonrientes, ¡y de todas las edades! La cantidad de infantes es impresionante. “ Solo es año nuevo ”. Y tal vez, la emoción por la festividad es una de las tantas cosas que el tiempo desvaneció. “ ¡Qué valiente! ”, juega, proporcionando un suave toquecito sobre su brazo. El destello de la complicidad, propia de quien se encuentra en el mismo extraño entorno, aparece en su mirada. “ Tienes que intentar pensar como ellos ”, señala con el dedo índice a la multitud. “ ¿Qué podrían querer para el nuevo año? ”. Pregunta, mas no espera respuesta. “ Puedes prometer que vas a ser mejor persona ”. Ambas manos se posicionan en su pecho y parpadea varias veces con fingida inocencia. “Que vas a ponerte en forma y esperas que el sistema no colapse por completo... Están muy preocupados por el fin ”. Se mofa; bien sabe que no está ni cerca de ser el final. “ ¿Quieres practicar? Puedo ser la reportera y me impresionas con tus propósitos ”. Propone, clavando su mirada en él, todo sea por mantenerse alejada de esa jauría unos minutos más.
"Bueno, ahora que lo mencionas..." Eso explicaría por qué la mayoría le respondió casi que con monosílabos y frases repetitivas. Dándose cuenta que quizá no fue lo suficiente claro y perdió oportunidades gracias a su despiste. Claro, Alek no es del tipo impulsivo, pero si algo aprendió de su hermano es a no temerle a lo desconocido, y con ello en mente, comienza a planear una segunda ronda de hostigamiento. "Nunca he entendido a la gente." Afirmación aplica tanto para la simulación como la vida real. Su vida se ha basado en ser un tipo diferente y lo que sea aquello signifique. Le gusta simplificar conflictos y otras veces le cuesta entender algo que para el resto es simple. En parte, fue esa la razón por la que se implantó un ciberware en el cerebro, algo que le ayude a organizar sus ideas. "Pero si de tecnicismos hablamos, fue un logro para la humanidad, ¿son dos mil años existiendo en este planeta? Dudo se hayan imaginado terminaríamos siendo lo que somos ahora." Tampoco se puede quejar, es la vida que le tocó y aprendió a lidiar con ello, sin embargo, es verdad que existe una libertad única dentro de la simulación.
El sobresalto carece de disimulo cuando el tacto imprevisto deja un hormigueo en su brazo, podía jurar se sentía demasiado real como para ser un simple reflejo, mas no dice nada, y a cambio, comienza a sacudir la cabeza como si entendiese algo. "Suena todo tan superfluo." Admite, dirigiendo su atención a la multitud que la mujer señala, pero cree poder inventarse algo bajo los mismos parámetros, sin sonar tan complicado. "¿Sabes? Lo sorprendente aquí es que la mayoría piense que este supuesto fin sea causado por alguien ajeno a nosotros." Hablando de desastres naturales, máquinas con vida propia, invasión alienígena, pero nunca las decisiones del mismo humano. Un suspiro amargo le hace regresar a la pseudo realidad. "De acuerdo, podemos intentarlo." Asiente una vez más. Enderezando su espalda, hombros hacia atrás, y una postura que finge certeza. "¡Mi propósito de año nuevo! Eh... ¿la paz mundial? No lo sé— a duras penas y logro levantarme de la cama todos los días." Rechista. "¿Besar a esa tal Christina cuenta? Ni siquiera la he visto."
( 18:05 hrs. ) La última vez que el bullicio generó una reacción corporal que duró más de un minuto está tan alejada de su memoria inmediata que, por momentos, duda si siquiera está ahí. Se pregunta, de hecho, si su nanochip tendría guardada un recuerdo como aquel. Por ello, con la sensación extraña que sabe es pura ansiedad, agita la bolsa de confeti que acaba de comprar en un puesto de la calle lleno de cachivaches de la época. cotillón, escuchó a un transeúnte. Cuando reconoce la numeración sobre la cabeza de alguien, se acerca sin dejar de mover la bolsa en su mano derecha. "Me gustaría tener unos tapones para los oídos" susurra. "Sobre todo cuando esa pelota enorme haga... lo que sea que espere la gente que haga".
"Unos trozos de algodón harán lo suyo, no serán los más eficaces, pero reducirán el estruendo." La sugerencia es genuina, aunque torpe, sólo porque su mente ha pasado ya por esos escenarios y sabe perfectamente lo que es intentar trabajar estando sobreestimulado. Por su parte, y en ese preciso instante, el ruido no es más que una distracción. La multitud, sin embargo... "¿Qué planeas hacer tú?" Señala a la bolsa que lleva en mano con un gesto discreto. "Tal vez salga volando, o se abra y revele que hay alguien oculto ahí adentro..." Divaga entre ideas absurdas, aunque su interés esté menos enfocado en la esfera que en la bolsa con el confeti. "¿Te encuentras bien?"
"¿A qué método recurrirías para convencer alguien de que te regale su cámara?" Pregunta en voz alta, sin introducir su presencia pero sabiendo que estaba lo suficientemente cerca como para que aquel participante lo escuche. Y si no lo hace, sabrá que ha decidido ignorarle... No que Allen pueda culparle por ello, claro. "Pero tienes una dificultad," levanta el índice, "no eres buen actor. Así que improvisar no se te da muy bien."
Permanece en silencio, meditando a profundidad la situación hipotética, quebrándose la cabeza internamente por algo que no tiene sentido y no es hasta que gira su rostro que se anima a hablar. "¿Qué te convencería a ti para regalar tu cámara a un desconocido?" Voltea la pregunta, porque, de estar en tal situación, ni loco entregaría algo que le costó preciado dinero así como así. Niega despacio, escondiendo las manos en los bolsillos de su chamarra para protegerse del frío. "Yo había pensado en robar. Después de todo, no hay forma de que nos den una amonestación si nada de esto es real." O eso cree. No recuerda haber leído nada en las reglas sobre infringir la ley con un delito menor. "Entre tantas personas, nadie se dará cuenta." Sugiere entre murmuros. "Buscas a un pobre despistado, metes la mano en el bolsillo y... ya."
En la única esquina donde las personas no corren con alegría, donde no hay tantas voces ni alaridos, y donde la basura comienza a apilarse en los desagües, se esconde. Paralizada por el miedo, por aquella sensación que le proporciona el aire fresco y que eriza el vello debajo de su abrigo, un aire que siempre ha sido humedad y polvo. ¿Era siquiera posible lograr una simulación así, o es que en el inframundo de Tserkonis se estaban perdiendo esta vida? Se mira las manos, como si no pudiera reconocer su propia piel... y camina de nuevo hacia Time Square, porque qué podrá saber ella si no es hacer girar la rueda. Su cabeza da vueltas, pero en aquella persona que guarda un número sobre su cuerpo como ella, espera encontrar un poco de camadería. "Tú..." una seña débil con su índice, que comienza a entumirse del frío, hacia los rascacielos. "¿Pudiste entrar a algún departamento ya?"
Labios emiten ruidos tímidos. Balbuceos bajos que semejan un 'hey' o 'disculpe' entre la música ensordecedora que intentan llamar la atención de quienes poseen cámaras en sus manos o agitan pompones en el aire sin éxito alguno, con la decepción creciendo en su pecho al ver que hasta en una simulación de la realidad es ignorado con descarada sencillez. Por lo que, tras escuchar tal cuestionamiento, no es capaz de disimular la incredulidad en su rostro. "¿Lo dices en serio?" Hace una breve pausa, meditando si se trata solo de una broma. "No he sido capaz ni de entablar una conversación con alguien." Admite, con la frustración siendo evidente en su voz. "Y tú hablas de meterte a un departamento." Un suspiro pesado le recuerda debe calmarse. Ajustando las pesadas gafas sobre su nariz con ambas manos, vuelve a intentar. "Supongo la gente confiaba más en los demás en esta época. Me parece descabellada la idea de meter a un desconocido a mi casa." Claro que, eso lo dice por su situación actual, pero es verdad que la gente ahí luce más... libre y relajada. "¿Y tú, lograste entrar en alguno?"

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Todos se ven tan felices. Es extraño, incluso agobiante. No recuerda la última vez que vio a tantas personas eufóricas, al menos no en el buen sentido de la palabra. “ Se la pasan señalando esa bola ”, comenta con tranquilidad, observando la brillante esfera. “ ¿Qué crees que haga? ¿Explotará? ” Al menos que una estratosférica cantidad de dinero saliera de ella, no entiende la emoción ocasionada por simples luces.
Aún le cuesta aceptar todo aquello. Las luces, el ruido, el hecho de que nada es real pero se siente como si lo fuera. La cabeza le da mil vueltas. Personas moviéndose hacia todos lados y luego está la mentada esfera que se alza enorme sobre sus cabezas. "He intentado hablar con personas." Inicia, atención haciendo trabajo extra para mantener la mente enfocada en el cielo nublado y aquella construcción en el centro de todo. Igual de confundido. "Nadie me da una respuesta concreta, sólo repiten '¡Es año nuevo!' como si fuera una obviedad." Acomoda sus gafas, manos en los bolsillos, y gira su rostro una vez más a la dueña de particulares dudas. "Supongo revelará lo que hay dentro, como un regalo." En realidad, no tiene ni la menor idea. Sólo el tiempo otorgará respuestas, y en ese momento, lo que quiere es conseguir la mayor cantidad de información posible. "¿Cuáles son tus propósitos de año nuevo? Es lo que están preguntando los reporteros que andan por ahí, voy a intentar hablar con uno de ellos, pero necesito sonar creíble." Cejas se elevan junto a un movimiento torpe de sus hombros. "¿Sugerencias?"