Al irme, sentí las manos grandes, crecidas.
(Tal vez se preparaban para recoger lo que venía más allá, después de ti).
Mi cama también tuvo cambios... Las cuatro esquinas dejaron de ser un ring para buscar aliento cuando me lastimabas y lloraba noches enteras. Ella también descansó de mis lamentos. Ahora podía acurrucarme encima para escuchar música, leer, soñar y dormir.
La verdad es que te dejé porque no había sitio para mí en tu vida. Yo debía hacerme chiquita para caber más a fuerza que por invitacion. Me fastidie de sacrificar mi comodidad para que tú sí te sintieras bien, tú sí fueras bienvenido, tú sí estuvieras en casa. El balance estaba desproporcionado porque tú todo sí y yo todo no. Y fue mi culpa, amor. Por eso, tomé cartas en el asunto...
Por eso no supiste cuándo me fui.
-Cinthyacabalga
















