Qué locura pensar que a veces nos encontramos entre la ficción y la realidad y tal vez, no nos damos cuenta que esa pequeña línea delgada que separa estas dos circunstancias es, nada más y nada menos que nuestra forma de ver cada situación. Hoy me siento la princesa, pero no por estar rodeada de lujos, ni tener todos los caprichos, ni mucho menos los mejores atuendos. Me considero la princesa porque estoy encerrada en esa torre en el castillo, en la cima de la colina, donde nadie me escucha gritar, donde nadie me ve, donde todo parece noche. No he visto salir el sol ¿Por qué me siento así? Será un conflicto entre mi cabeza y mi corazón o simplemente un hecho como tantos. Esos sentimientos psicosomáticos que recorren mi cabeza… y si, BINGO es la última opción, soy su princesa, porque estoy rodeada de dragones, de demonios, esos que te gruñen cada vez que te asomas por la ventana sabes que te miran al espejo, que largan fuego y te queman si te quieres escapar, de esos que no. Que no es fácil librarse pero que al fin y al cabo cuando realmente cae la noche, sos vos quien termina por darles de comer. Los alimentas con palabras, con textos, con el latido de tu corazón acelerándose cada vez que piensas en todas esas cosas que te hicieron doler, con el pasado. Y si, te desangras y tu sangre le sirve de alimento, el olor a tu carne quemada y las lágrimas que recorren tu cara son la verdadera señal, de que sos vos, la que los mantiene vivos. Pero en el fondo también sabes que no necesitas un príncipe azul o un caballero con una armadura de hierro, que venga a librarte de tus demonios, ja. Sos vos la que le da de comer al final del día. Pero también sos vos, la que los adiestra y sabe en qué momento puede bajar de la torre, aunque te vayas y corras, te alejes y te sientas feliz, plena, libre, en paz. Siempre va a haber algo o alguien que te lleve acurrucarte de nuevo en esa torre a lo alto de la colina, porque al fin y al cabo esos dragones, esos demonios son los que te acurrucan en la noche, los que te arropan antes de que te vayas a dormir y esa seguridad muchas veces no te la da el mundo real.