mi alma es la de una niña. sé que mi aspecto desaliñado, el cabello mal cortado y mi constante expresión de apatía no lo demuestran, pero continúo ilusionándome como la niña que esperaba a su papá expectante a llegar porque él se lo prometió. pero él nunca llegaba. continúo ilusionándome como una extraña infante cuando recibo una invitación o planeo algo con una persona: espero expectante, desde el día uno pienso en cómo será, cómo la pasará mi acompañante, en lo que haremos… en fin: me emociono y lo conservo en mi magullado corazón como una nueva razón para vivir por unos días más. entonces él viene y me promete el sueño de una cotidianidad ajena a nuestro sexo en un hotel de mala muerte que ambos recordaremos durante nuestras vidas, porque eso hacíamos: experiencias, anécdotas, aventuras que terminaban en camas tibias rentadas con el dinero que no nos sobraba del mes para unir nuestros cuerpos. entonces cuando musitaste las palabras, hechizo que despierta mi lado más vulnerable, mis ojos brillaron y mi corazón se aceleró, como cuando era una niña que ya sabía algunas cosas acerca del mundo… pero, ¡ah! tenías que besarla, ¿verdad? al canon de belleza hecho mujer; a la que nunca seré, a esa delgadez que llama a ser abrazada. tenías que hacerlo y, junto a ello, desaparecer como todo hombre en mi vida lo hace.












