El viaje que soùamos todos
Cargado de una rica historia, los viajes en el tiempo no les pertenecen exclusivamente a escritores y guionistas de ciencia ficciĂłn. La idea es aterradora para muchos fĂsicos, que los encuentran desafiantes como una herramienta intelectual para conocer la naturaleza del espacio y el tiempo.
POR FEDERICO KUKSO
En un amplio salĂłn de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, un pastel se derrite. Sobre un mantel blanco, bandejas de canapĂŠs le hacen compaĂąĂa a decenas de copas de las que miles de burbujas de champagne escapan desesperadamente. Globos azules y violetas adornan este antiguo comedor de profesores. Un gran cartel de bienvenida se extiende de pared a pared. Las agujas de un reloj antiguo acaban de dar las 12 del mediodĂa. Es domingo, 28 de junio de 2009. El anfitriĂłn aguarda sentado mientras mira fijamente la puerta. Pasa un minuto. Y otro. Y otro. Y nada. Nadie la abre. Nadie la atraviesa. A Stephen Hawking lo acaban de dejar plantado.
El famoso astrofĂsico recuerda una y otra vez la anĂŠcdota: âOrganicĂŠ una fiesta para viajeros del tiempo. EsperĂŠ ahĂ durante mucho tiempo, pero nadie vinoâ.
La invitaciĂłn, enviada no antes sino despuĂŠs del evento, decĂa: âEstĂĄ usted cordialmente invitado a una recepciĂłn en el pasado. Universidad of Cambridge, Gonville & Caius College, Trinity Street, Cambridge. UbicaciĂłn: 52° 12â 21â N, 0° 7â 4,7â E. Hora: 12.00 UT 6/28/2009. No RSVPâ.
Pero nadie se presentĂł. En verdad, no fue del todo una decepciĂłn. Se trataba mĂĄs bien de un experimento, evidencia tangible de una vieja hipĂłtesis formulada por el cientĂfico en 1991: la llamada âconjetura de protecciĂłn de la cronologĂaâ. En un paper publicado en la revista Physical Review, Hawking concluĂa que las leyes de la fĂsica no permitirĂan viajar al pasado, al menos a nivel macroscĂłpico. âSi fuese posible âdecĂa por entoncesâ ya habrĂamos sido invadidos por hordas de turistas procedentes del futuroâ.
Unos aĂąos antes, en 1985, el escritor Arthur C. Clarke se habĂa pronunciado tambiĂŠn al respecto: âEl argumento mĂĄs convincente contra la posibilidad del viaje en el tiempo es la llamativa ausencia de viajeros". O sea, para el autor de 2001: odisea en el espacio no se tratarĂa de una cuestiĂłn tecnolĂłgica sino de una imposibilidad fĂsica: las leyes que gobiernan nuestro universo prohibirĂan viajar al pasado. Al fin y al cabo, si fuera fĂsicamente factible, una civilizaciĂłn lo bastante avanzada podrĂa en un futuro lejano inventar mĂĄquinas del tiempo e invadir toda clase ĂŠpoca y lugares. Entonces, Âżpor quĂŠ no lo han hecho? ÂżO ya lo hicieron y no nos hemos dado cuenta?
Hay tambiĂŠn otras circunstancias que explicarĂan por quĂŠ los viajeros del tiempo no se presentaron en la fiesta organizada por el cientĂfico mĂĄs famoso del mundo. QuizĂĄs en estas travesĂas temporales haya estrictos protocolos que impiden cualquier alteraciĂłn del transcurrir de los eventos. O peor: tal vez ninguno de los viajeros se molestĂł en asistir a un almuerzo en el aĂąo 2009 porque, simplemente, tenĂan mejores ĂŠpocas que visitar.
Hawking aĂşn hoy se rĂe al recordar el dĂa en que los viajeros del tiempo lo dejaron solo. Es uno de los tantos fĂsicos que estĂĄ convencido de que viajar en el tiempo es imposible, pero tambiĂŠn sabe que es divertido hablar y pensar en ellos como experimentos mentales en los cuales testear las mĂĄs esotĂŠricas ideas sobre el funcionamiento y el tejido del cosmos, el espacio-tiempo y los grandes monstruos que tanto nos fascinan, los agujeros negros.
Porque, a pesar de lo que comĂşnmente se cree, los viajes en el tiempo no les pertenecen exclusivamente a escritores y guionistas de ciencia ficciĂłn que invaden las pantallas con sus siempre atrapantes historias de desplazamientos cronolĂłgicos y âparadojas del abueloâ. Ultimamente, los cientĂficos tambiĂŠn los han adoptado como propios.
âLos viajes en en el tiempo pueden parecer divertidos para los fanĂĄticos de la ciencia ficciĂłn, pero la idea es aterradora para muchos fĂsicos. El problema estĂĄ en parte en la gran cantidad de paradojas que el viaje hacia el pasado desencadenarĂa âexplica el fĂsico britĂĄnico Paul Davies de la Universidad Estatal de Arizona y autor del  libro How to Build a Time Machineâ. Hace cien aĂąos, pocas personas creĂan que los seres humanos pudieran viajar al espacio. Los viajes en el tiempo, como los viajes espaciales, eran simplemente fantasĂa. Hoy en dĂa, los vuelos espaciales son casi un lugar comĂşn. ÂżEs posible que algĂşn dĂa los viajes en el tiempo se conviertan tambiĂŠn en cosa de todos los dĂas?â.
MitologĂas moderna
Los enredos de Marty McFly (Volver al Futuro), Arnold Schwarzenegger y su eterno âI´ll be backâ (Terminator), Charlton Heston sollozando al pie de la Estatua de la Libertad en ruinas medio enterrada entre el mar y las rocas (El planeta de los simios): las historias de viajes en el tiempo se sienten antiguas, como si estuvieran arraigadas en ancestrales mitologĂas y tradiciones. Pero no lo son. Como recuerda el escritor James Gleick, autor de Time Travel: A History, los viajes en el tiempo son una fantasĂa de la era moderna. Se trata de una idea que no tiene mĂĄs de 122 aĂąos: solo dos aĂąos mayor que DrĂĄcula y ocho aĂąos mĂĄs joven que Sherlock Holmes.
Cuando un joven escritor de 29 aĂąos llamado H.G. Wells imaginĂł en su habitaciĂłn iluminada por una lĂĄmpara una mĂĄquina capaz de saltar de un aĂąo a otro, tambiĂŠn inventĂł un nuevo modo de pensar. Influenciado por las ideas de tiempo profundo del geĂłlogo Charles Lyell y Charles Darwin, este extraĂąo hĂbrido âun hombre de ciencia y un hombre de letrasâ reflotĂł un viejo cuento titulado The Chronic Argonauts âque apareciĂł en 1888 en la revista universitaria The Science School Journalâ y en la primavera de 1895 publicĂł La mĂĄquina del tiempo. Su âromance cientĂficoâ âtal cual se llamaba el gĂŠnero antes que acadĂŠmicos le estamparan la etiqueta de ciencia ficciĂłnâ fue un ĂŠxito inmediato. Todos hablaban de ĂŠl y de su obra, que secretamente guardaba una advertencia.
El protagonista de la novela de Wells, a diferencia de antiguas historias, no se trasladaba al futuro a travĂŠs de un sueĂąo, o hadas o fantasmas. El anĂłnimo crononauta se internaba en el aĂąo 802.701 utilizando un artefacto âuna versiĂłn mecĂĄnica de la alfombra mĂĄgicaâ para descubrir allĂ un mundo devastado, en donde la humanidad se habĂa bifurcado en dos especies: los ociosos eloi âpacifistas e ingenuosâ y los morlocks, subterrĂĄneos, canĂbales.
AhĂ se escondĂa la clave del secreto y originalidad de Wells. Si bien continuaba la tradiciĂłn de viajes maravillosos, le agregaba un toque especial, maquĂnico e industrial, aquel que llevan a escritores como el belga Jacques Sternberg e historiadores de la ciencia ficciĂłn como Darko Suvin a decir que fue en ese aĂąo, 1895, cuando H.G. Wells fundĂł de una vez por todas el gĂŠnero: a fines del siglo XIX, sus relatos, ademĂĄs de expresar el clima de la ĂŠpoca como el positivismo acĂŠrrimo de Augusto Comte, ponĂan de manifiesto el poder de la tecnologĂa y sus posibles consecuencias sociales y polĂticas.
Si se le pregunta a los espaĂąoles âÂżquiĂŠn inventĂł el concepto de la mĂĄquina del tiempo?â, ellos dirĂĄn: el diplomĂĄtico Enrique Gaspar y Rimbau en su zarzuela El AnacronĂłpete (1887). En cambio, los franceses responderĂĄn: Eugène Mouton en su cuento LâHistorioscope (1883). Ambos autores se le habĂan adelantado por unos aĂąos al inglĂŠs. Se habĂan inspirado en el mismo clima de ĂŠpoca. Pero, sin dudas, fue H.G. Wells quien se encargĂł de echar a correr lo que podrĂa llamarse una fiebre temporal: en pocos aĂąos, los viajes en el tiempo se instalaron en revistas, libros, canciones, publicidades. A nuestra obsesiĂłn por querer medir el tiempo, controlarlo, cuidarlo, no perderlo, se sumaba ahora la de desear visitar otros tiempos, nuevos continentes a descubrir y conquistar, nuevos destinos donde escapar.
A comienzos del siglo XX, el tĂŠrmino âviaje en el tiempoâ pegĂł tanto que ingresĂł al Diccionario inglĂŠs Oxford en 1914, junto a las palabras âpantalla grandeâ, âvelocidad de la luzâ, âmultiple choiceâ. âDe alguna manera âseĂąala James Gleickâ, la humanidad viviĂł durante miles de aĂąos sin hacerse las preguntas: âÂżY si pudiĂŠramos viajar al futuro? ÂżCĂłmo serĂa el mundo? ÂżQuĂŠ pasarĂa si pudiĂŠramos viajar al pasado? ÂżPodrĂamos cambiar la historia? Nadie se lo planteĂł hasta fines del siglo XIXâ.
Bienvenidos al futuro
H.G. Wells no se esforzĂł mucho en explicar los detalles tĂŠcnicos de la mĂĄquina o la energĂa necesaria para viajar en el tiempo. âNo hay diferencia entre el tiempo y cualquiera de las tres dimensiones del espacio âdice el protagonista anĂłnimo de la novela, âEl Viajero'â, excepto que nuestra conciencia se mueve a lo largo de ella. El hombre civilizado puede vencer la gravedad utilizando globos, Âżpor quĂŠ no le serĂa entonces posible tambiĂŠn detener o acelerar su fluir por la dimensiĂłn temporal, o incluso revertirlo y viajar hacia atrĂĄs en ella?â.
Como un virus, la idea infectĂł las mentes de los lectores, entre los que se incluĂan filĂłsofos y cientĂficos como Albert Einstein. Con solo 26 aĂąos, en 1905, el alemĂĄn destrozĂł las ideas de un tiempo Ăşnico y absoluto de Isaac Newton. Tanto en su TeorĂa de la Relatividad especial como diez aĂąos despuĂŠs, en noviembre de 1915, en la TeorĂa general de la relatividad, Einstein, ademĂĄs de regalarnos una nueva visiĂłn del espacio, establecĂa que el tiempo no era universal sino elĂĄstico. O sea, no solo es inseparable del espacio (el espacio-tiempo), tambiĂŠn se distorsiona. El tiempo es relativo a quiĂŠn lo mide y a su estado de movimiento.
Por ejemplo, cuando el astronauta estadounidense Scott Kelly volviĂł a la Tierra en marzo de 2016 despuĂŠs de vivir un aĂąo en la EstaciĂłn Espacial Internacional, que se mueve a una velocidad considerablemente mayor a la de la rotaciĂłn terrestre, era 8,6 segundos mĂĄs joven que su hermano gemelo Mark. Fueron los efectos de la llamada dilataciĂłn temporal por lo que comparativamente el tiempo ha transcurrido mĂĄs despacio para ĂŠl.
Einstein, de alguna manera, demostrĂł que los viajes en el tiempo eran posibles. El tiempo pasa mĂĄs lento cuanto mĂĄs rĂĄpido nos movemos. Si pudiĂŠramos construir una nave capaz de acercarse a la velocidad de la luz podrĂamos viajar al futuro. Por ejemplo, 24 horas en una nave viajando a una velocidad al 99.99999996 % de la velocidad de la luz serĂan cien aĂąos en la Tierra. O sea, al salir de la nave estarĂamos en el aĂąo 2117.
âViajar en el tiempo es fĂĄcil. Einstein nos enseùó cĂłmo hacerlo âdice el escritor James Gleickâ. Solo debemos acelerar a casi la velocidad de la luz o acercarnos a objetos extremadamente pesados como un agujero negro. Y listo: bienvenidos al futuroâ.
De hecho, para los fĂsicos, las mĂĄquinas del tiempo existen y son los agujeros negros, capaces de deformar el espacio-tiempo. Para una persona a bordo de una nave espacial que orbita un agujero negro, el tiempo pasarĂa mucho mĂĄs lento que en la Tierra. AsĂ viajarĂamos al futuro. El asunto serĂa sobrevivir al encuentro con tal monstruo galĂĄctico y no ser devorados.
En principio, alcanzar altas velocidades no serĂa un problema, sino una dificultad prĂĄctica que se podrĂa superar algĂşn dĂa. El principal inconveniente es la energĂa necesaria. Acelerar una nave de diez toneladas al 99,9% de la velocidad de la luz requiere un gasto energĂŠtico de 10 billones de millones de joules, lo que equivale a toda la producciĂłn de energĂa de la humanidad durante varios meses.
Mientras que el viaje en el tiempo al futuro estĂĄ permitido por las leyes de la fĂsica, es mucho mĂĄs problemĂĄtico viajar al pasado. SegĂşn las teorĂas de Einstein, es imposible.
Pero, de hecho, si aĂşn asĂ se pudiera serĂa mĂĄs algo mĂĄs complejo que elegir una fecha y mover una palanca. âNuestros organismos son estructuralmente muy complejos para poder volver atrĂĄs la flecha del reloj sin que nuestras molĂŠculas se vuelvan inestableâ, dice el fĂsico argentino Horacio Pastawski quien en sus experimentos manipula el tiempo a escala microscĂłpica.
TambiĂŠn estĂĄ el problema no solo del cuĂĄndo sino de dĂłnde: nuestro planeta no estĂĄ quieto en el espacio y serĂa necesario calcular su posiciĂłn exacta en su Ăłrbita alrededor del sol (y del sol alrededor del centro de la VĂa LĂĄctea). No sea que la mĂĄquina salte al futuro o al pasado y se materialice en el vacĂo espacial.
Y otro asunto serĂa el oxĂgeno. No siempre hubo la misma cantidad de O2 en la atmĂłsfera terrestre.
Instrucciones para el viajero del tiempo frecuente
En una carta enviada a la familia de un colega recientemente fallecido llamado Michele Besso, en 1955, Einstein escribiĂł: âLa distinciĂłn entre pasado, presente y futuro es sĂłlo una ilusiĂłn obstinadamente persistente".
Pero no fue siempre asĂ. Para todo el mundo, el futuro no estĂĄ adelante ni el pasado atrĂĄs. Los antiguos griegos, por ejemplo, creĂan en la concepciĂłn del tiempo cĂclico, el eterno retorno. Los miembros de la cultura Aymara, en los Andes, apuntan hacia adelante para hablar del pasado. Para ellos, el futuro aguarda detrĂĄs, ya que todavĂa no es visible.
AsĂ visto el tiempo no es solo un fenĂłmeno fĂsico sino tambiĂŠn un hecho cultural, varĂa de comunidad en comunidad. âCada cultura tiene sus propias huellas digitales temporales Ăşnicas âescribiĂł Jeremy Rifkin en Guerras del tiempoâ. Conocer un pueblo es conocer los valores del tiempo por los que se rige su vidaâ.
Prohibido por las leyes de la fĂsica, deseado por historiadores y ansiosos por el maĂąana, los viajes en el tiempo existen: en nuestros sueĂąos, en las pelĂculas, en los papers cientĂficos. Viajamos en el tiempo a travĂŠs de las cĂĄpsulas que enterramos para abrir dentro de 200 aĂąos. Y tambiĂŠn viajamos en aquellas mĂĄquinas del tiempo portĂĄtiles que llamamos libros.
RECUADRO
El viaje en el tiempo ha fascinado a las masas desde la obra de H.G. Wells en 1895. Pero eso no quiere decir que haya sido la Ăşnica obra que lo ha explorado. Ni antes ni despuĂŠs. Estas son algunas otras exploraciones de esta atrapante idea de escapar de la cĂĄrcel del presente.
Memorias del Siglo XX (1733) de Samuel Madden: un ĂĄngel del aĂąo 1997 que viaja 200 aĂąos al pasado para entregar unos documentos sobre el futuro a un embajador britĂĄnico.
Anno 7603 (1781) del noruego Johan Herman Wessel: un hada manda a dos jĂłvenes al aĂąo 7603, donde los roles sexuales han sido invertidos, con hombres actuando como mujeres y viceversa.
Un cuento de Navidad (1843) de Charles Dickens: En un sueĂąo, tres fantasmas acompaĂąan al desalmado Scrooge al pasado y al futuro.
Looking Backward: 2000-1887 (1887) de Edward Bellamy: En el siglo XIX, un tal Julian West se duerme y despierta 113 aĂąos despuĂŠs.
Un Yankee en la corte del rey Arturo (1889) de Mark Twain: un hombre del siglo XIX viaja al aĂąo 528.
Armageddon 2419 A.D. (1928) de Philip Francis Nowlan: Una cueva de gas transporta a Anthony Rogers al aĂąo 2419.
PalamĂĄs, Echevete y yo o el lago asfaltado (1945) de Diego CaĂąedo (seudĂłnimo del arquitecto Guillermo ZĂĄrraga): primer viaje en el tiempo de la literatura mexicana. Sobre un profesor universitario del futuro que, a travĂŠs de una mĂĄquina, se detiene en varios episodios de la historia de MĂŠxico.
El sonido de un trueno (1952) de Ray Bradbury: en el aĂąo 2055, un hombre emprende viaje al pasado en un safari temporal. AllĂ se sale del sendero produciendo toda clase de paradojas que alteran su presente.
El fin de la Eternidad (1955) de Isaac Asimov: trata sobre una organizaciĂłn llamada Eternidad, compuesta por personas de todas las ĂŠpocas, que se encarga de estudiar los horrores de la historia y evitarlos .
El Eternauta (1957) de HĂŠctor GermĂĄn Oesterheld y el dibujante Francisco Solano LĂłpez: clĂĄsico de la ciencia ficciĂłn argentina. NarraciĂłn que un viajero del tiempo hace de una invasiĂłn extraterrestre.
Doctor Who (1963): serie inglesa protagonizada por âel Doctorâ que explora el universo en su TARDIS, una nave espacial con conciencia propia capaz de viajar a travĂŠs del tiempo y el espacio.
Matadero Cinco (1969) de Kurt Vonnegut: sobre un soldado hecho prisionero llamado Billy Pilgrim, capaz de viajar involuntariamente en el tiempo, habilidad que lo lleva a presenciar su propio nacimiento y muerte.
Seis dĂas con Max (1977) de AngĂŠlica Gorodischer: un ginecĂłlogo y su sobrino adolescente viajan en el tiempo para conocer a Cassandra de Troya.
Timeline (1999) de Michael Crichton: un equipo de arqueĂłlogos queda atascado en pleno aĂąo 1357.
11/22/63 (2011) de Stephen King: un profesor viaja en el tiempo a travĂŠs de un portal para evitar el asesinato de Kennedy.
El Ministerio del Tiempo (2015): serie espaĂąola sobre una instituciĂłn secreta que busca detectar e impedir que cualquier intruso del pasado llegue a nuestro presente con el fin de cambiar la historia para su beneficio.













