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Mierda, creo que habÃa logrado incomodarla un poco. Bien, bien, es la jodida señal de que no debo meterme en sus asuntos, pero al menos ella tuvo la decencia de ser amable y no mandarme a la mierda. —Aw, qué adorable— Murmuré, contagiandome de su sonrisa. Le ofrecà mi mano— Soy Cora, Cora Grey—.
Agradeció la sonrisa de la morena, pues habÃa captado el cambio de tema y rió leve cuando sus oÃdos captaron el murmullo, dejándolo pasar. — Mucho gusto, Cora. Yo soy Shereen... sólo Shereen. — se limitó a presentarse, eso de dar el apellido no era lo suyo y estrechó la mano de la chica con simpatÃa.
—Bueno, no es necesario que dibujes bien para que debas hacerlo. —respondió, guardando sus manos en los bolsillos del pantalón, mordiendo el interior de su labio— Sabia decisión. Un Franz de mal humor, nunca es un buen Franz. —bromeó, poniéndose de pie— ¿Y qué tiene ganas de hacer, Shereen? —interrogó con genuina curiosidad, dando un par de pasos hasta donde la rubia se encontraba.
— Lo supuse. Soy una persona muy sabia. —  siguió su broma, ladeando una pequeña sonrisa, y tras su pregunta frunció levemente los labios, pensativa. Unos segundos más tarde la idea llegó a ella. —  Uhm ¿cómo te ves patinando sobre hielo? —  preguntó con aire divertido. —  Conozco un lugar genial. Si no quieres podemos hacer lo que tú quieras, de verdad. —  lo miró, desde su lugar en la banca, con cierta intriga, no sabÃa si él realmente aceptarÃa aquel extraño ofrecimiento pero Shereen de repente tuvo el presentimiento de que serÃa interesante.Â
Cuatro dÃas fuera de Italia y ninguna llamada de su madre. De cierta forma, comenzaba a extrañar sus normas y que estuviera sobre ella la mayor parte del tiempo diciéndole qué vestir o hacer, por lo menos asà parecÃa interesarse por la chica. —Debe ser más importante un desfile de moda que su propia hija.— Murmuró con amargura, mirando la postal que tenÃa ante sus ojos. IronÃa, ¿no? La luna estaba más grande y brillante que de costumbre y ella la miraba, buscando consuelo como si fuera el reflejo de su madre.
— Aw le pediré a Phil que me regale una de estas. — murmuró con una sonrisa inspeccionando la cámara que tenÃa entre sus manos, no era la primera vez que agarraba una asà que las fotografÃas nocturnas que estaba haciendo eran bastante buenas. Estaba apunto de capturar una imagen de la luna cuando oyó un murmullo a su costado. — Disculpa ¿me hablaste a mÃ? — preguntó sin quitar la vista del artefacto que llevaba consigo.
— ¡Hey! No es mi culpa que seas una debilucha y no puedas con unos cuantos kilos— Comentó con una sonrisa burlona en su rostro mientras se dirigÃa hacia la cocina para tomar un poco de café para ambos y un paquete de pastillas para el dolor. Se acercó con la bandeja en la mano para colocarla en una mesa cerca del sillón mientras le entendÃa al café y las pastillas. — Anda, tómate esto. Qué tu cara de da un poco de miedo y ya no es divertido verte asÃ. Ahorita le pido a la señora de servicio que nos prepare algo. ¿Qué se te antoja?—  Sonrió. — Rayos, ahora yo me siento como una madre—  Bromeó.Â
— ¿Unos cuantos kilos? Pff, que mentiroso eres. — gritó para hacerse escuchar cuando lo vio alejarse rumbo a la cocina. Cerró los ojos medio dormitando y sonrió amplio cuando sintió que estaba de regreso a su lado. — Soy preciosa hasta con resaca. — fingió fanfarronear con una sonrisa, sentandose bien para poder tomar las pastillas y el café. — Ni mamá me daba estas atenciones. — entre risas se llevó la taza a los labios, no era una fan del café pero bebió con rapidez, querÃa que aquello le hiciera efecto. — y como buena chica te dejo elegir lo que quieras comer. Enserio, no se me antoja nada en particular.

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A lo lejos divise a una muchacha rubia, que al parecer estaba discutiendo por telefono. Negué con al cabeza, pues por un momento me sentà reflejada en ella; pues algo asà ocurrÃa con mi dichosa y adorada madre. Mi hombro por puro accidente con la rubia, más le sonreà amable —No te preocupes. ¿Todo está bien? No tienes que contestarme eso, no quiero ser entromeditda… Pero, a juzgar por tu rostro, algo pasa.
— Gracias. — dijo cuando vio que la muchacha no se mostraba ofendida y sonrió amable negando con la cabeza. — Todo va bien, te preocupas por mi estado incluso cuando acabo de chocarte, eso habla bien de ti. — bromeó para patear el tema, lo cierto es que no le gustaba sentir su espacio invadido.
—Bueno, eso es bastante considerado de tu parte. —Y sÃ, sonaba extraño decirlo, casi en sarcasmo era su tono, pero realmente lo sentÃa. Quizás le resultaba poco común expresarse en su hablar. Decidió, también, dejar el tema de su casa de lado, no valÃa la pena incordiar a la francesa. Mordisqueó su labio, prestándole atención— Bueno, podrÃa enseñarte las técnicas básicas, ya sabes, esas que me enseñaron a mÃ. Y… ¿Confianza? SÃ, puede ser, pero ¿qué más da? El futuro es incierto para todos los mortales. —bufó, con el ceño sutilmente fruncido— Te enseñaré algo, lo prometo.Â
Shereen arrugó ligeramente la nariz y negó ligeramente. — Uhm.. gracias pero no sé si eso es lo mÃo, ni tampoco quiero hacerte perder el tiempo. — se encogió de hombros con una media sonrisa y se revolvió un poco más en la banca para buscar una posición más cómoda. — Bueno, confiaré en ti, pero ya no quiero hablar de cosas desagradables porque siento que asà sólo te pondrás de malhumor. — dijo con sinceridad, la rubia siempre decÃa todo lo que pensaba. — ¿Quieres hacer algo, eh?
—Sólo por hoy, ya te lo dije. De verdad, no me gusta abusar de la hospitalidad de las personas, y todas esas cosas de familias educadas, y blablabla… —replicó en un suspiro— Será hoy, y mañana volveré a ver qué carajo tienen mis padres en la cabeza. —desvió la mirada, fijándola en un punto central del horizonte, escuchando lo que su compañÃa tenÃa para decir— Entonces lo has aprendido bien. Ahm, bueno… Estudié historia y teorÃa del Arte en la universidad de Austria, supongo que mi técnica es más bien surrealista, aunque el impresionismo suelo utilizarlo bastante también. —dejó sus manos entrelazadas descansar sobre su regazo, sonriendo con sutileza ante la última oración— No sé si debes presumir. No suelo mostrar mis pinturas, pero tendré que comenzar a hacer excepciones.Â
— Me conformo con saber que no dormirás en la calle, pero que sepas no abusas de nada. Si no me agradaras siquiera estarÃa ofreciendo esto, asà que... sh. — se sinceró, la verdad es que rara vez tenÃa esos gestos con las personas. — Espero que todo salga bien con ellos, sino, sabes que dónde eres bienvenido. — sonrió leve encongiéndose de hombros. — Eso suena bien, recuerdo haber tomado un curso de pintura cuando era pequeña pero lo cierto es que nunca fui muy buena. — admitió, una pequeña risa brotó de sus labios pero lo miró con el ceño ligeramente fruncido ante sus últimas palabras. — A ti te falta un poco de confianza, eh. Tienes cara de buen artista, asà que ya me enseñarás algo...
Si que lo son — comentó con una sonrisa y al ver como el perro no le hacÃa nada, más que lamer su mano, se relajó. — Se merece mis respetos por no haber roto nada. — Bromeó, soltando una suave risa. — Soy Raffaella por cierto.Â
— Y no es por presumir, pero sobre todo mi pequeño. — dijo con gracia y rió levemente con ella. — Mucho gusto Raffaella, nosotros somos Hunter y Shereen. — se presentó divertida.

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No soy muy fan de tener mascotas, no es que no me gusten, es que tengo claro que no podrÃa cuidarlas por completo. El tiempo no me sobra con el trabajo. — Explicó mientras con algo de temor empezó a acercar su mano al perro, esperando que no le ocurriera nada. — Cuando pequeña tuve varias mascotas.Â
Eso en parte es bueno, hay personas que tienen mascotas y no saben la responsabilidad que es cuidarlos. — dijo, la verdad es que era bastante meticulosa con eso del cuidado animal. — Son una linda compañÃa. — comentó, observando complacida como el pequeño perro lamÃa la mano de la chica. — parece que le gustas, eh.
Acorralado, otra vez. ¿Qué hacÃa? Si se negaba a la oferta de la rubia, se pasarÃa de idiota, sin embargo, al aceptarla corrÃa más de un riesgo, y no sólo por él: No querÃa que ella tuviera que meterse en problemas por su culpa. —Ahm. ¿Primo? Mira, podrÃa… Aceptar la oferta por esta noche, porque de verdad estás sentada sobre mi cama en estos momentos. —explicó un tanto divertido, pero su gesto se mantuvo serio— Pero no quiero darte ningún tipo de problemas. —y con ello cerró el tema, abriendo sus ojos en sorpresa— ¿Francesa? Bien, debo mejorar mi oÃdo, pensé que ése acento era más británico, y… Creo que hablas inglés excelente. —asintió, sólo un par de veces— Ginebra es donde planeaba mudarme, sÃ. Espero que no sea demasiado caro. Los artistas nunca ganamos bien. Y ni en sueño conseguiré dinero de mis padres.
Shereen rió. — Tú te quedarás en mi casa, no se habla más. — Ya lo habÃa decidido, después de todo la residencia era de ella asà que Phil (como siempre) tendrÃa que soportar las decisiones que ella tomaba. Si la rubia querÃa hospedar a alguien lo harÃa, por más replicas que él quisiera oponer. — No causarás problemas, digamos que mi primo suele hacer todo lo que le digo. — comentó divertida. — Anda, acepta mi amable oferta o me enojaré. — bromeó para cambiar la cara seria que llevaba el castaño, luego, sonrió agradecida. — Hey, muchas gracias. Estudio idiomas desde muy chiquita y bueno... hablo varias lenguas. — explicó, haciendo un gesto con las manos. — Entonces espero que llegues allÃ, seas muy exitoso y se lo refriegues a tus padres en la cara. ¿Qué haces, uh? ¿Qué tipo de futuro gran artista hospedaré en mi casa? Tengo que saber para luego presumir.
— Escuchó atenta a lo que decÃa, claramente no habÃa quedado conforme, solo querÃa ver a la mascota sin nada en su hocico. Al encontrarla suspiro y le sonrió. No podÃa tenerle miedo a las mascotas, algunos eran realmente adorables, como era este caso — Si, lo siento. Como fue de imprevisto — le sonrió para nuevamente mirar al perro —
Camino hasta al animal, agachándose a su altura y lo levantó entre sus brazos. — SÃ. Lo sentimos nosotros, como dije, a este le gusta correr y es curioso. — admitió con una pequeña sonrisa. — Además de meterme en problemas, claro.
WA: ¿Puedes creer que hoy llegó Philippe? Argh, soy un asco, mi cabeza va a estallar y hay muchos mensajes en mi celular que no sé por qué los envié...
Whatsapp: ¿Qué? ¿Philippe esta aquÃ? La última vez que hable con el me contó que estaba por Italia.Â
Whatsapp: ¿Como crees que este? Tu ya sabes, respecto a Sophie.Â
Whatsapp: Ugh, ni me lo digas. Desperté en el baño y siento como si mi cabeza fuese a explotar.Â
Whatsapp: ¿A quien le mandaste esos mensajes? Ve tu bandeja de entrada y si te responden, diles que fui yo o algo por el estilo.Â
Whatsapp:Â Por cierto, no he desayunado y me siento muy malÂ
Whatsapp: Me gustarÃa bromear ¡Pero no! D:
Whatsapp: Ni loca le diré a Phil, no quiero uno de sus sermones
Whatsapp: ¿Como olvidar esa vez? Nos gritó horrible y a aquel chico, ugh. Jamás lo habÃas visto asÃ. Tan solo voy a borrar el mensaje y listo
WA: ¡que horror, Regina! tengo miedo de haber hecho cualquier cosa
WA: pff, ni hablar... hoy quiso darme uno de esos de "doy gracias a Dios que llegaste bien a casa" y "los peligros de consumir alcohol"
WA: ¿sabés el martirio que fue? JAJAJA
WA: no se lo diremos... por su bien (?)Â

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—Hey, me ofendes. Yo no harÃa locuras aunque los demás las hicieras— Achicó los ojos mientras reÃa cuando la rubia alborotaba su cabello. —Enserio no recuerdas nada ¿Verdad? ¡¿Pues cuanto alcohol consumiste?! Mejor no me digas, no se si quiera saber— Negó ligeramente. —Oh, no. No es suficiente lección— Comentó mientras movÃa a la rubia, sabÃa que eso la harÃa sentir más mareada de lo normal. —¿No me extrañaste? Yo se que si lo hiciste— Sonrió triunfante mientras le abrÃa la puerta de la casa a la rubia.Â
— Deja el drama, ese es mi rubro. — se burló y luego sonrió por lo exagerado que su primo estaba siendo, aunque se hiciera la indiferente habÃa extrañado eso. — Para, Phil. Para si no quieres que te asesine. — dijo sintiendo como la sacudida revolvÃa su estómago y su cabeza se agitaba peor. Cuando llegaron a la puerta entró rápidamente a la casa, corriendo a desplomarse en el sofá. — No lo hice, te echarÃa a la calle pero serÃa imposible. Tu culo pesa demasiado. — bromeó, ahora acostada, y rió.
Detestaba pedir ayuda, y es precisamente lo que debÃa hacer en la casa de sus primos, pero quizás debÃa meditar sobre su futuro en los siguientes dÃas. —No, no realmente. —dijo casi en un susurro, frunciendo sus labios hacia un lado— ¿Lo es? Mira, creo que los lugares de vuelven horribles dependiendo de la compañÃa, ¿sabes? Creo que eso me pasa a mÃ. Los Hamptons es bastante bonito cuando estoy aquÃ, mirando el mar, o… No sé, cuando no estoy en esa casa encerrado. —admitió, con un tono visiblemente frustrado— ¿Qué lugar me recomiendas de Suiza, uh?
Imitó la mueca del chico, no porque tuviese lástima, no le gustaba ese sentimiento, sino porque sentÃa ganas de ayudarlo y eso no estaba bien en ella. Shereen se debatió unos minutos con su desconfianza latente antes de hablar. — Uhm... mi primo puede matarme por esto.. pero.. ugh, ya qué. — murmuró en una pequeña reflexión interna. — Uhm... mi casa es grande, si quieres hay un lugar para ti hasta que sepas que hacer. — estaba llegando al colmo de irresponsabilidad ofrenciendo hospedaje a un chico que apenas conocÃa, pero qué importaba, ya lo habÃa hecho. Luego, sonrió ante la reflexión que el planteaba. — Quizás. Entonces con más razón haremos esa fiesta y muchas otras para que salgas. — ofreció. — Pues, yo fui varias veces a Ginebra... uno de mis sitios favoritos. Quizás porque se habla mucho el francés y yo soy francesa. — admitió. — pero el lugar es genial, los edificios, los paisajes, todo.Â