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Horacio "Papa Noel" y mi nuevo icon de Twitter
Volkacio como la pintura "El beso" de Gustav Klimt ✨
The reason why I thought I’d die - Volkov Animatic (Volkacio)【GTAVRP InfamesRP】
Golden kisses
(basado en el escrito de Skysharkk_ en tw)

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Volkov llamándole "Mi pequeño" a Horacio.
Horacio: ¿Por qué te enervas?
Volkov: мой маленький, encárgate tu por favor. Spasiba.
Serial Killers_
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˗ˏˋ ꒰ ♡ ꒱ ˎˊ˗ [🦋]˗ˏˋ ꒰ ♡ ꒱ ˎˊ˗
Show me that you'rе gonna stay
on my worst days
Hold mе like you'll never lеavе.

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Meme 😎🤙
wake up
Horacio por favor despierta :")
Volkov joven motero y metalero
🔞Volkacio🔞
𝑀𝑒𝑟𝑔𝑒𝑑 𝑠𝑜𝑢𝑙𝑠
"And in the middle of the night, I found myself admiring you and loving you. It's been a long path, but, oh, honey, our souls became one tonight."
⚠️: V!Bottom
☀️⊶⊷⊶⊷⊶⊷≪🌒≫⊷⊶⊷⊷⊶⊷☀️
La mano de Horacio se pasea con suavidad y lentitud por los brazos de Volkov, explorando cada parte de éstos; bajando hasta los antebrazos y encajando sus dedos con los de su novio una vez llega a tantear el inicio de su palma; un contacto que termina por brindarle al subdirector la confianza y seguridad que necesita para continuar con aquello que habían hablado, discutido y hasta analizado luego de que él mismo lo pidiera.
Se besan y se aman con cada toque y caricia; profesando su cariño y devoción por el otro sin necesidad alguna de palabras.
Volkov siente la delicadeza con la que Horacio le trata; como lo hace normalmente él en las sesiones de sexo que tienen. Y lo agradece, porque es completamente inútil negar que los nervios no le presionan el pecho y le hacen aferrarse aún más a la existencia de Horacio; apretando con cuidado el agarre en su mano y buscando ese tacto que, sabe, le otorgará calma y una vía rápida para volver a la realidad.
Es en vano, también, creer que en ningún momento se tensará o que su mente no le traicionará, con esa molesta vocecita de la inseguridad, y que hará que cambie de parecer en el último momento.
La espalda de Volkov toca el colchón y las suaves sábanas que decoran su superficie. Los labios de ambos se separan, buscando oxígeno y un corto descanso para sus pulmones. Es algo inevitable, ya, cómo Viktor se descubre, hoy, ayer y todas las noches que pasa junto a Horacio, admirando la belleza que el director federal posee; esa que le hace perderse en su universo de pecas, en su océano de cabellos coloridos y en el intenso y encantado brillo que rutila en sus pupilas heterocromáticas. Una hermosura culpable de acelerar sus latidos y enamorarle otro día más del dueño de su atontado corazón; repleto, de píes a cabeza, con maravillantes imperfecciones, manías y enloquecedores detalles que sólo Volkov cree ser capaz de notar.
Horacio le besa los labios, la mejilla, el cuello y los homrbos. Lo hace lento; tomándose su tiempo y disfrutando de los bajos jadeos que su novio no tiene vergüenza en dejar salir. Sonríe en mitad de su recorrrido, feliz de saber que Volkov está disfrutando; objetivo principal del director esa noche.
Los botones de la camisa de Volkov se desprenden y Horacio mima su pecho, las cicatrices y las marcas de cada rincón de su cuerpo; barriendo los malos recuerdos del pasado para dar paso al futuro incierto que recorrerán juntos. Sin saberlo, Horacio disipa sus miedos y preocupaciones, haciendo que Volkov se adentre y pierda en un infinito paisaje de calma, excitación y cariño al que su pareja logra transportarle con cada beso y cada toque provisto sobre su piel.
Se deshacen de las prendas con una lentitud tortuosa que les permite disfrutar de los segundos transcurridos; la intimidad reinando como único soberano del ambiente que envuelve toda la habitación de ambos federales.
Las manos de Volkov acarician los flancos del cuerpo de Horacio, prestándole especial atención a su cadera, y consquistan cada centímetro hasta que sus dedos recorren la verticalidad de su espalda; delineando la columna vertebral de su pareja mientras sus labios besan, con cariño y adoración, la clavícula de Horacio.
El director le da un último beso en los labios y le mira. Le observa buscando alguna pizca de negación o de un arrpentimiento repentino; esos que pueden volver un momento mágico en un recuerdo amargo y desagradable, capaz de revolver estómagos y crear feas muecas en la cara.
Pero, en cambio, encuentra las tonalidades azules fusionadas con las grises en los ojos de Volkov; las mesetas y abismos que se crean en sus iris, y el reverbero de la luz lunar sobre ellos, porque, junto a Horacio, Volkov ha perdido todas las inseguridades que tenía y ha dado lugar a la confianza y convincción.
—¿Seguro? —le murmura el director, rozando sus narices en un beso esquimal que hace sonreír a Volkov y cerrar sus ojos; disfrutando la cercanía que se encuentra experimentando con Horacio.
—Contigo siempre estoy seguro, Horacio... —responde, bajo y antes de abrir los ojos nuevamente; incapaz de destrozar el cómodo ambiente que los acoge, entremezcla y danza a la perfección junto con la calidez que desprenden ambos cuerpos desnudos; colmantes de amor y cariño.
El director le sonríe y asiente levemente. La distancia entre sus labios vuelve a romperse; creando una pequeña y dulce distracción que Horacio aprovecha para ingresar, con lentitud y cuidado, en su pareja.
Volkov se tensa, víctima del repentino pico de dolor que le ha navegado el cuerpo entero en cuestión de segundos. Los movimientos de sus labios se detienen y su ceño se frunce por consecuencia. No hace falta que el subdirector diga nada para que Horacio entienda lo que está sintiendo su novio; deteniendo su ingreso.
Aguantan unos segundos, conscientes de que Volkov debe acostumbrarse, aunque sea un poco, a la nueva intromisión antes de continuar.
—Tú dime, amor —dice Horacio.
Volkov asiente y busca hacer uso de ejercicios respiratorios para relajar su cuerpo y quitar su mente del ardor que aún experimenta. Siente los besos de Horacio por sus labios, mejillas y ojos; queriendo distraerlo y elimiar las tensiones que tienen el control del cuerpo de Volkov.
El agarre a la espalda de Horacio se suaviza y Volkov da un último respiro; verbalizando el "Continúa..." que le da luz verde al director para retomar su recorrido hacia adentro, repitiendo el proceso anterior al estar completamente unidos.
La zurda de Volkov se atreve a viajar hasta la nuca de Horacio. Se miran. Se miran como hicieron hace cinco minutos, como lo hicieron hace dos días y como lo harán toda la vida.
—Te quiero —dice Volkov; contemplando como la mirada de la naturaleza que posee Horacio se alterna entre ambos de sus ojos.
El director termina, finalmente, juntando sus frentes y ambos cierran los ojos. —Yo también te quiero, ruso guapo... —murmura. Con suavidad comienza sus movimientos de cadera, complementándolos con incontables besos regados por toda la cara de Viktor—. Hermoso... —sigue diciendo; en jadeos a pesar de estar marcando un ritmo lento—. O-Oxidado...
Volkov se permite dejar escapar una risa que pronto se transforma en un gemido de placer. Sus uñas se aferran a la espalda alta de Horacio; expresando, con sutiles marcas sobre la piel del director, la transformación de su dolor e incomodidad en goce y delectación que todo su él experimenta.
Las estocadas comienzan a acelerarse, los gemidos aumentan hasta crear una sonata de sus nombres en mitad de la silenciosa noche, y sus almas se fusionan, una vez más y como siempre lo han estado, en una sola.
—Ho-Horacio... —logra suspirar Volkov en mitad de su tormenta de sensaciones y sentimientos; bombardeado, también, por las gotas de sudor que recorren su cuerpo como una plaga.
—Te quiero, te quiero —responde Horacio con la voz agitada y entrecortada. Se acerca y besa sus labios una vez más—. Te quiero —repite contra la boca de su pareja—, muchísimo. Demasiado.
La antesala del orgasmo se le arremolina a Volkov en el vientre bajo; cosquilleante y burlón. Es incapaz, a estas alturas, de concentrarse para poder formular una frase coherente, así que simplemente se deja arrastrar por todo aquello que Horacio le hace sentir cada vez que están juntos.
El subdirector siente el clímax avecinarse. Busca con desesperación la mano derecha de Horacio y entrelaza sus dedos. Juntan sus labios nuevamente y el beso logra atrapar y ahogar el último gemido que le vibra en la garganta a Volkov.
Horacio no tarda en seguir el mismo destino que su pareja luego de unas pocas estocadas más; dándoles un tiempo a ambos a calmar y estabilizar sus respiraciones antes de salir.
El director se deja caer en la cama y Volkov, ganado por la necesidad de contacto e ignorando el cansancio, le envuelve con sus brazos; besando sus hombros con dulzura y cariño. Horacio ríe, encantado por la mimosa actitud que su novio siempre adopta en esas situaciones.
Entrecajan sus piernas entre las del otro y se aferran al cuerpo contrario; aspirando la extraña combinación entre sudor y los aromas que desprenden naturalmente, besando las pecas y lunares de la piel que tienen a su disposición, y juntando sus pechos; donde sus corazones se sincronizan y sus almas se mantienen unidas.
Se quedan unos segundos en silencio; deleitándose con los casi imperceptibles cantos de las cigarras del patio, la suave respiración del otro, y los bajos chasquidos que resuenan cada que dan un nuevo beso.
—Te quiero —susurra Volkov contra el hombro de Horacio.
El director sonríe y mima, por instinto, los cabellos de su pareja. —Yo también te quiero, mi ruso precioso —corresponde; feliz, enamorado.
La noche se les acaba cuando cierran los ojos y se preparan, como el alma en conjunto que son, para recibir al próximo día que les depara el futuro; escribiendo su historia juntos en la nueva página en blanco de sus vidas.
~𝓣𝓱𝓮 𝓮𝓷𝓭 ~

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Os #3 v! Licántropo
-Soft
Horacio se encontraba tranquilamente cocinando mientras cantaba y bailaba las canciones de su playlist, era temprano en la mañana, 10:30 para ser más exactos y se sentía con todos los ánimos del mundo. Volkov cómo todos los días se había marchado alrededor de las 4 am dejándolo solo en la cama junto a una notita, pegada en la heladera, despidiéndose y deseándole un bonito día, por su parte respondió con un mensaje de texto y un sticker de perrito, una mala broma rutinaria de su parte.
Hoy se había tomado el "día libre" entre muchas comillas, ya que se pasó la mayor parte de la mañana transcribiendo informes y soportando el hablar con superiores de otras sedes para llevar la cuenta de todos los gastos y pérdidas de cada sede del país, entre otras cuántas cosas. Estaba ya estresado y agobiado de hablar con gente que ni conocía y aún si le trataba como un inferior, así que para mejorar sus ánimos decidió ponerse a cocinar una torta, definitivamente era la mejor manera, y la más sana, de desestresarse que había encontrado.
Sonriendo con alegría, sintiéndose mucho más cómodo y tranquilo que antes, deja el molde de la torta en el horno ya pre calentado y pone un temporizador para no olvidarse, ahora solo faltaba esperar, ya tenían todo el glaceado listo y las frutillas cortadas lo más parecidas posible. Camina hasta el living de la casa tomando los papeles que había dejado de lado y los comienza a ordenar para entregarlos mañana pensando en cómo estaría el ruso ahora, lo más probable encerrado en su oficina trabajando, trabajo trabajo trabajo repite en su mente a la vez que rueda sus ojos con cierta diversión.
Y antes de siguiera de poder guardar los papeles en cada carpeta correspondiente escucha la puerta de la casa abrirse, con curiosidad por la hora tan temprana inclina su cuerpo para poder ver directamente hacia la puerta, encontrándose con los ojos grisaseos de su pareja, lucían cansados y algo agobiados, ocasionando una punzada de preocupación y alerta le atravesará, y antes de que dijera una sola palabra, la nariz del ruso olfatea el aire negando con la cabeza ligeramente en desaprobación — No te preocupes querido mío, solo estoy agotado por la jornada de hoy — Su rasposa voz se deja oír mientras sonríe sutilmente mientras se acerca en su dirrección para dejar tres besos como saludo, uno en su frente, otra en su hombro, y el más importante, uno en la zona posterior de su nuca.
Deja apoyada su cabeza en la unión de su cuello y hombro, simplemente reposando y cargando las energías perdidas a lo largo del día — Un día duro, eh? —Dice, aún manteniendo aquel deje de preocupación en su voz, llevando sus manos a la gran espalda del peligris, comenzando a dejar caricias a lo largo de ella— si quieres puedes desetresarte un rato, yo estoy haciendo una rica torta de frutillas y chocolate, podemos comerla después — Murmura luego de unos momentos de silencio, siente como el más alto olisquea por última vez su cuello antes de separarse lentamente de su cuerpo, los ojos grisaseos le miran atentamente, como si fuera un cachorro pensó Horacio sonriendole tratando de transmitir confianza y confort en su pareja.
El ruso deja escapar un suspiro prolongado para luego comenzar a quitarse la ropa lentamente quedando totalmente desnudo, retrocediendo unos pasos más poco a poco la figura humana de Volkov va pasando a una humanoide hasta finalmente convertirse en un enorme lobo blanco frente a los ojos asombrados de Horacio, quien si viene ya había tenido la oportunidad de ver el cambió, aún seguir manteniendo el privilegio y la confianza del mayor para dejarse ver en ese estado le asombraba cómo de igual manera le llenaba de orgullo el pecho.
Sonriendo ampliamente con una enorme cálidez en el pecho se acerca al animal, acariciando suavemente su pelaje sedoso resiviendo un gruñido contentó a la vez que se acurrucaba contra su torso — Muy bien lobito, descansa un rato en lo que terminó y se hace la torta,¿si? Yo no pienso apartarme de tu lado —Dice señalandole el sillón antes dejar un besito en la punta de la nariz del ruso. Volkov, muy obedientemente eleva su pata, cómo afirmando, pero le jala la ropa con los dientes de manera cuidadosa, dejando muy en claro sus intenciones. "Descansas conmigo o no voy", y el moreno no era nadie para negarle aquel capricho a su alma gemela.
Ambos se acostaron en el gran sillón, el gran lobo sobre el cuerpo de Horacio, quién debajo del animal apenas se podía apreciar con claridad — Joder ruso, eres un maldito oso de peluche, bueno lobo —Dice soltando una risita mientras abraza el cálido cuerpo afelpado de su ruso recibiendo un diminuto ruñido y un lametazo en su mejilla — Uve! —Rezonga con finjida molestia mientras mima todo lo que llegaba a su alcancé para tranquilizarlo y consentirlo, aún más de lo que ya lo tenía.
FIN
Os #2 v! licántropo
- Soft
- Mate = Soulmate
El mediodía poco a poco hacia acto de presencia en la casa vacacional junto a los fuertes rayos de sol que invadían y se colaban por las rendijas de las persianas semi cerradas. El licántropo eleva su mano con pereza pagando el despertador antes de que sonará y logrará lastimar sus sensibles tímpanos.
Refunfuñando por lo bajo busca el cálido cuerpo de su pareja, gruñendo en desaprobación al notar la fría manta a su lado— Hache —alargando la última vocal deja escapar el apodo del moreno en tono berinchudo, ahora entendía como se sentía Horacio cuando lo dejaba solo en la cama, no era bonito despertarse sin su pareja a su lado. Y más si últimamente se sentía necesitado de mimos, el cambio de estación se dijo a si mismo Volkov para evitar el bochorno y las bromas del moreno en un futuro.
Suspirando aguidiza sus oídos escuchando como el más jóven se encontraba en la piscina ya, cantando alguna canción de moda mientras disfrutaba del buen clima, y renegado al saber que el de cresta no le iba a escuchar a tanta distancia, se levanta de la cama con toda la pereza del mundo comenzando con su rutina matutina, por una vez que se quedaba dormiemdo más tarde Hache lo abandonaba por completo pensó para sus adentros formando un leve puchero en sus labios, definitivamente la primavera le estaba afectando de más y haciéndolo incluso más cariñoso que antes, o era simplemente el hecho de estar demasiados años aguantando el estar lejos de su mate, aunque lo tuviera al alcance de sus manos.
Su época de comisario desde luego era algo de lo que se avergonzaba, pero día a día esta cambiando poco a poco, mejorando como persona y en su mayor parte gracias al moreno quien nunca lo abandonó, ni lo juzgó. Y con una sonrisa de oreja a oreja se pone el bañador y una camiseta celeste, un regalo de Gaia por su cumpleaños recordó mientras salía de la habitación y bajaba las escaleras rápidamente, su sonrisa se amplía al ver el desayuno que el de cresta le había preparado.
Tomando la tasa de café frío, uno que Horacio había insistido en aprender a hacer y a qué lo probará, cosa que le termino gustando y unas tostadas con Nutella y fruta picada.
Tarareando para si mismo, contento de sentirse, él y su lobo, cuidados por su pareja, se dirige a la parte trasera de la casa, donde el moreno se encontraba recostado en una plancha inflable en el medio de la piscina, vestía únicamente uno de sus shorts de baño y unos lentes de sol que le impedían ver sus hermosos ojos heterocromáticos. — Buenos días querido mío —Dice acercándose al moreno, dejando la tasa junto al platito con el desayuno en el suelo, algo lejos de borde así no se mojan antes de él sentarse en el borde de la piscina para remojar sus pies y estar más cerca del pelirosa y poder conversar tranquilamente.
Horacio lleva una de sus manos a las gafas, bajandoselas ligeramente, lo suficiente para dejar ver superficialmente sus ojos y conectar mirada con las orbes grisaseas — Días cariño mío, porqué bueno estás tú rusito —El moreno le guiña el ojo antes de volver a subir sus lentes a la vez que su aroma se torna ligeramente picante causando una risita nerviosa en el licántropo.
Volkov nego avergonzado haciendo gestos al de cresta para que se acercará, su pareja alzo una de sus cejas antes de obedecer y acercarce, bajando de el inflable para nadar hacia él, complacido al tenerlo lo suficientemente cerca, pidiendo permiso silencioso y sinedo concedido al instante, sus manos se posan el la cadera ancha para elevarlo y sentarlo en su regazo. Automáticamente su rostro se dirige a su cuello, olfateando y disfrutando con pura alegría el poder saciar a su lobo, el cual se encontraba saltando de la euforia al estar rodeado del aroma de su mate — Ahora si que son buenos días...hueles tan bien Hache, mi Hache —murmura con dulzura separándose unos centímetros para poder admirar y disfrutar de las hermosas facciones del pelirosa.
El menor simplemente soltó una risita, acostumbrado a lo mismoso que era el de nacionalidad rusa desde que empezaron su relación, e inclusive antes era bastante cariñoso, buscando su atención y cercanía constantemente, y sin olvidar su devoción y cuidado hacia su aroma, cosa de hombres lobos justificaba cada ves que alguien se atrevía a preguntar. Llevando sus manos a las mejillas coloreadas de rojo del peligirs comienza a dejar pequeñas caricias en estas, sonriendo ampliamente con cariño —Dime, que se siente tener una pareja tan bonita como yo, eh? — El tono bromista del de cresta se deja oír claramente entre sus palabras.
— Mmh, muy bien la verdad, sobretodo porque él es muy hermoso de aquí también —Murmurá rozando su dedo índice con el pecho del moreno, sobre el corazón. Automáticamente las mejilla de Horacio se tornan de un rojo intenso, seguido de su aroma que se hace incluso más dulce que antes y su corazón acelerado — Uve —Responde apartando la mirada tímidamente unos momentos para luego volver a unir sus miradas — Tú si que eres bonito de corazón lobo tonto, y eso solo me hace amarte más —Susurra retomando las caricias en las mejillas ajenas antes de dejar un casto beso en los finos labios.
Volkov solo pudo devolverle la sonrisa cargada de amor y cariño, sintiéndose extasiados al sentir la verdad en aquellas palabras — Я тоже тебя люблю, моё солнце (yo también te amo, mi sol) —Dice antes de llenar la carita del moreno con besitos, agusto y contento de estar junto al de cresta a su lado.
Puede oler la ligera confusión, pero simplemente decidió dejarlo descubrir que significaba solo, le gustaba que no entendiera sus cursis palabras, se sentía más agusto así, aunque algún día se las diría en inglés, se prometió a si mismo mientras dejaba diminutos besitos en los labios pomposos del moreno.
FIN