Aún.
En algún punto del camino conociste a alguien que te hizo salir de la cobija de papel burbuja que protegía tu ilusión de no romperse. En alguna comisura del espacio tiempo que tuvimos la suerte de habitar un espacio juntos, te atreviste a sentir sin miedo a los rasguños, olvidaste la maldita costumbre que tenemos las personas de destruir todo a nuestro paso y lejos de la mirada apocalíptica del mundo de mi voz narrando poesías como ésta, te atreviste a decir te amo, aquellas palabras hicieron eco en la intemperie, mi voz aún no logra pronunciar palabra cuando las recuerda.
Nos estrenabamos juntos en un mundo inhóspito creyendo que el amor era el único e irrefutable sinónimo de salvación. Fue maravilloso, sentirme niña jugando con tu desnudez, buscando las palabras aptas para decir te amo y creando de una infinidad de primeras veces aunque inevitablemente se hicieran turbias.
La primera separación, el primer orgasmo, las pequeñas lágrimas que apenas conocían el camino cuando se trata de amor, el primer todo o nada, la primera lucha contra el mundo hondeando una bandera con tu nombre. Me diste muchas primeras veces, aún no sé cómo se viven muchas cosas fuera de ti y aunque no me falta valor, aún no sé que debo hacer con mi primer adiós definitivo.
Hace un par de meses que te fuiste y sigo sin sentirme yo, me muevo por el mundo como quien busca sentarse bien en una silla patas arriba, me he convertido en alguien que responde “bien gracias a dios” seguido de un ¿cómo estás?, aún cuando creeo que Dios no existe o está de paseo y aún cuando he perdido la cuenta desde hace cuántos meses desconozco el significado de estar bien.










