Bajo el conjuro de las viejas mareas, donde el tiempo no es más que arena fina, se eleva el canto de la que gobiernas, la mítica y sagrada poesía del mar.
Eres la estrofa que el abismo esconde, el verso antiguo que la espuma traza, ningún navío sabe a dónde respondes, ninguna red tu misterio atenaza.
Tus ojos guardan la sal de los eones, el verde arcano de las profundidades, donde mueren los barcos y las razones, y nacen las eternas voluntades.
Mística ola de un océano eterno, deidad de plata vestida de olvido, en tu marea se diluye el invierno y renace el lenguaje que se había perdido.


















