Por sus actos los conocerás
Las personas se revelan verdaderamente a través de lo que hacen, no de lo que dicen...

blake kathryn

shark vs the universe
$LAYYYTER
One Nice Bug Per Day

Janaina Medeiros
Monterey Bay Aquarium
i don't do bad sauce passes
AnasAbdin
hello vonnie

Product Placement
wallacepolsom
Alisa U Zemlji Chuda
Keni
Not today Justin
art blog(derogatory)
Peter Solarz
KIROKAZE

Kaledo Art
Cosmic Funnies

Origami Around
seen from Greece
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Türkiye

seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia
seen from Russia
seen from United States

seen from United Kingdom
seen from United States

seen from United Kingdom

seen from Germany
seen from United States
seen from United Kingdom

seen from United States

seen from United States

seen from Spain
seen from United States
@s--sabrina
Por sus actos los conocerás
Las personas se revelan verdaderamente a través de lo que hacen, no de lo que dicen...

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Hay personas que regresan sin haber cambiado nada...
Volvió. Como siempre vuelven los que se fueron sin cerrar bien la puerta.
No con disculpas, no con el peso de lo que dejaron. Volvió ligero, como si el tiempo hubiera borrado lo suyo pero no lo mío. Como si mi recuperación fuera una invitación y no una victoria personal.
Y yo, que aprendí a ser educada incluso con quienes no lo merecen, le respondí. Error de cálculo suyo: confundió mi amabilidad con disponibilidad.
Empezaron las insinuaciones. "Eres la mujer de mi Vida", dijo. Él, que tiene una vida construida con otra persona. Él, que me dejó en pedazos y nunca se preguntó cómo me fui recomponiendo sola, sin que nadie me sostuviera.
Cuando no entré al juego, se ofendió. Como si yo le debiera algo. Como si mi existencia estuviera en pausa esperando que él decidiera volver a aparecer.
Y entonces hice lo más difícil y lo más necesario: le dije la verdad. Le nombré el daño. Le dije que me rompió, que cruzó mis límites, que costó reconstruirme.
Su respuesta fue: "Olvida esos pensamientos."
Y me quedé ahí , anclada en ese pensamiento todo el día y noche.
¿Olvida esos pensamientos?
Ahí estaba todo. Resumido en cuatro palabras. La evasión perfecta disfrazada de consejo. Porque reconocer el daño implicaría hacerse cargo, y hacerse cargo implicaría cambiar, y cambiar es demasiado para alguien que solo regresa cuando le conviene, para lo que le conviene.
No quería conversación. Quería borrón. Quería que yo fuera quien borrara para que él no tuviera que cargar nada.
Y en algún momento,de esa larga noche,lo entendí con una claridad que no duele, que simplemente "ES".
No hay nada que esperar de quien llama o trata de herida a tu memoria.
Así que no. No voy a olvidar. No porque esté atascada en el pasado, sino porque mi historia me pertenece y aprendí demasiado caro como para soltarla a pedido de alguien que no asume ni la mitad de lo que sembró.
Me recuperé sola. Rehíce mis límites sola. Me encontré sola.
Y de ese lugar, tranquila y sin portazos, simplemente ya no hay espacio para quien regresa,(o aparece de nuevas), a ocupar sin aportar nada.
Que le vaya bien. De verdad. Pero lejos.
Hay algo profundamente irresistible en un hombre que no necesita imponerse.
No levanta la voz, no compite, no invade. Y, sin embargo, está presente. Se nota. Se siente.
Es esa calma firme, casi silenciosa, de quien sabe perfectamente quién es y qué quiere… sin tener que demostrarlo.
La verdadera delicadeza no es fragilidad. Es control. Es elección.
Es la forma en la que te mira sin prisa, como si entendiera algo de ti antes de que lo digas.
Es cómo se acerca, midiendo el espacio, respetándolo… y aun así, haciéndolo suyo poco a poco.
Un hombre seguro no conquista desde la fuerza, sino desde la certeza.
Y en esa certeza hay algo peligrosamente atractivo:
no necesita convencerte, porque simplemente… te reconoce.
Y cuando una mujer se siente reconocida —de verdad—, algo en ella baja la guardia.
Se abre. Se acerca. Responde.
Porque la delicadeza, cuando nace de la seguridad, no solo se nota…
se desea!
La Vida susurra que nada es eterno,
que todo cambia, se transforma, se desvanece…
y sin embargo, aquí estoy,
rompiendo esa ley invisible,
sintiendo en tu piel un imposible:
un “para siempre”.
Porque hay instantes que no obedecen al tiempo,
miradas que se quedan a vivir en la memoria,
y cuerpos que, al rozarse,
inventan su propia eternidad.
Si todo es fugaz,
explícame por qué contigo
cada segundo pesa como infinito,
por qué tu presencia desarma al reloj,
y convierte lo efímero…
en algo que se siente eterno.
Quizá no exista el “para siempre”…
pero cuando te miro,
la Vida duda.
"Ella tuvo la valentía de no quedarse únicamente con la intriga, y vino a mí, sin importar los presagios, ni las malas intenciones de comentarios venenosos. Ella vino a mí, y vivimos la mejor de las historias."
Víctor de la Hoz

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Despierto antes que el mundo, pero no antes que Él.
No hace ruido. Nunca lo hace. Su presencia es como una marea: firme, inevitable, envolvente. Siento primero su calor, después su respiración cerca de mi cuello, y por último sus manos… esas manos que no dudan, que conocen el camino incluso cuando mis ojos siguen cerrados.
Hay algo en su manera de tocarme que no es solo deseo. Es certeza.
Fuerte, sí. Pero no de esa fuerza que arrasa, sino de la que sostiene. De la que decide sin prisa que este instante es suyo… y mío.
—Buenos días —susurra, aunque no necesita palabras.
Su voz me recorre como si también tocara. Y entonces me acerco, porque quiero, porque puedo… porque él sabe exactamente cómo hacer que querer y rendirse sean lo mismo.
No me toma.
Me reclama.
Y en ese gesto hay una mezcla peligrosa de ternura y dominio que me desarma. Sus dedos dibujan promesas sobre mi piel, su cuerpo se alinea con el mío como si siempre hubiera pertenecido ahí, como si despertarme fuera simplemente otra forma de encontrarme dentro de él.
El mundo afuera empieza a existir, pero aquí dentro todo se reduce a esto: su pulso firme, mi respiración entrecortada, y ese lenguaje silencioso en el que me dice que soy suya… no por imposición, sino porque, al amanecer, elijo serlo.
Cada vez.
Dime Qué eRes y te diré de Quién eRes
La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz cálida de una lámpara que parecía respirar al ritmo de mis nervios. Cada paso que daba sobre el suelo pulido resonaba más de lo que debería, como si el silencio mismo me observara.
Él ya estaba allí.
No hizo falta que dijera nada. Su presencia llenaba el espacio con una autoridad tranquila, casi peligrosa. No era fuerza lo que imponía, sino control. Y eso… eso era lo que me hacía temblar.
—Dime Qué eRes —dijo finalmente, con voz baja, firme, como si cada palabra tuviera peso propio.
Tragué saliva. Sabía la respuesta, la había sentido antes incluso de entenderla.
No era sumisión impuesta. Era elegida.
Bajé la mirada, no por obligación, sino porque quería que ese gesto hablara por mí.
—Soy tuya… —susurré, apenas audible, pero suficiente.
El silencio que siguió fue más intenso que cualquier contacto. Podía sentir su mirada recorriéndome, evaluando no mi cuerpo, sino mi entrega.
Se acercó despacio. No había prisa. Nunca la había.
Su mano se detuvo bajo mi barbilla, alzando mi rostro lo justo para obligarme a sostenerle la mirada. No había dureza, solo una firmeza que prometía límites claros… y también protección.
—Entonces escucha bien —murmuró—. Ser mía no significa perderte… significa que confías en mí para encontrarte.
El calor en mi pecho creció, mezclado con una calma inesperada. No era miedo. Era anticipación. Era saber que cada gesto, cada orden, cada silencio… tenía un propósito.
Y que yo quería descubrirlo.
Cerré los ojos un instante, dejando que esa certeza me envolviera.
Porque en ese espacio entre el control y la rendición… era donde realmente era yo.
Anoche soñé contigo… y todavía no sé si quiero olvidarlo o volver a dormirme para seguir donde lo dejamos.
Estábamos en un lugar que no sabría describirte del todo, algo entre lo prohibido y lo inevitable. Había una calma extraña, como si el mundo supiera que no debía interrumpirnos. Tú no decías nada, pero tu mirada… tenía esa forma de hablar que desarma más que cualquier palabra.
Recuerdo que me acerqué despacio, como si disfrutar de la distancia también fuera parte del juego. Y tú sonreíste… de esa manera tuya que promete problemas, pero de los que una no quiere escapar.
No hizo falta más...Todo empezó ahí, en ese instante suspendido, donde el tiempo decide rendirse.
No fue un sueño de prisas, sino de detalles. De manos que se buscan sin necesidad de encontrarse del todo. De silencios cargados de intención. De esa tensión dulce que no pide permiso, solo se instala… y se queda.
Y lo curioso es que, incluso dentro del sueño, sabía que estaba cruzando una línea. Pero no por debilidad… sino por esa tentación irresistible de compartir contigo algo que no tiene nombre, pero que se siente demasiado bien como para negarlo.
Desperté justo cuando todo se volvía más peligroso… o más interesante.
Y desde entonces no dejo de pensar si tú también, en algún rincón de la noche, estabas soñando lo mismo.
AmAr y no ser Amado
Hay una herida silenciosa en quien AmA… pero nunca se ha sentido amado.
Porque AmAr es abrir la puerta del alma sin garantías. Es ofrecer cuidado, presencia, ternura, incluso cuando nadie enseñó cómo se siente recibirlo. La persona que AmA sin haberse sentido amada vive en una paradoja profunda: entrega lo que no le dieron. Aprende el lenguaje del afecto como quien aprende un idioma sin haberlo escuchado en casa.
Y eso cansa.
Cansa sostener, comprender, abrazar… y al final del día sentir que el eco vuelve vacío. Cansa ser refugio sin tener refugio. Esa persona suele volverse fuerte, independiente, incluso luminosa para otros. Pero por dentro arrastra una pregunta antigua:
“¿Qué me falta para que alguien me Ame como yo AmO?”
No le falta nada.
A veces quien no se ha sentido amado no es porque no sea digno de AmOr, sino porque aprendió a elegir CoRaZones que solo saben recibir, no corresponder. O porque su AmOr es tan profundo que asusta a quienes aún no han sanado lo suficiente para sostenerlo.
AmAr sin sentirse amado puede doler como una lluvia constante. Pero también revela algo inmenso: esa persona posee una capacidad extraordinaria de sentir, de entregarse, de crear vínculo. Y eso no es debilidad, es poder. Solo necesita recordar que el AmOr no es sacrificio eterno ni prueba de resistencia. El AmOr también es reciprocidad, cuidado mutuo, descanso en otro pecho.
Quien sabe AmAr, incluso sin haber sido amado, lleva dentro una semilla poderosa.
Pero merece, sin dudas, experimentar lo que tanto ha ofrecido. Merece sentirse elegido, valorado, sostenido. Merece que alguien lo mire y diga:
“Ahora te toca a ti descansar. Yo también sé AmAr.”
Y cuando esa persona aprenda que su AmOr no debe mendigarse, sino compartirse con quien pueda devolverlo… dejará de doler tanto. Porque AmAr no es perderse, es encontrarse en otro que también te encuentra.
Ser su sumisa no es perderme.
Es sentirme a salvo.
Cuando me arrodillo, no desaparezco: me encuentro.
Porque sé que su mirada no pesa, sostiene. Que su dominio no invade, cuida.
Entregarle el control es un acto de fe; quedarme es una elección que hago una y otra vez.
Me cuida cuando me guía sin prisas.
Cuando su voz me ordena y, al mismo tiempo, me ancla.
Cuando sabe leer mis límites incluso antes de que yo los nombre.
En su poder hay atención.
En su firmeza, presencia.
Sé que puedo soltarme porque él no se suelta de mí.
Obedecer no me empequeñece: me libera.
Me permite descansar del ruido, de decidir, de sostenerlo todo sola. Bajo su mando, mi mente se aquieta y mi cuerpo aprende a escuchar de otra forma.
Y cuando todo termina —cuando la tensión se disuelve— es ahí donde más lo siento. El cuidado después. El gesto lento. La cercanía que no exige nada. En ese espacio silencioso donde no soy rol, ni juego, ni entrega… solo yo, acogida.
Ser sumisa no es caer al vacío.
Es caer sabiendo que alguien me espera.
Porque esto, para mí, no va de rendirse sin más:
va de entregarse a quien sabe cuidar lo que recibe.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
La pasión siempre es bella en una persona que desea y, si ese deseo nace de la sumisión, es aún más bella a los ojos de quién la conquista.
Sigfrido
Despertar a Su lado…
es despertar sabiendo que ya le pertenezco incluso antes de abrir los ojos.
Es sentir el peso de Su presencia sin tocarme,
la certeza de que mi cuerpo no decide, espera.
Despertar a Su lado es quedarme inmóvil,
obediente incluso en el pensamiento,
sabiendo que cuando Usted quiera,
mi tiempo, mi voz y mi deseo
se inclinarán sin resistencia.
Porque no necesito el sol cuando me guía Su autoridad.
No necesito prisa cuando mi lugar es bajo Su control.
Y no hay mayor placer que empezar el día
sabiendo que hoy también
soy Suya.
Vivimos en una época de escaparates permanentes.
No hace falta subirlo todo conscientemente: basta con estar. Estar en redes, estar en grupos, estar cerca de personas que comparten, que publican, que cuentan.
La privacidad, esa idea casi sagrada de otros tiempos, ya no depende solo de lo que uno decide mostrar, sino también de lo que otros muestran por nosotros.
Creemos que controlamos nuestra intimidad porque no publicamos ciertas cosas, porque cuidamos lo que decimos o lo que enseñamos. Pero la vida es relacional, y en esa red invisible de vínculos, conversaciones y recuerdos compartidos, nuestra historia se cuela en la de otros. Una foto ajena, una mención inocente, una anécdota contada sin mala intención… y de pronto, una parte de nosotros ya no nos pertenece del todo.
La exposición ya no es solo individual, es colectiva. Y quizás por eso inquieta más: porque incluso el silencio puede ser vulnerable.
Sin embargo, en medio de esa pérdida de control hay una paradoja interesante. Esta sobreexposición constante también nos empuja (a veces sin darnos opción) a vivir con mayor coherencia. Cuando todo puede saberse, cuando lo que ocultamos tiene más posibilidades de salir a la luz, la mentira pesa más y la máscara cansa antes. Ser incongruente se vuelve agotador. Fingir, arriesgado.
Tal vez por eso la honestidad empieza a ser no solo un valor moral, sino una forma de protección. Ir con la verdad, ser más fieles a lo que somos, aceptar nuestras contradicciones, se convierte en una manera de caminar más ligeros. No porque todo deba mostrarse, sino porque lo que se vive no necesita esconderse con tanto miedo.
No se trata de renunciar a la intimidad, sino de redefinirla. De entender que lo verdaderamente íntimo no es lo que nadie ve, sino lo que no necesita disfraz. En un mundo donde casi todo puede quedar expuesto, quizá la mayor libertad sea vivir de tal forma que, si algo sale a la luz, no nos obligue a huir de nosotros mismos.
No hay palabras. Solo el eco del respeto, la promesa silenciosa de obediencia, y el dulce calor del deseo contenido.
Antes de apagar la luz, cierro los ojos y sonrio, sabiendo que, incluso en sueños, sigo perteneciendo a Él.
Si tienes un sueño...ve a por el!
Ya no hay tiempo que perder.
No ocurre de golpe.
No hay una fecha exacta ni una señal clara.
Pero llega un momento en el que el tiempo deja de pasar “por ahí” y empieza a sentirse dentro.
Es esa edad en la que te das cuenta de que el tiempo,siempre finito, ya no es una idea lejana.
Se vuelve presente. Concreto. Y sí, a veces, incómodo.
Cuando entiendes que queda más menos que más. Y que muchas cosas, si no son ahora, probablemente no lo serán.
Ahí es cuando cambia la forma de mirar los sueños.
Ya no como algo que “algún día” harás, sino como algo que, o haces, o se quedará para siempre en intención.
Lo curioso es que, justo en ese punto, sucede algo bueno.
Empieza a importar menos lo que piensen los demás. No porque no exista el juicio, sino porque pierde peso. Porque ya no decide por ti.
Eso que antes te frenaba ,el qué dirán, el miedo a equivocarte, a no encajar, deja de ser un obstáculo.
Y casi sin darte cuenta, se convierte en motor.
No porque desaparezca el miedo, sino porque deja de mandar.
No es valentía épica.
Es lucidez!
Es entender que el tiempo no se recupera y que posponerse demasiado también es una forma de renuncia.
Por eso, si hay un sueño, una idea, una vida que quieres intentar…
no porque sea perfecta, sino porque es tuya, quizá este sea el momento de ir a por ella.
No porque no haya miedo.
Sino porque ya no hay excusas.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Mis manos aprendieron a AmAr en tu piel
como aprende el fuego a quedarse en la noche,
sin ruido, sin promesas,
solo verdad temblando en el tacto.
Aprendieron despacio,
leyendo tus silencios,
memorizando la forma exacta
en que el mundo se aquieta cuando suspiras.
Y aunque el tiempo cambie de nombre,
mis manos —necias, fieles—
seguirán creyendo
que el AmOr empieza
donde tu piel las recuerda.
Mis manos aprendieron en tu piel a AmaRme
Con el paso del tiempo, la vida te enseñará algo valioso: no todas las personas llegan para quedarse, pero algunas, las más especiales, llegan para revelarte una forma más honesta de existir.
Te encontrarás con almas con las que serás tan libre, que no necesitarás máscaras, ni verdades a medias, ni silencios incómodos. Con ellas, no habrá espacio para el juicio ni la pretensión. Simplemente, serás tú. Y eso bastará!
También descubrirás que hay personas a quienes podrás AmAr en su total autenticidad.
Les permitirás ser tan genuinamente como son, que nunca sentirán la necesidad de ocultarse o mentir. Porque sabrán que su verdad, sea cual sea, será bienvenida.
Estas conexiones son raras, pero cuando ocurren, se sienten como hogar. No por costumbre, sino por aceptación. Por esa paz que solo nace cuando dos personas se encuentran en el terreno más sagrado: el de la verdad compartida sin temor.
Y tú, ¿cuántas veces te has permitido ser realmente tú con alguien? ¿Cuántas veces has sido ese espacio seguro para otro?