“Me gustaría pensar de nuestro amor que nació muy débil a pesar de la encarnada obsesión que lo concibió, que pude ver el mundo a través de sus ojos y entender que en ese espacio limitado y pequeño de tiempo toda la vida era bella. Que lo protegí y cuidé del mal con lo que tuve, perdiendo un poco con tal de verlo caminar, reír, ir al parque, jugar y presumir.
Nuestro amor fue como un niño, brutalmente inocente, enternecido por lo que fuimos. Nuestro amor fueron los hijos que nos prometimos, una casa discreta en un lugar tranquilo donde florecía nuestro jardín y había una pandilla de gatos.
Creció. Se convirtió en un muchacho taciturno de ojos grises, misterioso, que ya no comparte su vida con los que alguna vez se esforzaron tanto en dársela. Como lo harían muchos psicólogos, culpo a los padres: te culpo de abandonar tu prole por ir en busca de otros mares, de dejarme a solas con un adolescente que me reclama iracundo tu ausencia, que me culpa de todos sus males y, como todos los adolescentes, es lo suficientemente cruel para hacerme llorar en las noches.
No es que haya mucho por hacer, devolver el tiempo siempre nos fue vedado y este muchacho es ahora un rebelde ¿Sin causa? una amalgama de rencor, de celos, un organismo que envenenado por la injusticia se vuelve su reencarnación.
Me gustaría pensar de nuestro amor que algún día crecerá, que se volverá un hombre paciente y más comprensivo con su madre. Que entenderá que, como él, no todos tuvimos familia, que su abandono se debe a cosas que no caben en las manos pero se escapan entre los dedos.
No sé si pueda volver a concebir, la indiferencia de mi familia marchita mi fertilidad. Me gustaría pensar de nuestro amor que es mi culpa portar la ingenuidad de que nada cambiaría, la inevitable resistencia que genera pensar en que algún día se marchará mi hijo para no volver, dejándonos desvanecer en la vejez y la muerte. ¿Qué puedo hacer para que perdone? Él no entiende a su padre, son cosas de adulto, ¿Cómo le digo que deje de lado la impotencia de saberse un niño no deseado? ¿Y si volviera? ¿Y si mañana en el portón aparece un padre arrepentido? ¿Cómo hago para que él entienda que la vida es más compleja que caminar, reír, ir al parque, jugar y presumir?
Ya no tengo clara la continuidad del tiempo y mis ojos no distinguen el niño, del adolescente, ni éste del hombre. No sé si estoy frente a su cuna o a una piscina de sangre en la bañera. Todo esto me hubiera gustado pensar de nuestro amor, si tan solo no me lo hubiera inventado yo.”
Fragmento