A veces suceden pequeñas grandes casualidades que sin previo aviso, por suerte o coincidencia, le dan un gran cambio a tu vida, sucesos que te hacen reír y sonreír, que te vuelven más valiente, que te curan, aunque no estés roto; otras veces pasa lo contrario, ocurren grandes pequeñas casualidades que te rompen, te hacen llorar, gritar y maldecir. También te hacen más fuerte en tu momento de debilidad, poco a poco, a pesar de estar roto vuelves a lanzarte en bomba a la piscina de la vida. Tarde o temprano nos terminamos acostumbrando a esas casualidades, las cuales son completamente aleatorias en la vida y eso mayormente asusta, haciéndonos inseguros ante todo, pero siempre termina llegando, por más que querramos evitarlas siempre tocan nuestra puerta para darnos lecciones que nos ayudarán más adelante; algunas las amamos, otras las odiamos, pero siempre vendrán casualidades en el momento que menos lo esperamos, quizá llegue un instante en el que necesitemos una tregua, sacar la bandera blanca y respirar un segundo, no sé si todos tenemos un destino o si solo estamos a la deriva tal vez sea un poco de todo, solo sé que si existen las casualidades éstas dejan grandes cicatrices que marcan el antes y el después de una batalla, una guerra que no termina, pero de la que por fortuna saliste con vida.
Y entonces, continuas. Con heridas, con cicatrices y con lo que menos esperabas tener, pero continuas. Aprendes a vivir así sin importar lo que digan los demás, aprendes a vivir así aunque a veces duela, aprendes a vivir así aunque ya no tengas ganas de seguir y entonces te das cuenta que esas casualidades, a su manera, te han vuelto fuerte. Fuerte, pero no insensible (aunque quisieras serlo), recuerdas que sigues siendo humano, ahora sabes que está bien sentir, llorar, explotar; romperte. Te vuelves a armar después, vuelves a reír, lo intentas. Una, y otra y otra vez. La vida no se detiene. El dolor es la base de nuestra vida, nadie puede escapar de él; lo que sí resulta complicado es encontrar amor, pero del verdadero, ese que te hace sentir pleno, vivo, con fuerza, ese que perdura y vence las adversidades; con el paso del tiempo entendemos que no podemos sufrir por siempre. Porque en ocasiones es mejor ir, perder las esperanzas y seguir. Las heridas sanan, los recuerdos se quedan en el corazón, aún que si un recuerdo logra dañar al corazón es hora de despedirse y quedarte con lo bueno, aún que queramos o no siempre habrá un rasguño en nuestro corazón, el amar no se trata de sufrir el amar se debe disfrutar, al amor no le tengo miedo, a quien amar es mi miedo.