La experiencia de ver a Trueno en Londres fue tan hermosa que no sé si le voy a hacer justicia escribiéndola.
Trueno tocó en Scala, un lugar que cuando yo estaba en Buenos Aires y le contaba a la gente que lo iba a ir a ver, lo comparaba con Niceto, por el tamaño y el tipo de vibra. Creo que no me equivoqué.
Llegué y vi que la fila casi llegaba a la vuelta de la cuadra, y me sorprendió. Sabía que Trueno convocaba, pero al ser Londres y no Buenos Aires, no me imaginaba semejante despliegue.
Lo equivocada que estaba.
Atrás mío en la fila había una chica a la que le pregunté si estábamos en la fila correcta, y lo hice en español, porque le vi cara de latina, como yo. Era mitad cierto: había nacido en España, de padres ecuatorianos. Pegamos onda en seguida, y vivimos todo el recital juntas.
Adelante nuestro, un grupo de rusos que cada dos por tres cantaban Dance Crip a los gritos. Un poco más atrás, un grupito de ingleses, entre los cuales había una chica que tenía puesta la camiseta más nueva de la selección argentina, con las tres estrellas.
Estaba lleno de camisetas de Boca por todos lados, incluída la mía.
Con su último álbum, Trueno le hizo un homenaje al hip hop. La puesta en escena de su recital empieza con una radio que reproduce temas icónicos del género, como una forma de decir "gracias" antes de que empiece su set, claramente inspirado por ese legado.
Hablar de Trueno me emociona. Creo que por eso también me cuesta relatar la experiencia... es porque tengo los ojos nublados del aprecio que le tengo. Tiene 22 años, es obviamente argentino y maneja un concepto establecido de lo que quiere hacer con su arte que a alguien de otra generación como yo, le hace sentir que el futuro de la música de nuestro país está en buenas manos. No es sólo la música en sí, es el sentimiento detrás, el mensaje. Trueno dedica temas muy bailables a las influencias que les permiten existir, pero también y sin tapujos canta temas sobre Latinoamérica como unidad, y sobre Argentina como hogar eterno.
Me emocioné hasta las lágrimas escuchandolo cantar, en Tierra Zanta, "Si los de afuera preguntan cómo me llamo, mi nombre es Latino y mi apellido Americano", y en Argentina, "Las islas me cantan tango, siempre fueron y son nuestras" con el puño en alto porque lo canta en nada más y nada menos que en Londres.
Siempre intenté resistir la idea de que todo tiempo pasado fue mejor y que la generación actual no tiene idea de nada y hace todo mal. Sobre todo en la música. Artistas como Trueno se aseguran de borrar esa noción por completo: hay futuro y se lo ve más inspirador y diverso que nunca. Y lo más hermoso es que es cierto no sólo por Trueno, sino por muchos de sus contemporáneos y compatriotas que están tejiendo con música argentina un futuro que tiene cosas para decir, gritar, cantar, rapear, todo con el puño alzado y la hermandad que les otorga haber nacido en el mismo país.