Flaked: “El mínimo necesario para estar de pie”
Juan Pablo Duarte
jpduart
Flaked (Netflix: 2016), Venice, Pierre Rey, gentrificación, música indie, grupos de autoayuda y algunos modos mínimos de mantenerse en pie en la costa oeste de Estados Unidos. ¿Flaked es una incursión de Netflix en la comedia o es un drama? Flaked no es, solo parece. Si hay un pasado en sus personajes o en el pequeño barrio de Los Ángeles que la serie pone en escena, es uno que borra sus rastros.
Publicado el martes 4 de octubre de 2016 en Diario Alfil (Córdoba- Argentina). Versión original disponible en Alfil
“…me busqué la vida cual hueso en el cementerio”
Wilco – One Sunday Morning
Un local de alcohólicos anónimos es el principal punto de reunión. Hacia el oeste de Lincoln Boulevard, los personajes de Flaked gastan sus horas en uno de los más valiosos cotos inmobiliarios de Venice, un distrito de Los Ángeles en proceso de gentrificación donde mansiones y hoteles de lujo no terminan de dominar el paisaje urbano. En cada reunión, los ex alcohólicos hablan acerca de algo que ya no son, que nunca fueron o que no quisieran ser. Como los vinos de guarda, las historias de auto-superación aumentan de valor con los años. En el tiempo que separa a cada quien de sus demonios se destila un pasado que conmueve, emociona y engancha a los paladares más exigentes. Pero estas historias son como algunos guiones de Hollywood, duran hasta el próximo estreno.
Mientras las casetas multicolores de madera gastada, el vagabundeo y los crónicos insolventes son desplazados del Venice de “la buena vibra” por el desarrollo inmobiliario, una comunidad más improbable cada vez se auto-desarrolla. “Mantenerse limpios” es el tópico recurrente, una forma mínima de la virtud y algo en común, una última posibilidad de comunidad. Los hoteles y restaurants de moda, cuyas lindas fachadas recuerdan la bohemia y la contracultura de esas calles cada vez menos peligrosas, son un reflejo de estos hombres conjurados contra lo que los contamina. Como ellos, la ciudad también se rehabilita.
Esta mirada apagada de Venice está lejos de la pornotopía soft de Californication. Aunque ambas apelan a la misma ciudad y a la comedia, la figura politoxicómana e hiper-sexual de Hank Moody deja lugar en Flaked a Chip, el gurú recobrado de un pasado truculento. A diferencia de Hank —que acorta distancia con el escritor que hay en él con whisky, chicas y aventuras— Chip es una pizarra mágica en la que cualquier historia puede encontrar su lugar y desaparecer un instante después.
En la Venice real —si cabe el término— sobre Abbot Kinney Boulevard, se encuentra de The stronghold. El local de una de las primeras marcas de blue jeans de Los Ángeles es la locación deTry, la tienda de bancos que en realidad aloja “la clínica” en la que Chip sponsorea algunos escogidos. Las camisas con agujeros de bala, botas de trabajo, camperas leñadoras y sombreros de cowboy que llenan los escaparates de The stronghold tienen algo en común con las historias de arrepentimiento y superación personal que se encuentran en Try. Al igual que los empresarios cool, divos del rock y estrellas de cine que se recrean en una versión cinematográfica del salvaje oeste americano, las chicas bronceadas, ex alcohólicos o inadaptados a la deriva de Flaked consumen en Try la versión aséptica de otro pasado, el de Chip.
Try es una enorme vidriera con un trío de bancos de tres patas, un diseño que revela la esencia de su autor:
“Yo hago bancos. […] me costó mucho trabajo llegar hasta aquí. Pero lo hice. Lo simplifiqué hasta la esencia… en la vida, supongo. De eso se trata un banco. Tres patas. El mínimo necesario para estar de pie. Cualquier otra cosa… solo sería superflua.”
El planteo es elocuente y explica como Chip se hizo al modo del lugar que habita. “Ojalá mi nombre fuese un lugar” suelta en una conversación con Dennis, un sommelier abstemio y fiel escudero. Convertirse en Venice, un lugar en que el pasado es un almacén de imágenes dispersas desde el cual renovarse, es el arte con el que Chip deslumbra a sus seguidores y enamoradas.
Todos en Flaked se montan como el escaparate de una tienda vacía a la espera de la próxima mirada. No hay que vérselas con el pasado, basta con adaptarlo al público. Nada que ocultar ni resolver, solo vacío. Aunque se presente como una comedia, este elemento hace de la narración un drama. Porque como Venice y sus criaturas, Flaked tampoco es lo que muestra y haber asumido esta apuesta en todos los niveles es uno los riesgos que quizá le garanticen su fracaso. ¿Cómo mostrar lo que no acontece? Californication elige las prótesis. Pero la opulencia, el consumismo y los enredos sexuales son suplementos. En su frivolidad, las criaturas de Flaked muestran la bestia de la costa oeste de los Estados Unidos: nada es, el pasado sirve de adorno al presente. Ni Rolling Stones, ni Dylan, aquí se escucha indie, porque un mundo así tiene algo de horrible y alguien tiene que cantarle.
Antes de comenzar su análisis con Jacques Lacan, Pierre Rey pasó un tiempo en esas playas. Varias décadas separan la Venice de su relato de las imágenes de Flaked. Sin embargo, en la primera página, aparece este lugar donde el tiempo no deja marcas. En ese paralelo erizado de palmeras entre arena y espuma de mar, el playboy, el reconocido cronista de la famosa revista parisina, se encontró vacío, muerto, sin poder reconocerse en ese extraño que era él. Chip es la versión televisiva de ese extraño, y a diferencia de Pierre, él continúa buscándose la vida como el hueso que justifica al cementerio