“No debí, no debí no debí, no debí...” Esas dos palabras habían estado dando vueltas en su cabeza como un disco de vinilo y eran seguidas de inmediato por el recuerdo de la gala de año nuevo. Se suponía que la falta de sobriedad le ayudaría a no tener memoria de lo que había hecho, pero su consciencia insistía en fallarle, presentando el rostro del rubio en su cabeza como una diapositiva que nadie era capaz de cambiar. Y ahora se encontraba allí, a unos pasos de Jakob, con la mirada pegada a él y sin escapatoria. Dejó salir un suspiro sigiloso, mientras sujetaba los tirantes de su mochila, como si aquello fuese a darle más valor. Se acercó a él y lo único que dijo fue: “¿Tienes un momento? Quiero que me acompañes.” El tono hostil no existía, tampoco la mirada asesina, era más bien el tinte vulnerable quien protagonizaba sus palabras. ( @jakobgulb )

















