Nostalgia, salvación e iluminación
Bienvenido al camino de la insidiosa iluminación
Escucho la voz del alcohol que me dice que si alguna vez he sentido el estallido de una bomba, que si alguna vez he escuchado los gritos de personas ser desmembradas, y que si alguna vez he llorado cuando alrededor hay una guerra. Pero no le entiendo con claridad, y él me dice, desde la lata, que ya he sido cegado por un arcoíris.
Y sí, y ese arcoíris me invita, con sus delicadas manos a ser parte de él. Las chicas me ven poseídas con una lujuria que jamas he visto en mi vida. Es la mirada que seduce a ángeles a pecar, y a los pecadores a condenarse por la eternidad. Entonces dejo la cerveza en el sillón y me fusiono con el arcoíris.
Sigo escuchando la voz del alcohol que me dice que sí le temo a la noche, que si me arrodillo ante la cruz. Y lo hago, las dos mujeres forman una; una mujer sobre la otra con las piernas abiertas y los labios de en medio de las piernas pegados a los labios del rostro de la otra.
Y le digo al alcohol:
Sí, me arrodillo ante la cruz.
Estoy cegado por un arcoíris, y mi conciencia no esta limpia mientras estoy mojado en tres sudores diferentes, y por fin veo la luz entre esos muslos. ¿Entro al paraíso? Lo dudo. Sigo pensando en ella a pesar de que me he fundido con esa gama libidinosa de colores y sabores. A pesar de palpar ya una salvación y ser un creyente (espurio), y cargar el perfume de la lasciva en mi piel de dos mujeres entregadas al mismo tiempo... ¡Maldita sea! Sigo pensando en una a pesar de unirme con dos. Pero debo de admitir que ya no pienso en ella de la misma manera. Y me duele, pero a la vez me agrada.
Salgo del cuarto. Me siento ligero. Renovado. Vaciado.
Meto la mano en el bolsillo de la chamarra de piel, pido un encendedor, prendo por fin el cigarro de yerba, le doy una fumada. Todo se siente diferente. Ella se siente diferente en mi cabeza (¿ya no la siento?). Escucho un coro angelical. Le doy otra fumada al cigarrillo de yerba. Ella se quema a dentro, disfruto quemándola.
La gente en la azotea de repente desaparece. Estoy rodeado de ellos, sí, pero su presencia no me afecta ni amontona la mía. Es como si fuera un espíritu. Continuo fumando. Continuo quemándola. Camino hacia la cornisa con el perfume de las damas emanado de mi piel creando un aura nueva.
Sigo caminando hacia la cornisa con el cigarrillo de yerba en mi boca. Siento que he recuperado algo perdido que jamás tuve. Sigo caminando hacia la cornisa. Es tiempo. Veo el final de la azotea. No me detengo. Ese coro angelical me canta. Me llama. Me atrae. Quiere que continúe.
Llego al final de la cornisa, se ha terminado, no hay más que vacío abajo. Despido el humo hacia las estrellas. He llegado a mi destino. Es hora de terminar. Veo sentado en la cornisa, a un empujo de distancia del duro piso, al chico gordo que ha llorado hace rato por no ser escogido por lo salvadora. Él me mira, yo sonrío, y saco la bolsa de yerba del bolsillo de la chamarra y se la doy.
Le digo:
Bienvenido al camino de la sinuosa iluminación. Estás apenas en la linea de partida. Así que recuerda estas palabras: no siempre puedes obtener lo que quieres, pero si te esfuerzas un poco obtendrás lo que necesitas.
- Mar de letras.













