Sé que crees que cambie, pero yo nunca fui la princesa del cuento, fui siempre la mala, pero por vos intenté ser la buena, caí bajo tu encanto, pero ya no.
¡No estoy más bajo tu hechizo!
Odias los cuentos, porque todos tienen final y porque siempre está el bueno y el malo, y cuando cambié, les contaste a todos que la bruja soy yo.
No reniego de ese papel, lo acepte en silencio pero me hubiera gustado que me digas a los ojos, que cuándo intentaba hacerte reír aún estando rota, la bruja del cuento era yo.
Cariño, soy la bruja que murió en la hoguera por haberme enamorado de una mortal, pero te dije siempre que yo no sé bailar bajo la lluvia, te invite a arder conmigo. Pero sólo te negaste y al final, soy cenizas. Cenizas de una muerte anunciada, el amor que por ti sentí estaba sentenciado a morir aquel día.
La gente hablaba de nosotras, de mi, la gente me señala, me apuntan con el dedo y me juzgan, es un infierno ser la mala de tu cuento, ya que siempre, pensé en ti primero, antes que en mi.
Entendí que tú no quisiste jamás arder conmigo, que tus ojos aún le pertenecen a la princesa del otro pueblo.
Yo me enamoré del verdugo, él siempre supo hacerme perder la cabeza.
Ya no bailo en la hoguera, ahora bailo desde el infierno, a veces subo cielo para verte brillar y me castigo por someterme a ver que sos feliz sin mi.
Ahora le sonrío sólo a él.
Pero antes de que haya empezado todo, le confesé que yo, soy la bruja de los cuentos de hadas.