su vida había dado un cambio drástico desde que ella y jasper cortaron todo tipo de contacto. las primeras semanas se encerró en su casa, llorando y pensando en todas las cosas que sucedieron entre ellos. no obstante, theodore no la dejó hundirse en una terrible depresión. él no sabía lo que realmente le pasaba a ella, cleo le dijo que era algo de su madre, un secreto que había descubierto para así no preocuparle o darle sospechas. logró salir de esa etapa tan oscura. si jasper podía seguir con su vida como si nada, ella también. la morena nunca se atrevió a preguntarle a theodore sobre él, si el policía mencionaba algo por casualidad, ella hacía preguntas inocentes. además, su nombre dejó de ser mencionado cuando se cambió de comisaría. haciéndole la vida más fácil, permitiéndose a sí misma a relajarse y respirar con cierta tranquilidad.
el tiempo y la distancia curan cualquier tipo de herida emocional o eso se dijo a sí misma para convencerse. su relación con theo continuó y de hecho, dos meses después de su ruptura con jasper. cleo tomó la enorme decisión de vender la casa de su padre e irse a vivir con el policía. comenzando una nueva etapa de su relación. conviviendo con el hombre le hacía sentir feliz. nunca se sentía sola, cenaban juntos todas las noches e iban de salida los fin de semanas. era su primera vez experimentando una relación seria y sana. le gustaba. aunque una parte de ella siempre añoraría lo que perdió.
se llevó la sorpresa de la vida cuando una noche cualquiera hace tres meses, theodore la llevó a cenar a un hermoso restaurante en la ciudad y se puso de rodilla, proponiéndole matrimonio. el miedo la asfixió momentáneamente, no obstante, dijo que sí. le quería y aprendería a amarle con el tiempo. no dejaría que la oportunidad le pasara por el lado sin tomar acción. ella merecía ser feliz y el hombre podía ofrecerle la mayor parte de las cosas que soñó cuando era niña.
parecía una mañana de tormenta. se había despertado temprano para preparar un buen desayuno para ambos, y tras ello, su prometido se despidió con un abrazo y un beso. cleo el acompañó hasta la puerta y le deseó un buen día, observando cómo subía a su auto desde la ventana. cayó en el rol de ama de casa, regresando a la cocina para colocar los platos en el fregadero y agarrar su segunda taza de café. suspiró, haciendo camino hasta el sofá y encendiendo la televisión. quería despejarse por unos segundos, disfrutar de esa mañana lluviosa. su pequeño perro, grim, decidió acompañarle, sin embargo, en unos segundos salió disparado hacia la puerta cuando alguien tocó la puerta.
“basta de ladrar.” le dijo al corgi, una vez se acercó a la puerta. pensó que era theo, la mayor parte del tiempo dejaba algo en la casa y debía regresar por ello. “no me digas que dejaste tu…” no terminó la frase, pues el rostro que se encontraba detrás de la puerta no era el de su prometido, sino del fantasma de su pasado. su cuerpo tembló y sostuvo la taza con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancuzcos. “tú.” pronunció de manera inconsciente. grim comenzó a ladrar de nuevo, sacándola del trance. “¡grim, basta!” exclamó exasperada, ordenándole que se fuera hasta la cocina y el canino obedeció. “¿qué haces aquí?” la confusión estaba plasmada en su semblante. no sabía ni cómo sentirse en esos momentos.
cayó en cuenta de que estaba empapado, “por favor, pasa. te vas a enfermar.” pronunció sin pensar bien las cosas. una vez jasper entró en su hogar, cerró la puerta y contuvo la respiración por dos segundos, intentando componerse. “¿quieres una taza de café? te puedo dar una toalla para que te seques.”
Había pensado en cada palabra que le diría. Tenía una idea estructurada en su cabeza y fantaseaba con la reacción de ella. En un universo alternativo, la fémina se lanzaba a sus brazos y le decía que lo había extrañado. Que lo necesitaba. En otro, la fémina lo miraba con desprecio y cerraba la puerta en sus narices. Lo había olvidado tal y como él pidió. Sin embargo, toda idea o alternativa que se hubo planteado hasta ese momento, se esfumó de su cabeza una vez que la vio. Tan hermosa, tan ella. En sus sueños se había presentado, etérea y distante, sus recuerdos no le hacían justicia.
El ladrido del perro rompió su ensoñación con ella, bajando la mirada hasta ese. Era normal, era leal a su dueño y él era un intruso cuyas intenciones no eran para nada puras. “Yo.” Dejó salir de sus labios apenas en un murmullo, su corazón latía acelerado dentro de su pecho y tuvo que llevarse las manos dentro de los bolsillos de sus húmedos jeans en parte por frío pero más importante, para contener su impulso de tocarla. Abrió los labios para contestar a su pregunta, pero ni siquiera sabía cómo contestarle. No era una respuesta sencilla.
“Gracias.” Se limitó a decir, bajando la mirada hacia él. En efecto, estaba empapado gracias a la lluvia, ¿cómo no lo sintió antes? “Ah, sí. Gracias.” Carraspeó la garganta, sacudiéndose un poco antes de entrar y secando sus zapatos en la entrada. “Una taza de café está bien, eres... eres muy amable.” Continuó y siguió a la fémina por el interior de su hogar, demorando en ella la vista y en su cuerpo antes de obligarse a desviar la mirada incómodo por sus propios pensamientos. Se detuvo a mitad del pasillo, demorándose entonces en las características propias de su hogar, en lo... familiar en ello. “Tienen una linda casa... Muy acogedora.” Comenta por mera cortesía pero no miente, el hombre le daba el lugar que se merecía pero no por ello era perfecto. Le llamaba la atención los trastos en la cocina, había preparado el desayuno y seguramente, antes de que él llegara iba a ponerse a ello: como una ama de casa. No, ella se merecía ser tratada como una reina y apoyarla a explotar su potencial. Chasqueó la lengua en desaprobación y entonces buscó su mirada. “Supe que te casaste, felicidades.” Comenta, quizá un tanto sugerente en sarcasmo que sincero, no puede evitarlo pero ahora que ha recorrido con la mirada el lugar, ¿no debería haber un retrato de su boda? Y en su siniestra no había ningún anillo adornando su mano.