Las cosas han cambiado por aquí
Tengo buenas noticias: las cosas han cambiado.
Un día todas tus heridas sanaron por pura decisión. Exacto, pura decisión.
Llegará un día en que te levantarás y abrirás la ventana. Verás que ha pasado un huracán y que tienes el patio hecho un desastre: la puerta de la valla descolgada, la palmera volcada y las bragas de la vecina ahí tiradas al lado.
Aun así, pensarás “hace un día precioso”.
Y es precioso porque tú lo ves así, porque ha tenido que pasar una tormenta para que te des cuenta.
No, ni siquiera necesitabas un buen motivo para hacer de ese un día inmenso; solo decidirlo.
Hace tiempo que te propusiste soltar toda la carga que arrastrabas desde niño: las palizas, los desprecios, querer hacer las cosas como los demás esperan...
Poner fin a las constantes comparaciones con un mundo que funciona a un ritmo distinto, que abre bucles en tu cabeza monotrópica para que luego los proceses sin saber muy bien cómo.
Implosiones así, como las de tu cabeza, han originado galaxias y nuevas formas de vida, como el puto big-bang.
Porque tras la implosión empezó tu movimiento de expansión.
¿Recuerdas que te propusiste vivir con ligereza y disfrutar cada instante? ¿Explotar todo ese potencial contenido en una olla exprés, como en la que tu madre te hacía el puchero?
Pues las cosas han cambiado.
Desde el día en que tu deseo de movimiento superó al de querer seguir escondido.
Y desde entonces, la transformación ha sido INEVITABLE.















