Uno, que arrastra con la pobreza incrustada desde que es un feto, se aterra cuando va a un restaurante caro, se monta en un carro de lujo o conoce el mar. A uno lo criaron así, con la escasez palpitando en la vajilla de la casa. Comiendo pollito a la brasa cuando llegaba fin de mes y alquilando una película cada 15 días para verla en el VHS de papá. Se aprendió a vivir sin nada. Cuando el hambre arrecia, la supervivencia quema. Nunca, siendo pobre, se está en confort. Jamás la vida te lleva por las aguas mansas. No sabes de la tranquilidad económica. Revientas, tapas huecos, prestas aquí, pagas allá. Uno, que se acostó con un café con pan, no se asusta cuando el almuerzo es arroz con huevo. No, uno no anda pensando en tomarle foto al plato. Nada de eso. La prioridad es la comida y la dormida. "El techo y el arroz", como dicen por ahí. Entonces, si uno es así, creció y se formó así, ¿por qué va a tener miedo del generador de miseria, del político? No, el miedo es por otra parte, el miedo es perderlo todo, el miedo es perder para siempre a eso que tanto amas. La revolución no se hace con hambre, lo sé. Pero evitar que otro pase hambre sí te hace un revolucionario.
By: Omar un amigo.
















