Bueno, no importa. —se encogió de hombros, guardando su celular en el bolsillo— Si, da igual. No quiero jugar más, ya me estaba volviendo loca. —explicó, rodando los ojos para restarle importancia.
Rió un poco, alzando los hombros.— Esos juegos siempre tienen esa capacidad, y son demasiado adictivos. —comentó. Lo sabía por experiencia.— ¿No tienes ensayo ni nada ahora mismo? —preguntó sin maldad, sólo por pura curiosidad y por hablar de algo.













