Neymar y yo somos (a veces) la misma persona
Tengo una playlist que se llama 'Canciones que seguro le maman a Neymar', porque a veces siento que somos la misma persona. Tan presionados al éxito y saboteándonos perpetuamente al fracaso. Al igual que él, en mi vida hubo una época donde yo sentía que era una joven promesa. La prematura estrella del Barcelona, el diamante sin pulir del PSG y el goleador histórico, incluso superando el récord de Pelé, con la selección de las cinco estrellas. Yo era. Era la chica de la cual todos querían su número al terminar la noche; fui la fuente de conocimiento, el referente, la maestra, la que hacía todo mejor que los demás en el trabajo. Un ejemplo a seguir. Era graciosa, inteligente y bonita. Pero al que Ney me lesionó.
En algún momento, en una jugada rápida, en los últimos minutos del partido no pude meter el gol. Me condene.
Viví los excesos, el placer que las cosas banales pueden dar, el amor en caricias falsas, la risa de amistades hipócritas; fui soberbia y engreída al punto que una vez le dije a un hombre: "Soy delgada, bonita e inteligente, ¿cómo tú podrías gustarme a mí?". Tiré la piedra y escondí la mano, critiqué sin ponerme en los zapatos de los demás. Me salí del camino, comencé a renunciar al potencial que tenía, me fui a jugar en clubes menores por no esperar mi turno en el Barça. Pese a conquistar la Copa Confederaciones y los Juegos Olímpicos, no pude llevar la Copa del Mundo a casa. Me pregunto si a Neymar también le duele cuando le dicen que lo quieren, ¿sentirá al igual que yo que lo engañan? ¿Sentirá que es solo un objeto? ¿Se preguntará si solo es un deseo carnal para después ser tirado como un juguete viejo?
Me identifico con Neymar porque alguna vez fui todo aquello que podría haber sido, pero no fui. Estaba tan adelantada a la curva que la curva se convirtió en esfera. La plena conciencia del potencial desperdiciado y atrapado en mi jaula mental.
Quizás Neymar dejó de encontrar sentido en el joga bonito, y comenzó a preguntarse si todo por lo que luchaba tenía sentido. O quizás del otro lado de la simulación, en otra vida, el príncipe que nunca quiso ser rey y yo, la chica que nunca ha podido confiar, nos recuperemos de esa fractura que nos dejó en la banca para siempre y anotemos el gol de la victoria.











