Angel Eyes || Samcedes
Mercedes ya no podía generar ni una palabra más, todo sonido que salía de su boca eran gemidos, el rubio no dejaba de entrar y salir de ella, cada vez más fuerte. Pero tan pronto sintió a Sam morderle el cuello un grito de placer salió de sus labios, quizás demasiado fuerte, pero poco le importo estaba segura que sus vecinos ya los habían escuchado y unos gritos mas no importarían demasiado. “Sam…” gimió al sentirlo más cerca, si eso fuera posible, sintiendo sus dedos y las marcas que estaba dejando en su cuello, si antes le molestaba esconderlas, ahora quizás era tiempo de dejar de hacerlo, no es como si todos en la oficina sospecharan que no existía algo entre los dos. “Si…” fue lo único que pudo decir a su pregunta, pues el orgasmo no tardó en llegar, llevándola de nuevo al cielo donde solo los dos existían, de igual manera Mercedes estaba dispuesta a aceptar a Sam en todas las maneras posibles. “Sam… te amo” dijo entrecortadamente, sintiéndose extraña de que lo dijera, definitivamente sonaría como un cliché; apenas se estaba tratando de recuperar y sin embargo era todo en lo que pensaba, en el inmenso amor que sentía por él, y no era porque la había hecho llegar, en realidad el sexo no tenía nada que ver, era porque lo sentía, y Sam lo sabía él sabía lo mucho que lo amaba. “Te amo.” Dijo una vez más esta vez besando sus labios.
“Angelito.” Gimió, una última vez, antes de sentir cómo ella llegaba y sus paredes le apretaban, haciendo que él también volase a su lado. Señor... ella era para él. Dios, le había regalado aquel ángel que le mataba y revivía con sus sonrisas. Después de tanto dolor, después de tanto creer que nunca tendría la suerte de poder ser algo más que un amigo para ella, él la tenía por completo entre sus brazos. Diciéndole te amo, demostrándole lo que sentía por él en cada una de sus caricias. Sam todavía no podía creérselo.
El chico se había retirado ya de encima y ahora la atraía hacia sí para sentirla junto a él. Su ángel. Su vida. La chica que le había enseñado lo que era amar. Aun construyendo mil barreras para que él no llegase a su corazón.
“Te amo” La oyó decir. Y sus labios no pudieron evitar formar una sonrisa Mientras sus manos acariciaban su rostro y hacían que ella le mirase a los ojos. Ella le había besado y él no podía dejar de mirar aquella sonrisa. “Te amo.” Respondió, acariciando sus pequeñas orejas y sus mejillas. “Te amo” Dijo de nuevo, dándole un beso él también. “No sabes cuánto tiempo deseé oírtelo decir. Merce... No sabes cuánto...” O quizás si lo supiese, pero él ya no sabía cómo expresar el inmenso amor que le tenía. Las palabras se quedaban cortas y las acciones no eran suficientes. “Voy a hacerte feliz, Merce. Prometo que siempre trataré de hacerte feliz. Mi ángel. Mi luz.” Susurró, atrayéndola hacia él para unir sus frentes. No quería asustarla. No quería que ella volviese a construir aquellas barreras en su corazón, pero no podía evitar mirarla como si temiese perderla. Como si en tan solo un segundo, todo aquello que habían vivido se convirtiese en un sueño y ella desapareciese de su lado.










